Secreto de una noche, en la que no existía, en la que no estaba,
y sólo ocupaba el nítido espacio, un trozo de papel blanquecino, con algunos trazos indescifrables.
Mi cuerpo a un lado, y mi mente recordando. Mi alma empezaba a olviarlo todo. Sin razones para volver atrás, coger un lápiz y proseguir escribiendo la historia de mi vida.
Se calló el silencio, cuando la nieve caía espesa sobre los charcos de agua que simbolizaban una noche sangrienta de penas. Y volvían los puntos suspensivos y los suspiros tristes.
El viento acorralaba las hojas disueltas por el otoño, en una esquina de donde no podrían salir hasta pasado el huracán, pero volverían a salir, aunque su destino fuera romperse en mil pedazos y convertirse en humus. Sin embargo, para mi, que ya era humus en mi propia vida, no pasaría el huracán, ni los días, ni el destino, por muy desolado que fuera...
La noche se desvaneció tristemente, y volvió a salir un sol insignificante para mi; porque no era razón suficiente, no era la vida, ni el movimiento. Era sólo un desconsuelo que apetecía, era lo que no me tocaba y no quería tomarlo.
Ithaisa: Primero quiero decirte que estoy muy contento de ver otra vez tus cuentos. Dos cuentos tristes escritos desde el corazón. Yo voy a quedarme con la frase... “Y volvían los puntos suspensivos y los suspiros tristes.” Joaquín