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~~Cuanto más deprisa andaba Caperucita más cerca sentÃa la respiración del lobo. La nÃvea nuca se le iba endureciendo al intuir ya el irremediable final de aquella historia. Por suerte llegó a tiempo: la puerta de la casa de su abuelita estaba abierta. Cruzo deprisa el umbral y la cerró violentamente, dándole en las narices a su adversario.
Su abuela no estaba por ningún lado. La llamó a viva voz sin obtener respuesta. El lobo golpeaba y empujaba con fuerza la puerta. En uno de esos empujones consiguió tirarla abajo; y fue directamente a la cama. Debajo de las mantas Caperucita temblaba de miedo y le pedÃa entre sollozos que no la matara.
—No lo hagas, por favor, soy muy pequeñita.
—¡Caperucita, despierta!
La niña abrió los ojos y encontró la mirada protectora de su abuela.
—¿Se ha ido? —preguntó la pequeña todavÃa temblando.
—Era solo una pesadilla, hijita.
—No, el lobo feroz quiere comerme.
La abuela se hizo a un lado y la niña pudo verlo a unos centÃmetros de la cama. El mismo lobo blanco de sus sueños, con unos ojos afilados y celestes y una boca semiabierta, la observaba minuciosamente. Los gritos desesperados de la niña fueron apaciguados por la voz calmada de su abuela.
—Caperucita, deberÃas ser más atenta, si no fuera por Lubo no estarÃas aquÃ.
—¿Qué quieres decir?
—Ayer, mientras venÃas caminando a visitarme, se ve que te perdiste o algo y te pusiste a juntar florcitas justo delante de la zona que están esas plantitas que tienen las frutitas violáceas…
—¡Ah! SÃ, las recuerdo.
—Esas curiosas frutitas son muy venenosas, Caperucita: te hicieron daño y perdiste el conocimiento.
—Y ¿qué me pasó?
—Lubo vino a buscarme y me indicó que lo siguiera: pensaba que era para que paseáramos juntos pero, NO: me llevó hasta donde tú estabas desvanecida. Asà que te trajimos a casa y te hice unas curas para evitar que el veneno haga todo su efecto. ¿Cómo te sientes?
—Mmm… ¿Y Lubo no querÃa comerme?
—Pero no, tontuela. Lubo es un lobo ¿por qué iba a querer comerte?
—Porque comen a los humanos…
—¿Quién te ha dicho eso? ¡Son tonterÃas, Caperucita! Los lobos son buenos, solo quieren que les dejemos vivir en paz. Lamentablemente por aquà los campesinos quieren eliminarlo, pero no debes unirte a ellos. ¡Ven, Lubito!
El lobo se acercó y apoyó su húmedo hocico en la manita de Caperucita; ella le acarició y sintió que nacÃa en ella un amor nuevo, como el que sentÃa por su hermanito Julián. Y entre besos y caricias le prometió que nunca iban a separarlos. Y asà fue.
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