Cerró sus ojos para no verlo partir.Creyó que su corazón se paraba por el dolor,pero no,sólo latió con más fuerzas,esas mismas fuerzas que hoy después de tantos años,la tienen en pié,esperándolo.
Pasaron días,meses,pasó su juventud,esa juventud que él tanto amaba.No lo olvidó.
Se rodeó de una dolorosa soledad,no volvió a abrir sus puertas al amor,no volvió a decir "te amo".
Sentada frente al hogar,refriega sus cansadas manos,están heladas,el calor de los leños no amortiguan su frío.Está sola.
Su corazón late herido,dolorido,solo.
Nunca más supo de él,jamás dejó de pensarlo.Nunca creyó que ésto pasaría,el no verlo más.
El no despertar en sus brazos, el no sentirse amada.
Largos años la separan de aquel día,mirándose hoy en el espejo,ve la realidad,vuelve a su realidad de golpe.
Su cabellera blanca,cae sobre sus hombros huesudos,frágiles,sus pechos ya no se insinúan,sus ojos secos de tanto llorar perdieron su brillo,su picardía juvenil.
Camina lento hacia la sala, vuelve a acomodarse en ese sillón que la acompaña siempre,silencioso.
Cierra sus ojos,pero ahora esperando su partida.
Querida amiga Zulema: Leo tu cuento y la veo a “ella” en su futuro. Recuerdo aquello que le regalé . Era de Pablo Neruda y decía... “Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre el blanco y los puntos sobre las “ies” a un remolino de emociones, justamente los que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.” "Ella" como la de tu cuento eligió "Morir lentamente"... Te felicito por tu acertada historia. Joaquín