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René Rivera, parte 5

Ni usted ni yo vamos a ponernos de acuerdo, ya que la palabra de Dios no se discute, usted tiene su doctrina yo tengo la mía. Es más saludable terminar esta conversación- Por regla general a esas horas llegaba doña Flor de predicar la palabra de Dios. La Martha como de costumbre a esas horas se encontraba haciendo los quehaceres domésticos. Cuando baria allá arriba en lugar de poner coros de su religión; ya que ella también era Testigo de Jehová, ponía la música del mariposón de Juan Gabriel. Ustedes saben que sus canciones son de desamor y de frustración y no dejan nada bueno. Actualmente se dice que muchas letras de las canciones de ese interprete promueven el homosexualismo. Pero la incultura de mucha gente se manifiesta escuchando ese tipo de música, hecha para burdeles y cantinas. Pero esa es mi muy humilde opinión, y ya corre bajo la responsabilidad de la gente si lo quiere o no aceptar. A lo menos a mí me desagradaba que cada ratito estuviera escuchando esa voz chillona, y todavía cuando terminaba de tocar el lado B, volvía al A, o viceversa, por no se cuantas horas al día. El Juan Gabriel y todo su repertorio de su primeros años, a todo volumen, lo teníamos que escuchar. Solo cuando venía la Doña ,la Martha le bajaba un poco al volumen de su grabadora. Doña Flor me insinuaba que entre más tiempo me quedara más dinero iba yo a ganar. Mientras que el David solo por ser de su religión, podía salir a la hora que se le viniera en ganas. El Helio durante todo esa semana ya me agarraba a patadas y yo por querer conservar mi trabajo, aguantaba el dolor de los golpes. Mientras que el Limber solo se concretaba en decirme “ QUERES ES PODER, PODER ES QUERER”. Aquel joven supuestamente Pentecostés, cuando venía una clienta a veces era abusivo y alteraba los precios de las suelas y pieles de calzado. Cuando el David ya se había ido a su casa, el Limber lo ponían a atender a los clientes. Es verdad ya la Doña había llegado, pero estaba arriba ayudándole a la Martha a ponerle la mesa ya que a las tres y media o tres veinte, subían todos a comer. La doña en aquella semana hizo que yo me presentara más temprano de 6 de la mañana a 4 de la tarde. Para no dar molestias y que me descontaran la comida, llevaba en una vianda mis sagrados alimentos. Fue prácticamente una odisea, mi cambio de horario. Sí entrando de 7 a 3 tenía problema, debido a la distancia entre mi trabajo y mi casa; pues ahora que entraba a las cinco era mucho más pesado. Me levantaba a las tres y media de la mañana. Desayunaba, me echaba desodorante en las axilas. Como estaba acostumbrado dormir sin calcetines; buscaba mis calcetines. Mi madre los ponía en una bolsa. Pero ya que ella no tenía tiempo los acomodaba dispares. Mientras mi jefecita me estaba ayudando a buscar mi camisa yo sacaba todos mis calcetines e investigaba a que par le pertenece. Los calcetines que no estaban muy zurcidos me los ponía. No me daba tiempo de bañarme. Pero tenía que dar la impresión de que iba yo bien limpiecito. Para esto sacaba con una taza de plástico un poco de agua y me mojaba la cabeza. Después me peinaba y me ponía un poco de loción. Mi madre ponía las dos manos en mi cabeza y comenzaba a orar, para que me fuera bien en el trabajo. Apenas cerraba la humilde puerta de mi casa. La luz de mi hogar se apagaba. Mi madre se volvía a acostar, intentando conciliar el sueño. Mientras que yo bajaba dos cuadras para tomar mi pecera. Eran como las cuatro veinte. Todo silencio. Solo la luz de las esquinas. Ni un alma de Dios en la carretera. Unos dos o tres taxis que subía hasta las Granjas, y otros que bajaban. La carretera desértica y no muy bien iluminada Mis