HabÃa una vez una niña que se llamaba Luisa y que vivÃa cerca de un bosque al cual su mamá le tenÃa prohibido que se acercara porque era muy peligroso.Â
Pero una tarde Luisa estaba montada en su bicicleta cuando de pronto un fuerte viento hizo volar su sombrero por los aires hasta perderse en el bosque. Ella bajó de la bicicleta y corrió detrás del sombrero desobedeciendo el mandato de su madre. SabÃa que aquello podÃa ser peligroso, pero oyó una voz que le dijo que no tenÃa de que preocuparse puesto que su hada madrina estaba con ella para protegerla de los peligros del bosque y le ayudarÃa a encontrar su sombrero.
Mientras la niña esperaba por el sombrero encontró por el suelo una fila de hormigas y se dedicó a molestarlas con un palito para entretenerse.
El hada, que estaba viéndolo todo mientras volaba por el aire hacia Luisa llegó enfadada:
Pero Luisa, ¿Cómo haces eso a las pobres hormigas? Ellas no te han hecho nada.
Bueno hada, son hormigas... ¡qué mas da!
¡No da igual! Son seres vivos igual que tú asà que por favor no lo vuelvas a hacer. Además de esto no vuelvas jamás a adentrarte en el bosque, es peligroso, y si no llegó a estar yo podrÃa haberte pasado algo o podrÃas haberte perdido y hacer que tu mamá se preocupara mucho.
¿Mi madre? ¡Pero si ya sabÃa que me habÃa ido con la bicicleta!
El hada se dio cuenta de que Luisa era muy egoÃsta y que no mostraba ninguna compasión por que los demás lo pasarán mal por su culpa asà que decidió darle un escarmiento.Â
Bueno Luisa, recuerda lo que te he dicho. Aquà tienes tu sombrero y vuelve a casa lo antes posible. - dijo el hada - y despareció volando.
Al minuto aparecieron por el camino del bosque un montón de hormigas gigantes. Cuando Luisa las vio empezó a llorar con mucho miedo y a correr gritando al viento:
¡No me hagáis daño por favor! ¡No os querÃa molestar!
Claro, ahora resulta que no querÃas molestarnos... – contestó muy seria una de las hormigas- Hace un momento no sentÃas compasión ninguna por nosotras y nos has estado molestando.Â
Lo sé y os pido perdón, de verdad, me arrepiento mucho. Hada buena, por favor, te lo suplico, haz que no me hagan daño por favor, por favor… no volveré a hacerlo -suplicó Luisa para sà misma-
De inmediato las hormigas se hicieron diminutas y continuaron caminando por donde vinieron. El hada madrina volvió a aparecer de nuevo:
- Bueno Luisa, espero que hayas aprendido la lección. Ahora pide perdón a tu madre por llegar tarde y haberle desobedecido.Â
- Sà hada, asà lo haré, puedes estar segura. Gracias por todo hadita – Luisa se puso su sombrero y se despidió.