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Pancho Beto

El poeta desnudo muestra al mundo su vergüenza, no es la ausencia de ropas para humillar su humanidad, es dejar ver su frágil espíritu a merced del colectivo, el que otrora fuera cuna de versos infinitos, ahora yace disponible para los monstruos carroñeros.

Pancho Beto era el poeta de las esquelas de domingo, vieja columna en el matutino regional que hacía de las delicias de los intelectualoides de sillón y café fresco, de domingos de vagancia merecida.

Últimamente sus poesías perdían congruencia, se hacían toscas y ofensivas, y la gente crítica decía “está evolucionando Pancho Beto”

En el bar del muelle, yo bebía una cerveza esperando el trasbordador que me llevaría a la población de Barrancos, cuando al fondo del feo recinto oí con claridad los gritos de la chusma alcoholizada, “Pancho Beto, Pancho Beto, Pancho Beto” Aupaban a un borracho a que apurara una gran jarra de cerveza donde el colectivo había apagado sus colillas de cigarro. Me puse de pié enardecido y abriéndome pasos a codazos abracé a aquel hombre y lo saqué como pude del recinto, ¿Que te pasa, poeta de mis sueños?, le dije con dolor viendo a aquel despojo humano y recordando uno de sus poemas, “Tu eres la inspiración de muchos, dime que te pasa”.
“Ya no sale” me dijo de mala gana, y tirando de su brazo con rabia y fuerza inusitada se soltó de mi y volvió al mugriento bar.
Comprendí ese día que Pancho Beto pedía auxilio en sus últimos poemas, y que sus admiradores nada podríamos hacer para salvarle.

Te miro distante alma mía
Muerta, ida
Quisiera arrancarte las palabras con los dedos
Hacer brillar nuevamente tus ojos con mi fuego
Pero te vas definitivamente
Y yo solo me quedo.

A donde vas musa de mis sueños
Y yo ¿a dónde voy en oportuno auxilio?
Tu alma se va, tu cuerpo muere
Y me condenas al absoluto exilio
¿Con quien he de escuchar esa canción
que oíamos en la radio en la mañana
y que tu cantabas a mi oído con pasión

Te vas, y no me queda nada
Solo escribir en la fría loza de tu tumba
AQUÍ YACEN LOS RESTOS DE MI AMADA

La última vez que supe de Pancho Beto, lo habían echado de la redacción del periódico donde publicaba por haber vomitado en el recinto en medio de una reunión de intelectuales.
Pasaba casualmente por el sitio y me detuve a ayudarle en su mal momento, en gesto agradecido me dio un pedazo de papel con este poema y me dijo: “Ya no sale”
Datos del Cuento
  • Categoría: Urbanos
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3 comentarios. Página 1 de 1
Angel F. Félix
invitado-Angel F. Félix 01-10-2004 00:00:00

Me adentro en tu nostalgia Por poeta fracasado. Triste es la desgracia De quién no es, y ha sido. (“Pancho Beto”, de Eddy García)

Lébana
invitado-Lébana 30-09-2004 00:00:00

Prefiero los tiernos como el de la niña y los besos pero en todos los estilos me gusta tu forma de escribir.

Joaquín Ledo
invitado-Joaquín Ledo 29-09-2004 00:00:00

Eddy: Crudo y bello tu escrito. Cuando hablaste de cruzar a Barrancos gratos recuerdos llegaron a mi mente. Yo iba los domingos al muelle de San Félix a cruzar el Orinoco hasta Barrancos por el puro placer de hacerlo. Del otro lado compraba frutas, verduras, quesos y miel. Todo esto lo había en Puerto Ordaz pero era más una excusa comprarlos en Barrancos. Joaquín PD: ¡Ah!... también compraba jojoto sancochado y hallaquitas y me los comía en la fila de carros.