Sonaba el teléfono sin parar, era el único sonido en la casa, aparte de mi respiración… Me paré, y apuradamente, y con angustia, fui a descolgarlo, y así averiguar de qué se trataba…
El aparato estaba en el primer piso, y yo en el tercero. Con trancos largos bajé por la escalera y, sin darme cuenta, tropecé con un madero que estaba en un escalón. Rodé como una pelota hasta llegar, de bruces, al segundo piso…
Pensé que no podría llegar o que el teléfono dejaría de sonar, pero no, aún lo escuchaba. El solo hecho de su terco timbreo me hizo pensar que era algo importante.
Por el dolor tuve que rampear. Me sentí como en una guerra, arrastrándome y alucinando los sonidos de bombas y aviones… me reí solito de mi imaginación. El eterno timbreo me sacó del ensueño… y me di cuenta que había llegado al primer piso, con la pierna derecha hinchada como un globo.
Ya a tres metros para llegar, para mi suerte, aún sonaba. Me levanté sobre mis piernas con dolor indecible, cogí el fono, lo puse en mi oreja y dije: “Alo, alo, alo”… Nadie respondió, y colgué.
Lo extraño es que, el timbreo, aún sigue sonando en toda la casa…
Joe 18/04/04
la verdad que no entiendo nada, se supone que esto es para enviar cuentos y no cosas como estas. creo y con mucho respeto se lo digo al autor, quedas en deuda con los lectores y contigo mismo. si es tu primera experiencia, sige intentandolo y no quedes en esto, si no es así, entonces mejor no hagas nada. lo unico bueno que saco de esto, es que el relato es corto y no me hiciste perder mas tiempo.