Lunes 8 de junio, 6:00 de la mañana. Pedro se levanta para comenzar un nuevo día. Va hacia el baño, donde se ducha con la poca agua fría que tiene. Se viste con uno de sus tres conjuntos que reposan sobre la silla. Hace su cama, agarra la guitarra, apaga la luz y se va. Caminando por las calles de Retiro, se cruza con Lucho, el repartidor de diarios. Se saludan y sigue su rumbo. Más adelante pasa por la panadería de Tito, quien le brinda una bolsita de pan fresco. Le agradece y sigue caminando hasta llegar a la estación de trenes de Retiro.
Pedro es un hombre de unos 23 años aproximadamente, nacido en la Provincia de Entre Ríos. En su decimoquinto cumpleaños, sus padres le regalaron una guitarra, gastándose así gran parte de los pocos ahorros que tenían. Al terminar la escuela, decidió irse a Buenos Aires con la ilusión de llegar a ser un gran guitarrista. Pero no todo iba a salir como él lo esperaba.
Sentado sobre un banco del andén, espera que llegue el tren, donde se subirá nuevamente para alegrar a los pasajeros con su música e intentar ganar algo de plata con eso.
Al llegar el tren, se sube alegremente para brindar siempre una sonrisa a las personas que compartirán junto a él los viajes de este nuevo día. La primer persona que ve al entrar es Oscar, el boletero, quien lo saluda cordialmente y sigue para tomar los boletos de los pasajeros. Entre éstos se encuentra el hombre vestido de traje que en sus manos lleva un maletín negro, con el que concurrirá a su trabajo, posiblemente en una oficina. Se puede ver en su rostro el orgullo de tener un trabajo decente y beneficioso. Mas atrás, está la mujer joven que siempre se encuentra arreglada y bien vestida. Su apariencia da a pensar que su trabajo es de secretaria con un futuro por delante. Al lado de ella se encuentra otra mujer, pero ésta mucho más humilde. Sus ojos transmiten una mirada, que a pesar de ser triste, logra sobrevivir cada día esperando algo mejor. En frente a esta mujer se encuentra un chico joven, el cual ninguna mañana puede mantener sus ojos abiertos durante un minuto. Es notable su apuro por no llegar tarde a su destino, que probablemente sea la facultad. Luego de observar rutinariamente a esta gente, Pedro se sienta a un costado de la puerta, y ya instalado comienza a tocar uno de sus temas musicales.
“...por ahora todo sigue igual y no lo puedo evitar...”, dice una estrofa de una de sus canciones. Él dedica mucho tiempo a la composición y obtiene buenos resultados, tal vez no tanto en la melodía que incorpora al terminar de escribir, sino en la letra, la cual es producto de su día a día. En ellas se pueden notar y hasta sentir sus pensamientos y sentimientos. La mayoría de ellas hablan sobre cómo trata él su vida, como la lleva a cabo, qué le transmite cada persona que ve. Él intenta transmitir eso a la gente, y en ciertas ocasiones lo logra. Cuando recibe dinero, no es justamente de parte de las personas que se metieron en sus versos y los sintieron, sino de aquellas que simplemente por verlo y tener plata encima, se la dan. Y a los que les llegó el mensaje, generalmente les es difícil contribuir con él, ya que muchas veces pasan por situaciones similares que les impiden gastar el poco dinero que llevan. Él muchas veces se da cuenta de eso, y es por eso que lo sigue haciendo todos los días, con la esperanza de que de a poco todos lleguen a oír sus canciones de otra forma.
A las 5:00 de la tarde, Pedro se baja en la estación Retiro, después de más de 10 horas de cantar, tocar la guitarra, comer y hasta dormir un poco dentro del tren. Saluda a Oscar y finalmente se retira rumbo a su hogar. En el camino, se encuentra con un conocido del barrio, que lo invita a tomar unos mates. Cuando empieza a anochecer se retira, y camino a su hogar, pasa por la panadería de Tito. Al verlo le agradece por el pan de la mañana y sigue caminando por las veredas del barrio hasta llegar a su humilde casa. Cuando finalmente lo hace, entra, se viste como para dormir y pone su conjunto sobre los otros dos que reposan sobre la silla. Y ahora sí comienza la parte fascinante del día: inspirado por lo que vio y vivió empieza a componer cosas nuevas. A veces se queda hasta altas horas de la noche, a veces no. Pero finalmente se duerme.
Son pocas las horas que pasan hasta que se despierta una vez más a las 6:00 de la mañana para comenzar un nuevo día.