¡Mujeres y vino hasta que se acabe la moneda!!, así decía gritando por las calles.
Mujeres y vino, ¡dadme mujeres y vino!, y risas y abrazos y millones de marejadas!!, así decía mientras empinaba la botella. Que vengan a mi, yo puedo enamorarme en segundos, yo siempre encuentro entre muchas a mi media naranja, para una noche, tal veces unos días o tal vez descubra con ella que existen mañanas soleadas.
¿qué más da, dos tres? ¡acaso importa? si todo en mi vida es hueco, si no me detengo a encontrar, si tan solo sustituyo besos, abrazos, esperanzas.
¡Mujeres y vino a mi!!, gritaba y gritaba, aprovechemos la noche... que mi cuerpo se haga madrugada...
De repente paró... miró el vidrio, vio reflejado en él su cara, por la superficie de la verde botella se deslizaba una gota de esencia alcohólica... la tapaba una etiqueta que rezaba: bebe para olvidar quien eres... miró la gota, sintió por dentro... quedó dudando...
instantes después otra gota ¿era de vino o era una lágrima?
A lo lejos una mujer vagaba por una calle solitaria, ella simplemente iba llorando, no necesitaba empaparse de vino, sabía quien era, qué sentía y lo que lloraba.