~Por la ruta cinco, llegando al kilómetro ciento veinte, divisé al costado de la carretera, cuya pradera se observaba de un verde muy intenso. Una portera de hierro con dibujos en circulo, hechos del mismo material, contrasta con el cercado de alambre, dando paso a un camino de, por el cual se ingresa al predio, Más adelante un puente de madera, sabiamente fabricado por la mano del hombre, sortea un tajamar que divide el terreno, cuyos extremos están rodeados de eucaliptos. Cruzando ese puente, el camino se va afinando en zigzag hasta una cabaña de madera color beige oscuro, con techo a dos aguas pintado de rojo.
El sol ya está alto y el calor se hace sentir, algunas reces pastan a la orilla del tajamar, otras descansan a la sombra de los árboles frondosos.
Al costado izquierdo de la casa un aljibe viejo y desgastado refleja el paso de los años. Un poco más alejado, un ombú milenario da sombra a un par de perros arreadores de ganado.
A unos pocos metros de la cabaña, una glorieta con techo de paja, refugia a un hombre del sol de la mañana, que desensilla su caballo sin apuro, haciendo una pausa en la tarea diaria.
Me voy acercando lentamente, me parece un sueño volver después de diez años. Corro y grito con todas mis fuerzas.
- ¡¡¡Papá !!!