No sabÃa adónde ir. Aun tenÃa plata en los bolsillos y unas cuantas horas para hacer cualquier cosa que me entretuviera. Subà al auto y lo encendÃ. Miré el tanque de gasolina y estaba casi vacÃo. Tengo que llenarlo, me dije. Pero si le hecho gasolina no me queda dinero para nada... Respiré hondo y fui a echarle gasolina al auto. Ya en la pista, manejando el auto a cualquier lado, recordé que una amiga me debÃa dinero. No lo pensé y fui hacia su casa. Las luces estaban prendidas. Toqué la puerta, pregunté por mi amiga. Salió, estaba muy bonita. Le iba a decir lo del préstamo pero ella me dio una sonrisa muy picarona que me sedujo. ¿Vamos?, me pidió. Vamos, le dije. Subimos al auto y fuimos, pero, adónde Ãbamos a ir si no tenÃa dinero. Me fijé en mi amiga, tenÃa unas piernas gruesas y bonitas, y sus senos estaban enhiestos como conos. Subà mis ojos hasta sus ojos y cruzamos miradas sin tiempo y centellantes. Me detuve en un parquecito. Encendà la radio. Me le acerqué. Ella no dijo nada. Le toqué las piernas, con las mÃas, lo mismo. Bajé mi mano derecha como una serpiente hasta tocar sus bragas, y ella me la apresó con sus piernas. Seguà serpenteando mi mano hasta tocar sus vellos. Estaba mojadita. Le metà el Ãndice en su vagina, y ella se soltó a la pasión, desparramó su cuerpo como leche hirviendo, mientras yo metÃa y metÃa mi Ãndice derecho. Su cuerpo se tragaba mi mano, mi brazo, mientras mi cuerpo sudaba a chorros... Me bajé la bragueta y saqué mi pene, estaba duro y a punto de reventar. Me la meneé con mi mano izquierda, mientras mi brazo derecho habÃa desparecido en el cuerpo de mi amiga. Todo fue terriblemente delicioso, un fogonazo de placer hasta que otro tipo de fogonazo nos llegó a los ojos, mientras una vos salida de algún lado del infierno nos pedÃa documentos. Era la policÃa. Nos quedamos como estatuas de sal, e inmediatamente nos pusimos en orden. Salimos del auto, mostramos nuestros documentos, acompañamos al policÃa, nos detuvieron por delito contra el orden público. Y luego, llamaron a los padres de mi amiga. Yo no tenÃa padres. Me encerraron por intento de violación, no habÃa mas excusa. Estuve diez dÃas detenido sino fuera porque un amigo me consiguió un abogado, dinero, y una buena tarjeta polÃtica. Salà y en la puerta estaba un tipazo que apenas me vio me dio un trancazo con sus zapatos, era su novio. Casi me mata. Estuve en el hospital. Y cuando me preguntaron el por qué habÃa hecho todo eso, les dije que no tenÃa nada que hacer... y que la chica me debÃa un dinero. No me creyeron. Pero sà creyeron que estaba loco. Puede ser, puede ser...
San isidro, julio de 2006