PodÃa escuchar su jadeo cada vez más claramente, rápido, arduo, desesperado...
Iba a poco mas de un metro delante de mi, no se cuanto tiempo llevábamos corriendo, que aunque no debÃa ser mucho, para ambos pareciera eterno.
Ella giró el rostro y escuche un pequeño grito seguido de varios sollozos, igualmente mire hacia atrás y percibà claramente que no habÃa manera de escapar, que el final se acercaba inexorablemente...
Ahora estaba más cerca, podrÃa tocarla con sólo intentarlo, ella volteo nuevamente y, aunque fue un instante, pude ver en su rostro angustia, desesperación y un creciente temor, emitió una serie de gritos, sollozos entrecortados mezclados con jadeos, debido al esfuerzo realizado y acelero aún más su carrera.
Mire hacia un lado, hacia el otro y con un ansia apenas contenida miré hacia atrás y supe que nuestra hora habÃa llegado...
En ese instante, ella tropezó cayendo pesadamente, apenas pude reaccionar para no pisarla, intentó levantarse y seguir huyendo, pero le fallaron las fuerzas, giró hacia mi y escuché un -por favor- apenas distinguible entre sus jadeos y sollozos, la miré y no supe que decirle. Dejo de moverse y supe que no habrÃa más intentos de huir, ese era su lÃmite.
Mirándome a los ojos pregunto -¿por qué?
¿Cómo explicarle que cada músculo que en su rostro dibujaba una lÃnea mas de terror, en el mÃo era de placer, de un gozo irracional, incontrolable?
Y es que cada vez que hundÃa la afilada hoja en su pecho y en su rostro creÃa cada vez mas el terror en mi crecÃa el irrefrenable deseo de seguir, una y otra vez, y justo cuando en su rostro se reflejaba el terror infinito, exhaló su ultimo suspiro y yo alcanzaba el clÃmax, para enseguida detenerme súbitamente...
Contemplé extasiado mi obra de arte, grabándome cada detalle de ese rostro perfecto, no lo olvidarÃa jamás, como no olvido los demás...
Limpié cuidadosamente mi pincel y camine hacia la noche, perdiéndome en la oscuridad, en busca del siguiente lienzo para mi próxima obra de maestra...