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Categoría: Historias Pasadas

Mi diario: cotidiano

Pego un salto de la cama al sonar el interminable timbre del despertador, me despego las tremendas lagañas o bien dormí demasiado, o bien alguien me dio un mazazo mientras dormía. Ya está, renazco de golpe. Las luces se encienden por fin en mi cerebro. La sangre corre de nuevo por mis venas. Empiezo a andar a mi velocidad normal, vivo en Campana y hoy es martes. Observo a través de la ventana herméticamente cerrada a causa de las travesuras de mi adorable perro y comienzo a ver la misma rutina de todos los días. Papá, apurado como siempre y con la tostada con manteca a medio tragar se arregla su única y desgastada corbata a cuadros rojos y azules ¿será qué todavía no se habrá dado cuenta de lo ridícula que le queda?. No, no es exactamente eso, si bien es su corbata preferida, es porque además la plata para comprarse otra está en el maldito corralito, en mano de los chorros más profesionales de todo el mundo.

Mariano, mientras, en la cocina hace renegar a mamá porque todavía el pobre bobo no sabe hacerse ni siquiera una chocolatada.

Por otra parte, Azúcar, mi perro no quiere moverse de al lado de mi cama y necesito urgentemente que se vaya para otro lado ya que mamá, está pasando la aspiradora por única vez en su vida y quiero aprovechar para que aspire todos los papeles de caramelos que deja Micky, mi hermana menor, por el suelo y de paso, también las cenizas de cigarrillos que se encuentran bajo de mi cama.

Sepan que mi perro es esa clase de animal que una vez adulto se vuelve enorme, con pelos que cuelgan hasta el suelo y unos ojazos tontos... Ah! Y que te mira sin cesar con la boca bien abierta. Se imaginan fácilmente a mi perro, imaginárselo no es complicado, vivir con él si lo es.

Hay veces que compadezco a mi madre, ella no es tan tranquila es, mas bien, re-histérica, para que se den una idea... frecuentemente se está tirando los pelos cuando una situación como la de Mariano o la de Azúcar la supera. Me pregunto ¿cómo hará para seguir teniendo tantos en su cabeza?

Nano, (Mariano) es un vago total, hace poco abandonó la secundaria y poco le importa su vida, salvo su grupo de rock and roll “Buenos para nada”, vale decir que los estudios no son su fuente, él está mas dotado para el bajo.

Lo que más odio de la escuela: 1º los tarados de mis compañeros, ninguno de ellos vale la pena, excepto Joaco, que repitió tres veces noveno para poder estar conmigo en el curso. 2º las matemáticas y 3º ...mmm... historia sino fuera por esa profesora ratón, no es una materia tan terrible, Ah! Y sino hubiera tantas fechas para memorizar...bastante me cuesta recordar el cumpleaños de mi papá ¿cómo pretenden, entonces, que sepa el día que San Martín cruzó los Andes?. Finalmente logré retener el día de cumpleaños de papá, fue sencillo; me amenazó con no volverme a regalar nada mas para el mío, si volvía a olvidarlo. Me echo a dormir otra vez, ni ganas tengo de volver al colegio.

Volvamos a Joaco. Lucían tan plácidas las vacaciones de verano y aprendí tantas cosas en ellas por ejemplo, él me enseñó la importancia del humo suave y reconocible del cigarrillo en mi vida, aparte con Joaco teníamos gustos opuestos y comunes entre si, él fanático de Marilyn Manson y Kiss y yo fana de los Blink 182, todavía no puedo creer como nos atraían las canciones en inglés si ni siquiera sabíamos ( ni sabemos) de lo que trataban de decirnos, pero igual que más da si a nadie le importábamos y nadie nos importaba, éramos (somos) grandes, él con sus 17 y yo con mis 15 podíamos hacer lo que se nos cantaba. Tremenda decepción me lleve a casa aquel día, se habían cumplido dos semanas y medias que no lo veía, creo que estuve a causa de ello... un mes paranoica, veía Joaquines por todos lados. ¡Pobre de mí!

Oigo pasos, la escandalosa de mamá tratando de levantarme para ir a la escuela, no puedo decirle nada si me quedo en casa, tengo que limpiarla, y yo, ni loca que limpio un cuchillo o un tenedor, aparte no sirvo para eso. Me pongo, a duras penas, el uniforme y marcho hacia el colegio.

Segundo día de clase y otra vez verle la espantosa cara a la profesora ratón, nariz puntiaguda, dientes largos y amarillos, y la boca fruncida. Una cara y una voz que combinan lo que la hace todo una chica... mejor dicho “vieja” ratón. Me llaman de dirección por el autoparlante ¿en qué lío me habré metido?

Safé del repaso oral de las fechas patrióticas de no sé que. Oigo otra vez –llaman a Ágata Pérez Díaz a dirección- y me digo ¡bueno! Está bien... ya voy. ¡Qué no cunda el pánico! Solo denme un tiempo para bajar los cuatro pisos que me separan de la dirección ¿OK?. Pienso ¿qué tendrán para reprocharme?. Me parece que no hice nada de malo. Incluso diría que últimamente estoy bastante tranquila. ¡Ya sé! Los intriga y quieren saber que pasa. Tercera vez –llaman a la alumna de noveno año Ágata Pérez Díaz por favor presentarse urgente en dirección-. Para mis adentros exclamo ¿¡No podría alguien romper en mil pedazos ese resonante!? ¡Todo el mundo se va a enterar que me mandan a dirección!