poros recibían ese aire fresco y mi piel elevaba una voz en mis sentidos. Esa voz que me hacía cimbrar en mi interior era la caricia de una mañana vestida de esperanzas. Los latidos del reloj aunque fueran amargos, tenía que tener la alegre música de aquella linda madrugada. En eso pensaba cuando veo que la pecera de la ruta 30, sube. Faltaban veinte para las cinco. El colectivo de la ruta 62, subía a las cinco, sí lo esperaba iba yo a llegar tarde. Eran las 4: 55 de la madrugada cuando tome la pecera de la ruta 37. Solo como tres personas veníamos. Entre ellos un policía federal, que venía cabeceando en la ventanilla. Le tuve que hablar fuerte para que pasara mi pasaje al chofer. Las peceras si a plena hora del día toman la carretera como autopistas, que será a esas horas. Recuerdo que venía como pólvora. Pasándose las luces de los semáforos, pero como no había ni un policía de transito le valía. Llegue a las cinco cuarenta. Fui el primero en llegar. Como vi que estaba cerrado, me senté en la banqueta de la casa de la Doña. El Helio llego después de mí. Doña Flor nos abrió la puerta. Como a las siete diez llegó el Limber y cinco minutos después el tal David Sánchez. A las siete y media la Doña dijo que todos subiéramos a tomar café. Como ya salía a las cuatro, pasaba yo al Parque Central ha pasar el tiempo mientras llegaba mi hora de entrar a mis clases. Para esto se me olvido comentarles que a parte de mis viandas que cargaba, también llevaba mi mochila. Acostumbraba a tener un cuaderno por cada materia. Como me tocaban dos materias. Dentro de mi mochila tenía mis dos libretas, y por supuesto mi lapicero para escribir. Ya sea que caminara por el Mercado “Díaz Ordaz” o me subiera calles más arriba. A veces sin darme cuenta me encontraba hasta el Fraccionamiento “Las Terrazas. Después volvía a bajar con mi mochilita cargando. Si me daba hambre buscaba una tienda y ahí compraba un refresco de cola y un gansito, eran alimento chatarra ya lo sé, pero lo comía para entretener a mi estomago. El tercer o cuarto día que salí a las cuatro, decidí pasar el tiempo recorriendo toda la 21 sur poniente. Por supuesto que doblaba esquinas y eso me hacía que llegara hasta las 19 sur. Cuando me cansaba me sentaba en una banqueta. La realidad era que no podía yo gastar doble pasaje y por eso prefería dar vueltas mientras llegaba la hora de mi entrada a mis clases. El viernes después de que la Doña vino de Predicar la Palabra de Jehová Dios. Preparo horchata. Eran como las doce y veinticinco cuando nos dijo que subiéramos a tomar un vaso de refresco. Después continuamos trabajando. A las tres la Doña me llamó y me dijo que ya no podía seguir ahí. Señora le suplico que me de otra oportunidad, le dije. La Doña me dijo que auque me ponga de cabeza ya no quería tenerme en su negocio. Le dije que a penas eran tres semanas, que en ese tiempo no podía aprender bien. Yo quise que aprendieras como se hacen los calzados, pero veo que no le echas ganas. Me quede mirando sus ojos negros y los rasgos indígenas de su cara y le dije: téngame paciencia, lo que sucede es que usted desea que yo deje de estudiar para trabajar todo el día con usted. Desde un principio le dije que mi meta es trabajar y estudiar al mismo tiempo. La Doña ya no me quiso seguir escuchando y me liquido dándome 70 miserables pesos. Todo triste me fui de aquel taller de la Testigo de Jehová. Ella me quedó mirando y todavía me dijo: cuando sufras verdaderamente comprenderás que yo trataba de hacerte un bien, porque yo soy una hija de Jehová Dios, y mi deber siempre es ayudar a las personas. Cuando eso suceda y te acuerdes de esta vieja que te dio trabajo a lo mejor me lleves una Flor en mi panteón. Cerré la puerta de la calle y me fui