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Morfeo

Me miraba la luna, guiñando el ojo en pos de amor. Su luz llena los caminos más agrestes. Hoy la luna es tierna, huele a leche recién ordeñada; a pasto decorado con rocío. En mis ojos la imagen de esa vaca pastando entre nubes de verdor, causa un efecto alucinógeno. Mis manos se me escurren como brea entre las crines del caballo al viento. Soy un haz de luz. Mañana tal vez claroscuro. Las sombras de la tarde me motivan a crear realidades, un nimbo cúmulo que corre por llegar a la luna y una vez sobre ella parece no importarle, después se va como triste con sus orlas de vapor condensado arrastrándolas por el firmamento. Cuando los ojos se acostumbran a curiosear, danzan aún sin música, y si la escuchan no dudan en dejarse llevar. El canto de las ranas me conduce hasta el lago abandonado, allí unos lotos acuáticos, hacen de pista de baile, allí la vida se da sin complejos. Como aquel que no le queda mucho tiempo retoza entre las laminas de agua, brincan con euforia, quisiera poder ser como ellas, libres.

Mientras deshebro mi cabeza, la almohada mullida invita a mis serpientes hacer nidos en su cuerpo. Cierro mis entradas sólo dos luceritos brillan en la tela de mis párpados caídos. Mi nariz ya no huele aromas terrenales, se ha ido detrás de aquellas flores oníricas, esas que abren sus cuerpos para entregarse sin recelos. Ahí viene Morfeo, con su actitud de Casanova por derecho, sino por convicción. Trae en sus alas las delicias más surrealistas, carcajadas de menta salen por doquier. Tomó la punta de su capa, y me prendó en su vuelo.

En mi lecho una pesadilla pernocta a mi lado. Confieso que fue un sueño. Bebimos jugo de flores machacadas por ambos. Caminábamos largo rato por senderos escuchando nuestras lenguas entonar odas al amor. Sufrimos rasguños agridulces durante el otoño. Hicimos del bosque un hoyo para ser topos de luz. Algunas veces emulamos a las hidra trepando por los cuerpos rugosos de pinos y hóyameles. Y que decir de esas noches que contemplábamos las estrellas justo al borde del lago de las ranas. Orión murió entre los brazos del olvido. Yo entre los de él.
Datos del Cuento
  • Autor: Etérea
  • Código: 386
  • Fecha: 21-10-2002
  • Categoría: Sin Clasificar
  • Media: 5.23
  • Votos: 44
  • Envios: 0
  • Lecturas: 6329
  • Valoración:
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