Mis manos estaban ensangrentadas… no lo habÃa notado… mi cuerpo temblaba con el simple hecho de recordar. Aún tenÃa en mi mano esa pistola que disparé sin dirección y sin piedad… sólo tres tiros para acabar con todo… sólo tres tiros sonaron antes de que cayera.
Mi cabeza estallaba, mis ojos se llenaron de lágrimas y mi corazón comenzó a palpitar mas y mas rápido… recordar momentos que querÃa olvidar… recordaba… alto… recordaba… no de nuevo… recordaba… basta… basta, basta!! Que no ven que no soporto los recuerdos? Son hechos que no llevan más de 5 minutos, pero son hechos que simplemente el tiempo no podrá borrar tan fácil… y ya quiero que pasen 20 años para que se tranquilicen, quiero que pasen 20 años por que de esa forma se harán menos pesados… mucho menos, casi nulos… el latido de mi corazón cada vez era más rápido y yo cada vez me sentÃa con menos fuerza, pero eso no me detenÃa, los recuerdos se abalanzaban sobre mi y las lágrimas cada vez iban mas deprisa.
Cuando cerré los ojos, los siguientes minutos no los recuerdo… quizá me he de haber desmayado, no sé, no estoy segura. Sólo sé que al abrir los ojos, él se encontraba a mi lado, llorando, desconsolado, pidiéndole al cielo que todo terminara y yo sabÃa bien que iba a terminar. Él nos miraba a ambas, lloraba, gritaba, maldecÃa el destino, estaba histérico de dolor. Ella ya no se movÃa, ya no decÃa nada, ni siquiera tenÃa el pequeño aliento de vida que nos queda al morir… ella estaba envuelta en un gran charco de sangre y yo… yo tenÃa mis manos ensangrentadas.
Logré incorporarme y sentarme. Llevé mis manos a la cara y con eso también mi rostro quedó lleno de sangre, pero ya no importaba, ya nada importaba… para qué seguir adelante si ella ya yacÃa en el suelo, sin vida. Me recosté nuevamente en el piso. PodÃa sentir el palpitar de mi corazón, cada vez era mas lento… se calmaba… cada vez era mas tranquilo… y tranquila también estaba yo… cerré los ojos y él volvió a maldecir… sonreà y con eso le dije adiós al hombre que amaba… dejé de respirar… habÃa sido vÃctima de la bala de aquellos desalmados que irrumpieron en nuestro hogar y sin aviso, abrieron fuego contra nuestra familia… y yo… yo siendo la peor de las madres, sólo pude disparar contra el desgraciado que con una sola bala hubo arrebatado la vida de mi querida hija