a trotar por Avenidas más arriba. Me fui por la 11 sur Oriente. O sea en dirección contraria a la que comúnmente caminaba. Sin querer llegue por la Plaza de Toros, después me regrese. Pase a buscar a mi madre a su trabajo. Eran como las cuatro quince. Mi jefecita estaba comiendo en la cocina, cuando empezó a toser. Se puso roja y su respiración empezó a bajar. Los patrones donde de mi madre gente Católica sin corazón. La miraban y no hacían nada. Hasta que vieron que mi madre se tiro al suelo. Todos corrieron a darle aire. Cuando llegue me encontré con un cuadro que me helo la sangre. Mi madre estaba en el suelo respirando jadeante. Las personas que se encontraban a su alrededor le estaban tratando de dar aire con la mano. Yo rápidamente me dirigí hacía mi madre. Ella como pudo me dijo que yo le golpeara la espalda porque se estaba ahogando. Le empecé a dar de golpes. Gracias a Dios mi madrecita reaccionó y poco a poco volvió a respirar normalmente. Como pudo se levanto. Los patrones de mi madre le dijeron que se fuera a acostar un rato. La lleve a un cuartito pequeño que tenía en esa casa. Ahí fue donde le dije que la Doña me había despedido.- No te preocupes hijito trabajos hay muchos, verás que Diosito nunca nos va a abandonar. Por mi no te preocupes, no es la primera vez que me ahogo. Nada más que no te lo he querido decir, pero ya pronto comprare mis inyecciones y veras que me pongo bien- Me quede muy preocupado por mi jefecita. Estuve un rato ahí y después me fui a mis clases. Eso me hizo distraerme un poco. No busque empleo porque quería concentrar toda mi atención en las materias que había solicitado. Al cabo de 7 días decidí buscar trabajo. Volví a la Estatal de Empleo, en la cual me daban los lugares donde supuestamente necesitaban personal, pero cuando llegaba ya estaba ocupado el puesto. Me dijeron que en el municipio había una bolsa de trabajo. Me arregle bien, me puse loción. Tenía que estar impecable. Por sí pasaba a una entrevista tenía que dejar una buena impresión. Afuera de la presidencia estaban los puestos que había. Había un trabajo que no decía de que se trataba. Solo decía que era un empleo de medio tiempo. Ahí podía yo trabajar y estudiar. Bueno la dirección estaba hasta Boulevard Belisario Domínguez, casi enfrente del Hotel Camino Real. Tome las peceras de la ruta Uno. Al llegar me atendió un policía me estaba pidiendo que le mostrara mi credencial de elector. Yo le dije que en ese momento no la traía y que la razón de porque quería subir a las oficinas era que estaba yo buscando trabajo. El policía ya no me dijo nada y me dejo subir. La persona con la cual me iba yo a entrevistar era la Licenciada Cristel. Pase a la oficina y estuve un rato esperando. Era una oficina con aire acondicionado, alfombrado. Me atendió la secretaria de la Licenciada. Estuve ahí una hora y media esperando. Cuando llego la Licenciada, le dijo a su secretaria que fuera a sacar unas copias. Después se sentó en la silla donde estaba su secretaria y me empezó a hacerme varias preguntas. Después me dijo que viniera el miércoles, ya que tenía que atender a otros aspirantes al puesto misterio. Yo le quise preguntar de que se trataba ese trabajo, pero ella me dijo que iba a estudiar mi solicitud y que ella iba a juzgar si era yo capaz de desempeñar dicho puesto. Ya no me quiso dar más explicaciones. Al bajar me tope con el policía quien me deseo suerte. Me urgía trabajar y esperar hasta el miércoles. Bueno vendré el miércoles y después me citará otro día o me dirá que no soy apto para el puesto y habré perdido mi tiempo esperando un trabajo. Decidí buscar por mi cuenta. Algo debe de haber por ahí. Camine hasta la fuente Mactumatza y decidí ir más arriba. Subir por el