En un escondite de delincuentes un hombre celoso mató a su rival y a tres hombres más
Marcos Urbina
Cuando Pedro Antonio Arismendi Carrión (26) no tuvo temple para seguir soportando las pretensiones, Marco Antonio, el vecino que aún busca las caricias de Yaritza, su mujer, decidió eliminarlo para siempre; se armó con una pistola de gran potencia, 9 milÃmetros y de un revólver 3-80 y fue a buscarlo a eso de las 3 de la madrugada de ayer al escondite del sector El Cedro de la carretera vieja de La Guaira, donde se ocultaba la banda después de cada incursión, y sin dar ningún aviso previo abrió fuego con las dos armas, para asesinar también a Miguel Angel Orozco Orozco (28), a John Marlon Méndez Plata (25) y a Angel Enrique Cisneros MartÃnez, quienes también estaba en "la concha", luego emprendió la huida hacia sitio desconocido, acompañado de su adorada Yaritza y de los hijos de ésta, uno de 6 años de edad y la otra de 6 meses de nacida.
El grupo de investigaciones número 4 de la delegación de la policÃa cientÃfica en el oeste de Caracas, conduce las pesquisas, ahora encaminadas a la captura de los fugitivos. El comisario Luis RodrÃguez Vieira, jefe del mencionado destacamento policial, indicó que Yaritza hace unos años mantuvo una relación amorosa con Marco Antonio, de quien se desconocen otros datos personales. De esa unión nació un niño que ahora tiene 6 años de edad. Como en la mayorÃa de este tipo de concubinato, la separación se produjo poco tiempo después.
La mujer sola y sin compañero, decidió compartir una nueva etapa de su vida, con Pedro Antonio Arismendi, quien a decir de las autoridades forma parte de la banda delictiva que ha venido asaltando en horas de la madrugada a los usuarios de la autopista Caracas-La Guaira. De esa última relación nació una niña hace 6 meses. Relataron los vecinos a los investigadores, que Yaritza le aseguraba a su nuevo marido, que su galán anterior la seguÃa pretendiendo, y aunque ella lo evitaba permanecÃa el acoso.
Pedro Antonio se fue llenando de odio y de impotencia. Cuando dejaba a su mujer en el barrio para salir en busca de fortuna imprevista, presumÃa que su rival lograrÃa satisfacer las pretensiones ya conocidas. Aquello se le convirtió en un calvario. Advirtió en el vecindario que en cualquier momento se vengarÃa. El viernes en la noche, Pedro Antonio Arismendi Carrión estuvo de farra. Además de consumir bebidas alcohólicas, se enervó con algunas sustancias prohibidas. Supo en el vecindario que Marco Antonio, su rival, pernoctaba en el escondite donde muchas veces se habÃan ocultado los miembros de la pandilla, unas veces para repartir el botÃn obtenido en alguna fechorÃa; otras para enervarse con marihuana, crack o cualquier otro alucinógeno.
Los ojos se le llenaron de sangre, la cabeza empezó a darle vueltas. Consideró que ese era el momento propicio para eliminar a su rival de siempre. Buscó la pistola 9 milÃmetros y el revólver 3-80 con el cual habÃa amedrentado a sus vÃctimas en cada uno de sus lances callejeros. Se equipó con varias cacerinas llenas de balas que colocó en su pistola automática. Puso en ráfaga el arma. Trastabillando a causa de su estado alcohólico, caminó por los callejones en en medio de la oscuridad de la madrugada. Al llegar derribó la puerta del escondite. Allà encontró a Marco Antonio acompañado con miembros de la pandilla. Accionó la pistola y las balas salieron hacia todos lados. Cada una de las vÃctimas fue alcanzada hasta por 9 proyectiles. En el piso quedaron regados más de 30 cartuchos vacÃos, una bala nueve milÃmetros percutada, tal vez accionada dentro del 3-80 la cual no se disparó.
SOBREVIVIENTES
En ese tiroteo se salvaron YesmÃn Guerrero Blanco (28) y Johan Manuel Hidriago (29). Ellos estaban en aquel sucucho donde sus amigos fueron acribillados a tiros. Cuando el instinto asesino de Pedro Antonio Arismendi Carrión se fijó en Johan Manuel, YasmÃn, su mujer ahora embarazada lo protegió con su cuerpo. El pistolero le dijo: "no te mató a ti porque estás preñada; si no los matarÃa a los dos".