Bajo el último piso, pego el chicle en una de las barandas de la escalera, empujo la puerta de secretaria y mi profesor de química me entrega las 51 listas de asistencias y agrega –tiene que repartirlo lo más rápido posible y traerlos nuevamente a mi oficina jovencita Pérez Díaz-. El timbre de fin de clases me libera y a la vez me sorprende con todas las listas de los cursos en mis manos. Corro hacia la escalera tratando de llegar antes de la predecible catastro... demasiado tarde. Los 849 alumnos del colegio se lanzan escaleras abajo, al mismo que tiempo que el alumno 850, en este caso yo, trata de subirlas para buscar sus cuadernos y libros que quedaron en el aula. ¡Después dicen que la vida de una adolescente de quince años es puro descanso!

Regreso a mi casa presiento que habrá problemas esta noche. Mi viejo vuelve de trabajar agotado. Mi vieja comenta con el Nono el lío de Guido Suller y Jacobo Winograd ¡qué papelón! , yo, no pagaría ni un centavo para que un par de idiotas que lo único que buscan es fama y éxito. Repentinamente el perro baboso, Azúcar, trae arrastrando la asquerosa y sucia mochila de Nano. Comienza ladrar mucho. Nadie le da importancia. Todos siguen embobados en sus conflictos. Excepto yo, que doy media vuelta y voy respondiendo a su llamado de atención. Azúcar suelta un ladrido, y otro más, yo, metida (como algunos dicen) reviso las porquerías que hay en la mochila de los Red Hot Chili Peppers de mi hermano. ¡Vaya porquerías! Encuentro un preservativo, las letras de canciones de su grupo preferido y... ¿una bolsita con sal? Acomodo en su lugar velozmente. Llega Mariano, loco y cantando los temas de su banda(¡horrorosos!). Nada raro. Me quedo intrigada con esa irreconocible bolsa.

Como y bebo algo a las apuradas, es tarde, son las 23:45, me voy a dormir; antes de poner un pie sobre mi habitación oigo algo, escucho un ruido seco, como si se estuviera cerrando algo en el cuarto de mi hermano. Sorprendida, me acerco a su pieza con el bate de béisbol firmado por alguien importante quizás, abro la puerta, el chirrido estridente me impide entrar en silencio como la típica película de terror. ¡No lo puedo creer!. Mariano no está. Tanteo su cama y encuentro puras almohadas con una peluca morocha en un extremo de ella. Y ahora... ¿quién podrá defenderme? O mejor dicho ¿quién podrá defenderlo a él? Pero... ¿dónde se habrá metido?.

Voy en dirección a la cocina, la decisión que tomo antes de entrar en ella es cuestión de vida o muerte; o buchoneo a mi hermano(que no se encuentra en toda la casa y termino siendo la peor enemiga de él para toda la vida) o sigo haciendo la mía (como si nada me faltara o me importara). Y eso es lo que hago.

Pero... me despierta terriblemente la curiosidad, hace una hora que no aparece. Voy en busca de los teléfonos de algunos de sus compañeros de la banda hallo el de Juan Felipe Antonio McCanon, para nosotros Boby, ya sé que no tiene nada que ver con su nombre verdadero ¡pero simplemente simplifico mi vida! Marco el numero y oigo del otro lado la línea usted se ha comunicado con la familia McCanon si es tan amable deje su mensaje después de la señal... cuelgo inmediatamente, me pongo nerviosa ¿de qué? ¡No sé!

Me rindo. Bajo las escaleras en un santiamén y les cuento todo a mis viejos. Alienados, pesados como nunca, re-hacen el trabajo en vano de hallarlo en alguna parte de la casa.

Estamos en medio de un caos, todos desesperados, hasta el Nono ¡pobre! Cada vez que trata de decir algo escupe todo, por eso, no aparece mucho en mi diario. Mis viejos alocados llaman a la policía; de nada les sirve, dice que hay que esperar 24 horas para hacer la denuncia, mientras, se mantendrían al tanto de lo ocurrido. Les digo a mis desesperados padres que lo voy a buscar al salón donde ensaya con su banda, no se me ocurre una idea mejor.

Y no se me ocurriría una idea mejor, lo encuentro ahí, tirado, pálido como un zombi, reconozco la bolsa que tiene en la mano, supuestamente para mí, de sal. Me pide ayuda nunca recordé haberlo visto con los ojos tan rojos y babeándose todo. Me dice, moribundo que jamás la droga le cayo tan mal como esta vez.

En ese momento me doy cuenta que está re-dopado y re-tomado todavía tenía la Quilmes en su mano. Lo ayudo a ponerse de pie, salimos a la calle, nos subimos a un taxi, y vamos al hospital donde lo llevan a internación. Llamo a mis padres. Ocupado. Vuelvo a discar y les digo todo. ¡Cuantas calamidades! Mi vieja se desmayo y al escuchar la noticia cuelgo, me prendo un Philip Morris por lo menos me relaja de lo tensa que estoy. Que cosas pasan hoy en día ¿no?
Datos del Cuento
  • Autor: Ali
  • Código: 360
  • Fecha: 21-10-2002
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