Las pequeñas manos barajaban con destreza el mazo de naipes que servÃa de artillerÃa a cada uno de los adversarios en la contienda, las cartas distribuidas equitativamente, esperaban boca abajo el decreto de guerra a muerte, ninguno de los jugadores sabÃa que arsenal le tocaba en suerte…
Cada uno lanzaba abierta su carta de inicio, esperando fuera esta lo suficientemente poderosa para derrotar al enemigo. Si al lanzar las cartas coincidÃan sus valores, el dúo sonoro no se hacia esperar.
¡Guerra!..
Y la adrenalina se hacia protagonista del decreto.
Oros y Bastos, Espadas y Copas, hacÃan de balas, bombas, tanques, misiles, y cuanta arma bélica existiera, que a la orden de ¡Fuego!, proporcionaban el alarde de quien ganaba una batalla, y por ende, de quien terminaba ganando la guerra; cuyo premio era todo el mazo de naipes.
Al final, Reyes, jotas y caballos, descansaban en la tregua esperando la próxima guerra...
Asà jugábamos de niños, lanzando con alegrÃa misiles de cartón….
El juego hoy en dÃa no ha variado en su concepto, salvo que ahora no se juega con barajitas como entonces, ahora ya no somos niños, aunque... ni más grandes ni más adultos, sólo más viejos, más malos, y más tontos, el egoÃsmo, y no la ciencia, aparte de arrogante y caprichoso, ha hecho del hombre un fabricante masivo de paradojas tecnológicas, nocivas a sà mismo, también, desde nuestra perspectiva infantil, el tiempo lo conjugábamos diferente, la fantasÃa del pasado no registraba armas biológicas de destrucción masiva, hoy, es realidad de siempre, manteniendo en jaque continuo a la humanidad.
La guerra, lo que de niño era sólo un juego, ha transitado en el tiempo de exilio en exilio; haciendo de nuestro dÃa a dÃa una renovada posguerra, sinónimo de <>.
La justicia, la libertad y la compasión dejaron de ser.
El fanatismo religioso, el lucro de los mercaderes de tierra, mercaderes de armas y de almas, los ambiciosos desmedidos de riqueza y poder, entre tantos otros, hacen que precisamente estos, se erijan como jueces y verdugos en tiempos de guerra, haciendo universal la etiqueta de “Velar por el bien común“y haciendo de esas paradojas, contradicciones validas con una facilidad aberrante...
Paradójico es también, reconocer la lógica de la estrategia para mantener la paz con una amenaza latente, a propósito de la disuasión de armas nucleares, que dice “No debemos usarlas, pero las fabricamos†(y al neolÃtico le culpan de iniciador de los grandes males de la humanidad...)
La guerra es como un juego de naipes.
Palos y espadas, como sÃmbolos bélicos hacen de mutiladores.
El oro siempre representa el objetivo, el camino al poder...
Y es que la naturaleza humana dicta queâ€en la guerra nada se consigue por nadaâ€
Las copas chocan en manos de los poderosos a la salud de la ignorancia y la maldad, mientras... se juega stop hasta la próxima guerra.
Me pregunto si los lisiados fÃsicos y espirituales que deja toda guerra, jugarán stop en la tregua por no tener una carta bajo la manga para apalear el dolor...
YazmÃn Faiz Calvo.
Venezuela. Agosto 17 / 2006