Hubo una vez, una historia de amor intensa entre dos estudiantes. Ella se llamaba Centella, y él Miguel. Centella tenía 12 años y Miguel 13. Y estaban en la misma clase...
Centella pertenecía a un colegio y Miguel a otro, lo cual se conocieron el primer día de instituto...
Sus miradas lo decían todo, sus ojos brillaban como el mar en penumbra, cuando amanece, y sus caras dibujaban una sonrisa, tierna e indescriptible, se alzaba más allá de sus pequeñas barbillas.
Miguel tenía todo lo que le apeteciera. Porque tenía dinero. Centella, era una chica normal, a la que el dinero no se lo soluciona todo...
Centella sabía tocar bien el piano, y puesto que en las clases de música había un piano pequeño, la maestra le dejó tocar a Centella alguna canción, y ésta optó por titanic...
Sus pequeños dedos le temblaban, puesto que en la mesa de enfrente, allí se encontraba Miguel, y no la dejaba de mirar. Empezó a tranquilizarse, y comenzó con la canción. No hubo equivocación, pero si aplausos.
Despues de las clases, sus amigos le dieron una buena noticia: Miguel la había estado observando toda la canción, y cuando la música terminó, le sonrió de una manera imaginable.
Pasaron los días. Era exactamente el 8 de Noviembre, cuando se levanto Centella de su cama y miró la ventana. La mañana estaba gris, y hacía mucho viento, se tendría que abrigar...
Una hora después, estaba con sus amigas en el patio, esperando con todo el frío a su profesora de educación física cuando empezó a lloviznar. Luego empezó a tronar y llover más fuerte. Entonces Centella se acordó de que ella no había traido su paraguas, y todas sus amigas y gente de la clase empezó a evacuarse dentro del instituto. Ella optó por ir también, pero de repente una gélida mano la detuvo.
Cuando Centella miró atras, vio a Miguel, empapado de agua, al igual que ésta. Le dijo las palabras más bonitas que Centella pudo imaginar: TE QUIERO...
Y con la lluvia cayendo como caños de rios, el viento que hacia que el pelo de Centella le rozara la cara, y la tormenta que hubo aumentado, Miguel la cogió y la besó. En esos instantes, Centella quisó gritar y llorar a la vez de la alegría que la embarcaba. Pero no podía, porque no sabía si eso que estaba ocurriendo era verdad o no, puesto que lo había soñado en otra ocasiones...
Y así es como empieza el amor, de pequeños es solo una ilusion, porque empieza con una sonrisa, crece con un beso, y termina con una lagrima...
hola! soy laura, la autora de este cuento, por favor, escribid comentarios para saber cual es vuestra opinion, gracias