Había una vez una niña. Cada mañana de invierno se levantaba feliz, miraba al cielo y se decía: hum, hoy llueve y hace frío, pongamos la sonrisa por delante para darnos calor, abracémonos un poco más que el resto del año, mirémonos al espejo con la carita lavada y repitamos: qué facciones más bellas tengo, es imposible con estos lindos ojos que la gente no note mi encanto, mi alegría interior, es imposible que nadie pueda resistirse a mi mueca graciosa, a mis ojos expresivos, a mi boca entregada en caricias de palabras, a mi espontaneidad y a mis formas de buena persona. Hoy va a ser un gran día, estoy deseando comenzarlo. ¡Pero que rebuena que estoy!
Y cuando regresaba por las noches, un poco más cansada, con su realidad a cuestas se decía: humm, hoy ha sido un buen día, he logrado llegar a casa, voy a abrazarme un poquito, y antes de lavarme la cara voy a darme un cariñoso beso, voy a sentirme orgullosa de mi en este día porque aunque no haya dejado de llover... hoy con mi sonrisa le he puesto unos rayitos de Sol al mundo.
Lágrima Azul: Es cierto, con una sonrisa todo funciona mejor. A las personas les agrada que les sonrían y el cerebro de la persona que ríe o sonríe se dice a sí mismo que todo está bien y genera endorfinas que nos ponen “de buenas”. Joaquín