El Sol oculto, la Luna espléndida, el Mar en calma y a lo lejos las últimas luces prohibidas que se apagan....
Sus manos en mi cintura, apretando, aprisionando los deseos, el calor, las miradas tibias envueltas en besos. Su mano, fuerte, decidida, ardiendo, impaciente por recorrer todos los recónditos lugares de mi cuerpo. Su voz templada, suave, acariciando en olas mis oidos, regalando calma, quietud, sensaciones advertidas de penetrante olor sexual por todos los poros de mi piel.
Nos tumbamos, lentamente, explorándonos, ya acostados en cama de sábanas suaves, claras, tal vez familiares nos fuimos desnudando el cuerpo, la mente, ahogamos las sonrisas con más besos, mi lengua recorriendo los pelos de su pecho, su cuello, mordisqueando su oreja, con susurros de palabras encendidas, calor, sudor, gotas de olor ya a sexo desbocado. El mirando, viéndome cómo terminaba de desnudar mi cuerpo, mis pezones rozándole, mis nalgas apretadas, mis manos firmes lentamente deslizándose por el estómago hacia abajo, más abajo, cada vez más abajo, hasta llegar a tocar...mi boca dispuesta, abierta, cálida, acercándose generosa de caricias, besando su miembro, tieso, erguido, desafiante, mis labios cubriéndolo, mi lengua juguetona, poniéndose tiesa aguijoneando la punta de su polla, soltándose en lametones de círculos ensalivados, mezclándose con los jugos de su pasión...en ritmos acompasados, en contracciones de palabras ahogadas, interiores de satisfación.
Y de repente me cogió, me tumbó sobre mi espalda, se colocó encima de mi y así de frente, uno sobre el otro, sin dejar de besarnos, apretando nuestros cuerpos cada vez más, fundidos en lunas de placer, abrió mis piernas suavemente y sujetándome una por el tobillo la elevó sobre su hombro, tocándome el sexo y acariciando con sus dedos mi vulva rebosante y húmeda, me pidió que me tocara, que me acariciara, que me mimara mientras sus ojos encendidos observaban; preparada ya para sus acometidas enfundó su dardo y lo orientó, siendo certero, me penetró lentamente hasta el fondo y cuando pensé que ya no había más fondo... me la hincó aún más.
Yo gemí, echando la cabeza hacia atrás, mi pelo suelto, los rizos adornando sus sábanas, ondulé mi cuerpo por la cintura, sintiendo su miembro duro en lo más profundo de mi ser, notando su verga ardiendo dentro de mi, mis manos palpándola a través de mi piel, entrando y saliendo, volviendo a entrar, finalmente me empaló con tal fuerza y arrebato que apenas pude darme cuenta de la respuesta de mi cuerpo... que agitado en suspiros se deshizo en jugos calientes que resbalaron, lubrificando el momento en que apretando con sus manos mis pechos, solté un grito agudo que nació en mi garganta y se ahogó en mi boca, mientras sentía su líquido espeso, suave, caliente, cubrirme por dentro estallando en mil colores.
Sudor, calor, sábanas ardientes, arrugadas, con posturas no probadas, sexo íntimo de habitación oscura, clandestina, excitación y remolinos de emoción y llegando ambos al orgasmo...ruborizada y temblando en aquella pasión... oí una cariñosa palabra, abrí los ojos, miré los suyos y ví... estrellas.
Tuve un dulce despertar de un sueño de loca pasión y aún conservo, pensando en aquel día, una sonrisa interior.
Seguramente nadie le haya descrito nunca con estas palabras... como follando... hace el amor.