Recordaba como la hizo sentarse en sus rodillas, y como se recreaba acariciando su pelo mientras la hablaba.
Le gustaba tanto sentirlo cerca, que quería que aquello durara eternamente.
-Dios mió como lo amo. Pensó sintiéndose suya, deseándolo todavía más sin descanso.
Recordaba como la tenía abrazada por detrás mientras miraban aquel árbol...aquel paisaje.
Recordaba su respiración en su oído, que tanto la excitaba, y aquellas palabras que le hacían tan feliz, te quiero...te quiero, te quiero parecía que no se cansaba de repetirle lo mucho que la quería...
Recordaba aquel beso con tanta pasión...casi llora en ese justo instante.
Recordaba como le hablaba...
Recordaba como le besaba entre una y otra frase.
Recordaba muchos detalles que habían quedado archivados en su memoria.
Pasara el tiempo que pasara aquellos recuerdos como pequeños indicios,(al principio) constantes atenciones, luego más tarde miradas, palabras, frases con un valor imborrable para sus memorias.
Todo aquello...aquellos gestos, de su cara como la miraba cuando se encontraban, como la miraba en la intimidad...evidenciaba con cada detalle, un mayor grado de confianza, que nunca antes había sentido igual.
Ella sentía la necesidad de besarlo de tocarlo, de expresarle todo lo que sentía.
Aquellos días ya habían pasado y en aquella terraza, separada del mundanal ruido de la ciudad.
Parecía perdida en sus propias ensoñaciones, con profunda pena interior, pero aparentando gran paciencia en su semblante. Leía poesías con un contenido capaz de torturar su espiritu.
Con aquella música de fondo las olas...las gaviotas el aire que la despeinaba... pensó en voz alta.
"Dios mio que felices fuimos".
El aire volo las hojas de aquel libro de poesías,
y aquel separador de libros con aquella mariposa calló al suelo, despertandola de sus recuerdos.
Despacio se agacho a recogerlo y de sus ojos salieron lágrimas de felicidad.
Aly.
ALY.
Tengo para tí el tacto húmedo del recorrido que una lágrima deja sobre la piel. Te he guardado el casi inaudible sonido que provoca el roce de nuestros labios. Mi regalo será el sabor indefinible de tu piel en contacto con mis manos. Te daré también la imagen de una sonrisa feliz que pasado este momento nos engañe un poco. Finalmente seran mis palabras las que te indicaran que existo.