Helendir caminaba seguido de Olaf. HabÃan recorrido el camino de vuelta y ahora estaban a las afueras de Altair. Olaf habÃa dejado a Baruk, el pequeño dragón, en un lugar seguro en el bosque. PodÃa comunicarse telepáticamente con él en cualquier momento mediante la figura.
Helendir llegó a Altair. Se volvió a Olaf, y le dijo en un susurro:
- Coge las cosas que necesites... Debemos irnos cuanto antes..
- ¿¡¿¡QUÉ?¡?? ¿Como que irnos??? - le gritó Olaf, perplejo. - ¡No puedo dejar Altair! ¡Es mi hogar! ¿¡Y qué será de mi padre y mi hermano¡? -gritó.
- El tiempo dará respuestas a sus preguntas. De un modo u otro, se enterarán de que eres un jinete; sé que lo comprenderán, y no te retendrán en Altair. Además, Olaf, ya eres mayor. Sabes defenderte por tà mismo. -le respondió Helendir suavemente.
Olaf supo entenderlo. Ser un jinete le suponÃa dejar su vida normal, su familia y sus preocupaciones. TendrÃa que poner todo su esfuerzo en aprender e instruirse en la magia y en la lucha.
- En ese caso.. supongo que no me queda más remedio que aceptar mi destino... -susurró Olaf.
"No puedo aceptar este destino" pensó. "¿Qué será de aquellos a los que amo??"
Un pensamiento le llegó de repente...
"El destino lo formamos nosotros. Nada está escrito, la tinta de tus elecciones escribe el libro de tu vida. Y si realmente crees en el destino, entiéndelo: El destino te marcó para ser un jinete, y no para quedarte aquÃ."
"Baruk.."
- "¡¡Olaf!!"
Olaf salió de sus pensamientos y miró a Helendir, que le estaba gritando.
- Olaf, ¿qué te pasa? te estoy hablando y me ignoras.
- Lo siento, Helendir.. -respondió Olaf.- Solo estaba..pensando en mis cosas...
- Pues deja de pensar y ve hacia tu casa. Coge tu equipaje; necesitarás algo de abrigo y un arma. De la comida me encargo yo. ¡Vamos! no hay tiempo que perder.
La silueta de Helendir se perdió en una esquina.
Olaf, triste, caminó hacia su casa.
Cuando hubo llegado, abrió suavemente la puerta y miró el interior: No habÃa nadie. Entró con cautela y cerró la puerta; subió las escaleras y fué hacia su habitación. Oyó un ruido. Abrió la puerta de su habitación, y allà estaba Owen, rebuscando entre sus cosas, como siempre.
- Vete de aquÃ, Owen. -le dijo ásperamente Olaf.- necesito coger unas cosas.
- Owen fué hacia la puerta, y se apoyó en el marco. Le dirigió a Olaf una mirada juguetona, y le dijo:
- Sé que tienes un dragón escondido.
El corazón le dió un vuelco a Olaf; empezó a latirle fuertemente.
- ¿¡Qué?¡? -respondió. ¿!Como lo sabes?¡??
- Es muy pequeño; lo và ayer por la noche. -dijo Owen. -¿Porqué nos lo ocultabas?
"¿Ayer por la noche?" pensó Olaf. "Pero si he conocido a Baruk esta mañana.."
-Verás... es que.. -respondió Olaf algo confuso.
- ¿Sabes que pienso? -dijo Owen. - Que el dragón que tienes es demasiado bonito para atarlo a un cordel. Supongo que te ha costado mucho dinero; yo de ti se lo enseñarÃa a papá...
Acto seguido se fué.
- Menos mal.. dijo Olaf para sÃ. -Owen hablaba del colgante...
Olaf rebuscó en su armario y sacó varias prendas hechas de piel. Después, fué a las estanterÃas, cogió una espada envuelta, y la sacó de su funda para comprobar el estado de la hoja. Cogió la espada, las prendas, las ató con una cinta de cuero y se las colgó a la espalda.
