| :: | Sin Clasificar |
| :: | Infantiles |
| :: | Fábulas |
| :: | Mitológicos |
| :: | Terror |
| :: | Tradicionales |
| :: | Otros |
| :: | Hechos Reales |
| :: | Ciencia Ficción |
| :: | Historias Pasadas |
| :: | Patrióticos |
| :: | Sueños |
| :: | Policiacos |
| :: | Románticos |
| :: | Cómicos |
| :: | Misterios |
| :: | Estudiantes |
| :: | Metáforas |
| :: | Religiosos |
| :: | Aventuras |
| :: | Bélicos |
| :: | Históricos |
| :: | Urbanos |
| :: | Educativos |
¿Quién demonios es? – gritó el juez – ¡dime si no quieres que te vuelva a corregir!.
La cara de Nicolás pasó de estar pálida a un rojo intenso, estaba fúrico, dio un paso como intentando entrar pero Fernanda puso su delicada mano en su pecho, le detuvo y le dijo –Váyase por favor, lo importante es que me pegue a mà y no a Carolina, por favor, váyase.
-¿Quién es?, ¿acaso tienes un amante ? – inquirió el juez, quien con pasos pesados de borracho se dirigÃa a la entrada.
– No es nadie su SeñorÃa – replicó Fernanda, mientras cerraba la puerta – por favor váyase, pida a Dios por nosotras – le dijo a Nicolás y cerró la puerta. Y al cerrarla, se volvió a escuchar cómo se repetÃa la escena de violencia – te pregunté quién era – decÃa el sádico Juez mientras propinaba una segunda golpiza. Nicolás tras esto, se alejó obedeciendo a Fernanda, y regresó caminando lentamente a su casa, triste y desconcertado. Pensaba en como este tipo de cosas tan abominables parecÃa que eran tan comunes en el mundo, y como el 99% de las mismas siempre quedaban impunes.
Al llegar a casa, inundado de una extraña pesadez, Nicolás tomó su pipa, la llenó de hachÃs y empezó a fumar y fumar hasta que se quedó dormido en el suelo del cuarto de la máquina de escribir, no era mediodÃa y sin embargo, la vida parecÃa tan insoportable. En su sueño le atormentaban recuerdos de aquella mañana, y los ojos grises, esos ojos grises de tan inocente criatura volvÃan su sueño tan triste. Al despertar, se quedó unos minutos en el piso, miró a la ventana y notó que ya estaba oscuro, la habitación le parecÃa tan vacÃa, seguÃan en sus mentes los bellos ojos de Carolina, recordaba el rostro de Fernanda, antes y después de ser mancillada. Y lo peor, tenÃa que escribir un cuento que alegrara niños o si no perderÃa la oportunidad de conseguir el trabajo.
Fue al baño, se lavó la cara y regresó al cuarto de la máquina de escribir, se sentó frente a ella y empezó a teclear, en la vieja y pesada máquina: “Érase una vez, en un reino como cualquiera, tan parecido a casa, un Rey Dragón que no tenÃa corazón. TenÃa prisioneras a una joven princesa de ojos plata y a su dulce madre, la reina, tan blanca como la nieve e igual de pura e inocente, como no habÃa dos en todo el reino.
El Rey Dragón, era déspota y cruel, rugÃa siempre “AARGH, AAARGHâ€, trataba muy mal a sus prisioneras, las tenÃa a pan y agua, a veces sin pan incluso y no les dejaba regresar a su casa. Se las habÃa robado a un Rey que toda su vida fue caballero andante, con ellas se habÃa ido su alegrÃa y también su corazón…â€
Nada mal, pensó -Ese maldito perro- tenÃa la imagen tan viva, mÃnimo cumplirÃa con la promesa del cuento para Carolina… prosiguió escribiendo y rápidamente llenó 3 cuartillas, le sobraban las ideas… pero no sabÃa cómo terminar el cuento, el cual a su gusto y con humildad, pensaba que era muy bueno. Llenó su pipa nuevamente, dio un par de vueltas por la habitación y decidió salir a buscar inspiración, era medianoche y querÃa simplemente vagar por la ciudad, cogió un abrigo y salió por la puerta.
La ciudad era muy tranquila a esas horas, poca gente estaba en la calle, uno a lo mucho se toparÃa con alguno que otro borracho o festejado. Eso sÃ, habÃa muchos bares como no pueden faltar en las ciudades donde hay dinero, pero por lo general cerraban temprano. SeguÃa pensando en esos ojos grises… sentÃa como si su corazón hubiera estado congelado durante muchos años y de repente esa pequeña niña llegó con un soplete y le devolvió el fuego al corazón. Odiaba pensar que aquella criatura creciera en un lugar asÃ, con un padre asÃ, sabÃa que toda esa pureza e inocencia se irÃan extinguiendo conforme ella fuera creciendo y conociendo cada vez más del mundo y su dureza cruel. Decidió entonces pasear por el vecindario donde vivÃan Carolina y su mamá, después de todo no estaba lejos y tal vez el simple hecho de estar cerca le confortarÃa un poco el alma. Al llegar vio que las luces de la casa estaban apagados, salvo por la luz de la entrada principal, una pequeña lámpara que colgaba del techo y mantenÃa visible el acceso.
| » | Total Cuentos: | 21.673 |
| » | Autores Activos: | 163 |
| » | Total Comentarios: | 11.740 |
| » | Total Votos: | 908.368 |
| » | Total Envios | 41.730 |
| » | Total Lecturas | 75.999.605 |