Libramiento Sur. Logre pasar la colonia Diana Laura, con los vecinos fui preguntando donde había talleres de carpintería tal vez me acepten. Baje por el fraccionamiento Zoque hasta la Romeo Rincón Castillejos. El Calvarium encontré un taller de carpintería pero me dijeron que ya estaban completos y que sí en dado caso llegarán a necesitar iban a contratar a gente con experiencia. Como tenía poco dinero y no sabía con exactitud que rutas me llevaban hasta el centro decidí caminar. El Libramiento Sur, nunca me imagine que fuera tan grande. Llegue hasta abarrotes el puentecito. Una tienda que esta en la entrada de la colonia Potrero Mirador. Ahí tome la ruta Dos, pero eso fue como a las cinco de la tarde. Cuando fui a las oficinas eran como las diez de la mañana. Había estado como seis horas caminando tratando de encontrar empleo. Cuando venía yo en la pecera me puse a pensar como le iba yo a hacer para encontrar trabajo. Ahora no tengo ni un centavo y tengo que pagar asesoría. Pues este tiempo que no tengo empleo, pediré permiso para ausentarme. Yo he visto a compañeros de estudios solicitar permisos para no llevar asesorías el otro mes. Me baje en el Parque Central y camine parte de la primera sur. Pasando las oficinas de Telmex y el Velatorio del DIF. Eran las seis de la tarde cuando llegue el maestro Felipe no había salido de dar sus clases. Con el tenía yo que hablar porque él era el coordinador academico. Cuando salió fue a dejar sus libros en el estante y después como era su costumbre se fue al pequeño patio y saco su cigarro y empezó a fumar. Le fue a hacer compañía Vleeschower. En esa estaban cuando yo los divise. Me dirigí a hablar con ellos.- ¿ Qué se te ofrece René? Yo tome una silla y me senté junto a ellos y les empecé a decir: en estos momentos estoy buscando empleo y no tengo ningún centavo para pagar mis asesorías, yo quisiera ver si me pueden dar permiso para que este mes no venga yo. Me he dado cuenta que usted Maestro Felipe lleva un control de Alumnos y que si no le aviso, pagare la colegiatura venga o no venga. El maestro Felipe tomo su cigarrito y aspiro después echo humos por su nariz y su boca. Vleeschover al verlo se empezó a reír y dijo: yo también puedo hacer lo mismo que tú. Después el maestro Felipe se dirigió hacía mí. – Entonces este mes no vas a venir porque no tienes el dinero para pagar tus asesorías- Así es maestro.
- Vleeschover se me quedo mirando. Aspiro su cigarro y después saco el humo por su boca. Al tiempo que se dirigía hacía el maestro Felipe. – Mira Felipe se me ocurre una cosa, a lo mejor esto le ayude a René- Me sorprendí porque no me imaginaba que Vleeschower tuviera alguna solución. En ese lapso me puse a pensar. Que a lo mejor me iban a decir que ese mes no pagará. Que cuando tuviera trabajo pagará. A lo mejor me iban a hacer que firmará unos papeles donde me comprometiera yo a pagar, para que así no perdiera mis asesorías. Pero todas mis hipótesis no resultaron ciertas. Es más cuando escuche la idea que dio Vleeschover me pareció estupendo. - ¿ Que idea es esa Toño?- Mira René puede trabajar con nosotros y así de lo que gane le descontamos el pago de su asesorías?- ¿ Habría que hablar con Remigio, el es el otro socio ?- Pues yo me parece bien, trabajar acá en la escuela- Mira René ven mañana y depende de lo que diga Remigio te avisamos?- Vleeschover volvió a meter su cigarrito por su boca y a arrojar humo. Después dijo: piénsalo Felipe nosotros estamos necesitando un muchacho que haga el aseo de la escuela, ya Mari no le da el tiempo para hacer bien la limpieza.
- El maestro Felipe solo se limito a decirme: mañana te resolvemos.
Datos del Cuento
  • Categoría: Hechos Reales
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