Salió de su habitación y bajó rápidamente las escaleras.
- ¡Olaf!! - oyó la voz de su hermano escaleras arriba. -¿Donde vas, Olaf??
- Olaf, hijo mÃo..
Pero Olaf no escuchaba. Avivó su velocidad y bajó las escaleras corriendo. Abrió la puerta de casa y se fué dando un portazo; una lágrima resbaló por su mejilla.
Olaf recorrió el camino hacia la entrada de Altair. El frió le heló la cara.
AllÃ, frente a la empaladiza que rodeaba la aldea, estaba Helendir, con unos paquetes en la mano.
- Te esperaba -dijo él.- He conseguido un par de caballos; debemos partir cuanto antes. ¿Lo tienes todo?
- ..SÃ -dijo Olaf, con cierta tristeza en la voz.
- Pues, en marcha. Los caballos están a las afueras.
Olaf y Helendir comenzaron a caminar.
Cuando recorrieron la mitad del camino, Olaf dijo a Helendir:
- ¿Donde iremos? ¿ Y como ocultaremos a Baruk?
- Ahora no puedo responderte. Corre. Nos están siguiendo.
- ¿Quién? -dijo Olaf, mirando hacia atrás.
- El espectro que te dió el silbato; un siervo de Raganok.
- ¿Espectro? -susurró Olaf.
- SÃ.. un espectro bajo la forma de humano. Ahora, sÃgueme.. debemos despistarle.
Helendir giró de repente a la derecha, penetrando en la espesura. Olaf, sorprendido, no dudó en seguirle. Cuando hubieron recorrido unos veinte metros, Helendir giró rápidamente a la izquierda y se agacho. Un helecho le cubrió por completo. Helendir hizo una señal a Olaf, y este también se agachó.
- Pregúntale a Baruk donde se encuentra -susurró Helendir.
"Baruk... Baruk.. ¿donde estás?"
Los pensamientos llegaron a su cabeza tras unos segundos.
"He visto vuestros caballos. Descanso en una rama justo encima de ellos"
- Está con los caballos. - Le respondió Olaf en voz baja.
De repente, se oyó un crujido. Una sombra apareció unos metros más alante. Era el hombre con el que Olaf habló; seguÃa llevando su armadura nemeana de oro.
El supuesto humano pegó un chillido, y empezó a convertirse en una sombra de ojos rojos. Olaf miró sorprendido como el humano se iba desintegrando hasta convertirse en un ser etéreo y oscuro.
El espÃritu volvió a chillar y desapareció en las copas de los árboles.
- Ojalá nunca te topes con uno de ellos -dijo Helendir, levantándose. - No pueden morir. Todos los jinetes que se han enfrentado con uno, han muerto.
Los dos salieorn de la espesura y retornaron el camino.
- Escucha, responderé a tus anteriores preguntas. -Dijo Helendir. Los caballos se divisaban a lo lejos, paciendo en un claro.- Iremos a Gälesia, el reino de piedra. Ha llegado a mis oÃdos que uno de los cinco jinetes de la orden se ha dado a conocer allÃ. Debemos reunirnos con él y hablarle sobre tÃ. Fué uno de los primeros jinetes, el único que ha logrado sobrevivir, según creo. En cuanto a Baruk.. Deberá volar por encima de las nubes siguiendo nuestro rumbo para no ser visto. -Olaf asintió.- Mira, ya hemos llegado. Estos son los caballos: Hera, y Hematón, las almas del viento.
Olaf miró a los dos caballos maravillado; uno era negro como el carbón, y otro, de un color castaño, igual que la tierra. TenÃa una mancha blanca en forma de estrella de cinco picos en la frente.
El negro es Hematón; es más salvaje que Hera, por lo tanto será mi corcel.
Olaf y Helendir montaron en sus respectivos caballos. Baruk, desde arriba, los saludo con un alegre aleteo. Olaf le dijo que volara encima de las nubes; Baruk accedió.
