Érase una vez un niño de cicuenta años, que también hubiera podido tener cinco, si no le hubiesen puesto un cero detrás de ese cinco.
Por la mañana , cuando el rocío se convertía en agua brillante, decidió partir hacia el olivar heredado.
Qué sorpresa la suya!!!!!!
En el camino de arcilla , rojizo y reseco, habían tendido los almendros sus pétalos blancos y con un puntito lila en su cierre
-Maravillosas alfombras , se dijo el muchachote
-cuidaré de no `pisar su hermosura
Los pétalos se movían en sus últimos suspiros de vida.
De vez en cuando, un solplo de vientecillo suave los trasladaba al lado de un romero o un tomillo: ! qué maravilla !
Cuando el niño llegó hasta el campo de los olivos , uno de ellos le preguntó :
-¿ Viste cómo nevaba ésta mañana ?
El niño entendió la sabiduría del olivo centenario y contestó:
casi siempre nieva cuando los almendros están en flor, parece algo mágico
En la paz del silencio , el niño encontró su paz