Cuando Simona nació su padres no dejaron de escuchar sus llantos, tanto de día como de noche... Hasta que un día la bebe recibió una sonaja muy especial; especial porque era de color rojo brillante como la sangre. Cuando le entregaron su regalo a Simona, la niña dejó de llorar, tanto de día como de noche.
Sus padres se alegraron y para complacer mas a su niña, pintaron su cuarto, su cama, sus cuadros y sus juguetes, todo, de rojo brillante. Sin embargo, la niña dejó de llorar y también de balbucear. Si alguien entraba a su rojo cuarto brillante escuchaba tan solo los latidos del corazón de la niña, y nada mas...
Mientras sus padres salían a trabajar, dejaban a la niña con una ñaña a su cuidado. Una mañana de sol mientras la ñaña limpiaba la casa, Simona comenzó a pasear y vio que la puerta de su casa estaba abierta. Salió y vio que un lindo y verde jardín la rodeaba. Camino por el pasto y en un rincón del jardín vio una linda flor en botón del mismo color que tanto gustaba... Se acercó lo mas que pudo y trató de alcanzarla, pero estaba rodeada de espinas y estaba más alto que el largo de sus manos...
Cuando se sintió vencida, se quedó mirando la flor como si fuera un bebé... De pronto, la flor, que recibía los rayos del sol, comenzó a inclinarse hacia la niña, y le dijo:
- ¿Cómo te llamas?
- Simona... – respondió la niña – Y tú, ¿cómo te llamas?
Se quedó mirándola un instante y le dijo que no tenía nombre y, que si ella deseaba podría ponerle el nombre que gustase. La niña se quedó sin saber qué decir y recordó el nombre del color que tanto le gustaba, y dijo:
- ¡Rosa... Te llamaré Rosa, mi Rosa...!
Ambas comenzaron a reír y luego a charlas, mientras que el sol les alumbraba y observaba y pensaba que la inocencia es la flor de la belleza. De pronto, el hermoso botón de flor le pidió a la niña si tenía un cuento para ella... Simona recordó a su padres, a la ñaña, sus juguetes, su cuarto y, sin dudar un instante le contó un cuento acerca de sus padres y su cuarto.
Mientras la flor le escuchaba, sus pétalos, de empezaron a abrirse mas y más, hasta que el sol empezó a ocultarse pues el cuento, que le encantaba, comenzó a adormecerlo... Antes de irse, Simona le dijo a la flor que al día siguiente volvería a visitarla...
Y así pasaron tres días y tres noches. Y la flor se abría y se abría.... cada vez que la niña le contaba un cuento durante el día; y durante la noche, una imaginaba un nuevo cuento que contar, y la otra esperaba un nuevo cuento que escuchar... Hasta que al cuarto día, después de escuchar los cuentos de Simona, la rosa tenía sus pétalos tan abiertos como el arco iris... Entonces la flor dijo:
- Simona
- Si
- ¿Puedes llevarme a tu lado?
- ¿Cómo? – preguntó la niña
- Coge mi verde cuello con tus manos, y con tus dientes, muérdeme hasta arrancarme de la tierra, y luego, llévame a tu lado...
- Pero, ¿no te dolerá...?
- Si, pero mas me duele estar lejos de tu lado... ¡Muérdeme ya!
La niña se acercó a la flor y con sus dientes comenzó a arrancarla... De pronto, la flor comenzó a gemir, y la niña a llorar... “Nooo” – decía Simona. “Ayyyy” – decía la Rosa... Hasta que al fin la flor cayó a la tierra y la niña, asustada, le dijo:
- ¡Rosa, rosa, rosa, rosa...!
- Tengo sed, Simona, llévame a tu lado y dame de beber... – le dijo la flor.
La niña la llevó con mucho cuidado a su cuarto y la puso dentro de un vasito con agua y vio como la flor comenzaba a retomar sus fuerzas y se abría y se abría... Entonces Simona comenzó a contarle otro cuento y vio que, mientras le contaba, la flor dejaba caer su pétalos uno tras otro, como si fueran lágrimas... hasta que sólo le quedó unos pétalos.
La niña le preguntó el porqué lloraba y la Rosa le dijo que tenía mucho sueño y lloraba de alegría por estar a su lado. Antes de terminar su cuento, la niña quedó totalmente dormida...
Cuando abrió los ojos encontró a su flor totalmente doblada y sin un solo pétalo... Se paró y comenzó a llorar, diciéndole a su amiga que le dijera cualquier cosa...
- Simona, amiga, - le dijo la flor - tengo mucho sueño... Llévame a mi cama, a mi cama de tierra y cúbreme con ella...
Simona la llevó en sus manos y la ocultó bajo un puñado de tierra, como si fuera una sábana... y luego, lloró y lloró, regando la cama de tierra donde dormía su Rosa... Cuando llegó a su cuarto, cogió los pétalos de su amiga y los guardó en un sobre rozado... Todo el día, Simona, continuó llorando, hasta quedarse totalmente dormida.
Cuando al día siguiente despertó, vio que el sol brillaba como el primer día en que conoció a su amiga la Rosa... Contenta por la ilusión, salió de su cuarto hacia el jardín y vio sobre la cama de tierra comenzaba a brotar un pequeño tallito de color verde rubí... Y la niña comenzó a sonreír y alegremente se puso a contar otro cuento, pues supo que su Rosa comenzó a despertar...
JOE 16/07/04