Esta mañana salà de mi casa, en la entrada habÃa muchos autos que impedÃan que saliera. Pedà permiso, pero habÃa un gran tumulto y todo ello era producto de un grave accidente. Una señora estaba paseando por la calle con su perro, muy temprano, cuando a lo lejos, escuchó la voz de su marido ya muerto hacÃa mas de diez años. Ella soltó a su perro, y un auto se llevó al animal, dejando a la dueña mirando una escena muy extraña. AllÃ, delante de sus ojos, yacÃa un hermoso perro, querido por su difunto esposo, con la cabeza aplastada por las llantas de un auto que no dudó en detenerse y seguir, sin parar, hacia donde el diablo lo jalaba. Pasé con mi auto y pude ver a la anciana, inclinada sobre la pista, arrancando los retazos de la cabeza del perro... Iba a detenerme pero no quise hacerlo, no me gustan las patéticas escenas. HabÃa gran cantidad de vecinos, ya estaba, con bastante dificultad, por salir del atolladero cuando logré escuchar que la anciana pronunciaba el nombre de su esposo una y otra vez, y parecÃa ser que era al perro con quien conversaba, mientras acariciaba los retazos engomados de sangre y pelos. Continué mi camino hasta que llegué a la autopista. Viajaba a poca velocidad y recordé a mi padre, a su esposa, a sus hijos, a mà cuando niño, y seguà manejando hasta llegar al negocio y cuando llegué, recibà una llamada, era mi madre diciéndome que no fuera a visitar a mi padre porque no era justo que me avisaran tan tarde de la muerte de la esposa de mi padre... Entendà su pensamiento y le dije que no irÃa. Llegó uno que otro cliente y mientras ellos llegaban, sentà que era como si estuviera dentro de una librerÃa. Y cada uno de ellos fueran libros, libros vivientes, humanos. Le escuché uno a uno. Uno de ellos me habló de su esposa que hacÃa mas de veinte años le habÃa dejado, eso lo sentÃa siempre que le veÃa, pues su rostro era como una lápida, una voz profunda y densa, clamando en el nombre del amor, eso, amor... paz, verdad. Luego, se fue y seguà laborando. Llegaron los clientes, las jovencitas que conocà desde niñas, o desde que estaban en la barriga de sus madres, y ahora, ya eran unas jovencitas buscando eso que buscan los jóvenes, generación tras generación, eso que todos buscamos siendo jóvenes, la verdad, la vida tras la cortina del diafragma de esta tierra... Y ahora, en estos tiempos, parece que esa voz aún resuena mas fuerte a medida que nos acercamos a la nada, al vacÃo, a la muerte, sabiendo que nada nos llevaremos de esta vida. Lamentablemente, no somos dioses ni nada perfectos, simplemente somos seres humanos, seres llenos de diferencias, de errores que suelen no pertenecer al común de los aciertos de los demás... En fin, la vida es una gran novela sin final, continuada miles de veces a través de la vida de cada ser humano que viene y se va de este planeta hermoso y maldito al mismo tiempo, o es un cuento tan pequeño, de esos que tiene la sal y el dulce y todo aquello que despierta a los muertos en vida y a los vivos muertos desde siempre, o simplemente la respuesta de una o todas las cartas de este mundo...
San Isidro, mayo de 2007