Pronto se pusieron en marcha. Los caballos eran muy rápidos. No tardaron en dejar atrás Altair; Olaf dirigió una última mirada a su tierra natal, y le dijo adiós a su mundo.
Se pusieron en marcha. Los caballos recorrieron el primer quilómetro en unos minutos.
Olaf habÃa aprendido a montar desde niño, cuando su padre le compro un poney para su diversión y aprendizaje... Pero pensó que dentro de poco cabalgarÃa en un dragón, y no en un caballo. La suave piel del caballo serÃa reemplazada por unas duras y afiladas espinas. Olaf miró al cielo.
Siguieron cabalgando hacia el sur. Pasó una hora, y los caballos empezaron a tener sed. Pararon en un claro cercano que divisaron, por el que pasaba un arroyuelo de apenas treita centÃmetros de grosor. Olaf y Helendir se bajaron, y se enjugaron las manos y la cara. Helendir sacó una cantimplora y la llenó.
"Baruk, aquà hay agua... Desciende de las alturas para saciar tu sed"
"Esperaba esas palabras desde hace tiempo"
- Olaf, antes de que cometas algún error con tu dragón, debo decirte algo. - Dijo Helendir. - Los dragones son seres orgullosos con una mente independiente; su sabÃduria e inteligencia es incomparable. Como te dije hace un dÃa, no debes tratarlo como si fuera un animal o un ser menor que tú. Debeis estar unidos.
- Lo haré -dijo Olaf.
Una mancha empezó a descender del cielo. Baruk aterrizó pesadamente en el terreno.
"Mis alas aún son débiles; deberemos parar para reposar alguna vez" -le dijo a Olaf mientras bebÃa.
"Por supuetso que pararemos. Los caballos también necesitan beber, al igual que nosotros" -le dijo a Baruk.
- Sube al caballo. -dijo de repente Helendir, sin dejar de mirar el reflejo del agua.
- ¿Pasa algo malo, Helendir? -dijo Olaf, confuso.
- ¡Sube al caballo! -respondió Helendir, con los ojos clavados en el agua.
Olaf le obedeció, y subió a Hera. De repente, se oyó un chillido.
- ¡Vete de aquÃ, Olaf! ¡Te seguiré!
"¡Baruk, vuela hacia las nubes!"
Baruk se perdió en el cielo.
Una figura obscura surgió de detrás de Helendir. él habÃa visto su reflejo en el arollo.
- ¡VETE! -gritó Helendir. El sacó su espada, y intentó clavársela al espectro.
El espÃritu chilló y empujó a Helendir. Le hizo caer. Fué a por Olaf.
Olaf dió un fuerte golpe con el talón en el costado del caballo, y se puso a galopar tan rápido como podÃa, seguido del espectro.
Los chillidos se hacÃan cada vez más fuertes.
Olaf se dió la vuelta... El espectro estaba allÃ, mirándolo con sus ojos rojos, a apenas unos metros...
- ¡Olaf, corre! -le gritó Helendir; estaba unos metros atrás del espectro, con su caballo. HabÃa logrado montar.
De repente, una luz.... Una luz que hace retroceder al espectro; una luz que viene del cielo.
Olaf distrae su mirada hacia la luz.. le ciega completamente..
Una débil voz grita desde lejos.. - ¡Olaf, cuidado con el arb...!
Olaf siente un golpe seco contra algo sólido, y el sabor metálico de la sangre en la boca.. Y todo se va.. Se sume en la negrura...
Olaf vió un dragón blanco pelear con uno negro, que tenÃa una gran maza de pinchos en la cola. El dragón negro dió un golpe con la cola salpicada de pinchos en el costado al dragón blanco, que se desploma. Una bella elfa rubia de ojos verdes llora frente a la criatura. El jinete del dragón negro rie, rie con una risa endemoniada..
Olaf continuará...