La mujer, elegida por el Creador para llevar en hombros la más grandes de las responsabilidades es privilegiada, por el hecho de ser mujer, por ser portadora y dadora de la vida y por ser la ayuda idónea dada como compañera al hombre ¿Por qué entonces oh tu mortal miserable conocido como hombre te encargas de humillarla y mancillarla si tal no fue la idea de Dios?
Tomo permiso de María la madre de Jesús para hablar de otra virgen también llamada María.
María de Los Ángeles nació en un escondido pueblito de una hermosa isla caribeña, una familia anclada a tradiciones ancestrales la recibió aquella lluviosa mañana llena de presagios y la cubrió de amor según se acostumbraba por la época. Era bella la niña, sus mejillas sonrosadas mostraban dos enormes agujeros cuando sonreía, labios brillantes, ojos enormes y almendrados y un mechoncito de dorados cabellos insipientes coronaban la belleza de aquel angelito regalo de bendiciones.
Se levantó María lejos del peligro del mundo que le rodeaba, el amor sobre protector de sus padres no le permitió conocer el terrible mundo que se gestaba allende la cerca de su casa, las turbulentas aguas del devenir cotidiano no significaban nada para ella y llegó así a la adolescencia creyendo en las historias de caballeros andantes y en los cuentos de papá, donde él era el héroe y siempre vencía a cualquier adversidad. Los consejos que le daba la madre parecían vacíos ecos de tambor, ¿valía cuidarse de posibles ataques de enemigos inexistentes? su más osada aventura no trascendía la plaza del pueblo o la vieja sala de cine a la cual solo podía ir una vez al mes si acaso y acompañada de un ejercito de primos y hermanos, la vida era bella, y el mundo seguro, según los ojos de maría.
Se enamoró María, o al menos eso creyó ella, 18 años le parecían toda una vida y necesario era tomar nuevos rumbos, plantear nuevos esquemas, otear en carne propia ese horizonte que solo veía antes desde su ventana. El novio, un rustico hombre campesino, de duro hombro para el trabajo, de rustica mano para la faena, de corta imaginación para el amor fue de inmediato aceptado en casa, ya María era grande se decía mamá, el ayudará con los gastos de la hacienda se decía papá, tendremos un amigo de fechorías se decían los hermanos, y el sentir de María no figuraba, y ella en su inocencia de ser no contaminado creía que eso era la felicidad.
En la puerta de la iglesia María esperaba, el novio no aparecía, desde adentro la Madre de todas las madres, la Madre de todos los hijos, María la eterna parecía que lloraba, la siempre virgen Señora de los Cielos si sabía las verdades de la vida, pero atada de manos por la inflexible ley del libre albedrío nada podía hacer por aquella alma inocente. Después de media hora del tiempo prefijado apareció el novio con un semblante cínico y desinteresado, borracho y hediondo a cigarros y a tugurio, mostrando en todo su esplendor su verdadero ser y el futuro que le esperaba a María. Ya frente al sacerdote La siempre niña, la inocente, la pulcra María sintió un deseo inmenso de salir corriendo, y los ángeles que celosos le guardaban en muda oración le aupaban a hacerlo, pero más pudo el honor cuyas raíces insertadas profundamente en la tradición hacían de ella una mujer de palabra, tenía que cumplir al compromiso aunque en ello le fuera todo, ah, la pobre María frente al cura y a su gente marcaba para siempre su vida con hierro candente.
Continuará........