Sí, una vez más aparece una cifra en el calendario que nunca había estado antes.
Un número por el que andaremos como por la curva de una interrogante.
Resbalando en ocasiones y afirmando el paso cuando hallemos donde asirnos.
Y vamos a querer que este nuevo signo matemático que se aplaudió a las doce de la noche, sea el nuestro, el que ponga a la suerte por fin del lado bueno.
Lanzará nuestra mente una moneda que esta vez ha de salir de cara, aunque íntimamente sepamos que no hay caras para todos; que hay anversos y reversos; que la cruz también existe.
Pero hoy no queremos saberlo. Este año han de ser monedas de dos caras y una para cada ser humano, sin que se quede nadie mirando como vuelan por el aire sólo las de los demás.
Eso deseamos. Lo mismo que desearemos dentro de otro año y otro más y cien que vivamos.
Suerte, suerte a todos.