| :: | Sin Clasificar |
| :: | Infantiles |
| :: | Fábulas |
| :: | Mitológicos |
| :: | Terror |
| :: | Tradicionales |
| :: | Otros |
| :: | Hechos Reales |
| :: | Ciencia Ficción |
| :: | Historias Pasadas |
| :: | Patrióticos |
| :: | Sueños |
| :: | Policiacos |
| :: | Románticos |
| :: | Cómicos |
| :: | Misterios |
| :: | Estudiantes |
| :: | Metáforas |
| :: | Religiosos |
| :: | Aventuras |
| :: | Bélicos |
| :: | Históricos |
| :: | Urbanos |
| :: | Educativos |
~~Las abuelas indias de una tribu del Ecuador cuentan de qué manera dos hermanos se salvaron de ahogarse durante un gran diluvio. Es una historia antigua y por eso resulta diferente y curiosa.
Por esas tierras y montes hay una altÃsima montaña que tiene una virtud: cuando las lluvias causan inundaciones, sus cumbres se elevan dando estirones hacia el cielo, de manera que parece una isla que nunca se sumerge. Y fue a esta montaña a la que subieron los dos hermanos, niña y niño, cuando el gran diluvio desbordó mares y rÃos.
Sus nombres se olvidaron, pero podemos llamarlos Chonta y Pila.
Cuando vieron que el mar comenzaba a cubrir la tierra, Chonta tomó de la mano a Pila y corrieron hacia la cumbre salvadora que los libró de ahogarse. Toda la montaña temblaba a cada estirón de su mole y los niños tuvieron que quedarse agarrados a las raÃces y a las rocas para no rodar hasta los abismos.
En cuanto pasó la lluvia, Chonta y Pila se asomaron a mirar los valles y vieron que todo estaba cubierto de agua. No podÃan bajar al lugar donde estuvo su cabaña; recorrieron la cumbre y encontraron una caverna que les servirÃa como refugio. Salieron a buscar algo que comer, pero sólo hallaron unas hierbas duras y raÃces.
– ¡Ay! -lloró Pila-, ¡me duelen las tripas de hambre!
– A mà me gustarÃa tener una cabeza de plátanos y un ananá jugoso -suspiró Chonta.
CorrÃan entre las rocas levantando piedras para hallar algún bicho, pero en la noche estaban tan hambrientos como al alba.
Una tarde, al caer el sol, llegaron a la caverna sin aliento ya para seguir viviendo.
 Entonces la niña vio sobre la piedra donde machacaban las raÃces un mantel de hojas frescas y sobre ellas, frutas, carnes, mazorcas de maÃz y todo lo que habÃan soñado comer durante tantos dÃas.
– ¡Mira!, ¿quién habrá traÃdo esta deliciosa comida?- gritó Pila.
– No lo sé- contestó Chonta. Y se abalanzó sobre los manjares sin hacer preguntas.
Pila hizo lo mismo y cuando estuvieron satisfechos se pusieron a dormir.
 En sueños oyeron gritos y risas de los guacamayos, esos grandes loros que habitan en las oscuras selvas de los valles.
Al despertar, no tuvieron necesidad de recorrer los montes, porque los misteriosos seres continuaron llevándoles comida dÃa a dÃa. Nunca alcanzaban a verlos; acudÃan sólo cuando los niños dormÃan o se alejaban de la caverna.
Sintieron una gran curiosidad de saber quiénes eran los que con tanta generosidad los alimentaban; la curiosidad fue creciendo, sobre todo porque ya no tenÃan mucho que hacer, sino contemplar los valles convertidos en lagos y jugar.
– Escondámonos cerca, entre las rocas- sugirió Chonta.
– Asà sabremos quiénes son- dijo Pila.
Antes del amanecer ambos se escondieron junto a la caverna. Estaban nerviosos e impacientes. Pasaron las horas, el sol empezó a calentar las rocas y, con el calorcito, a los niños les dio sueño.
De pronto, algo que sobresaltó a Pila y a Chonta tembló en el aire como un arco iris. Al poco rato oyeron un fuerte aleteo y sonoros gritos. Se asomaron con cuidado y vieron unos grandes guacamayos los mismos que habitaban en las selvas, cerca de su antigua cabaña.
 Sin embargo, su aspecto era diferente, sus plumas de radiantes colores no relucÃan.
 Entonces se dieron cuenta de que los loros venÃan disfrazados con delantales y gorros de cocineros, lo que a los niños les pareció extraordinariamente cómico.
 Les dio tanta risa que no pudieron seguir escondidos.
– Mira, Chonta, son loros disfrazados- se burló Pila.
– ¡Ja, ja, ja!, ¡mira cómo las plumas les asoman por debajo de los delantales y de los gorros! -gritó Chonta, sujetándose la barriga de risa.
Los loros se enojaron al oÃr las burlas. No les gustó tampoco haber sido descubiertos. Con las plumas erizadas y los ojos chispeantes volaron lejos, llevándose la comida.
Los niños rieron largo rato; pero al ver que los guacamayos no regresaban y que luego pasaron los dÃas sin que les trajeran alimentos, comprendieron su imprudencia y su ingratitud.
– Ahora moriremos de hambre por habernos reÃdo de nuestros amigos -gimió Pila.
– Tal vez si les pedimos perdón, los hermosos guacamayos vuelvan a salvarnos- razonó Chonta.
Con sus últimas fuerzas, gritaron mañana y tarde pidiendo perdón a sus bienhechores por haberlos espiado y por burlarse de sus disfraces.
 Al dÃa siguiente, con gran rumor de plumas, los guacamayos regresaron; esta vez no llevaban vestimentas sino que lucÃan su maravilloso colorido.
Los niños crecieron y engordaron con la buena alimentación y con la alegrÃa de tener tan graciosos amigos.
Todas las tardes se asomaban a los abismos para ver si el agua bajaba en los valles; y asà comprobaron que lentamente volvÃan a formarse los rÃos, las lagunas y los mares; la tierra se secaba y surgÃan las selvas.
Un dÃa Pila y Chonta decidieron regresar al lugar donde estuvo su cabaña, pero no querÃan perder a los loros, no sólo porque los habÃan alimentado, sino porque eran unos pájaros muy bellos. Sus parloteos, sus cantos y sus vuelos luminosos eran una compañÃa reconfortante.
– Guardemos uno para nosotros- resolvió Pila, convertida en una muchacha-. Asà no tendré tanto que trabajar cocinando.
Cuando los guacamayos vinieron como siempre, con los alimentos, entre los dos hermanos apresaron a uno de ellos y le recortaron las alas para que no pudiera volar.
– Perdónanos por hacerte esto, amigo, pero no queremos perderte al bajar al valle – le explicaron.
Lo llevaron consigo montaña abajo, amarrado de una pata.
Pero estas aves nunca abandonan a uno de los suyos, asà que toda la bandada siguió a los muchachos hasta el sitio donde antes vivieran.
En el valle los guacamayos se transformaron en seres humanos, en muchachas y muchachos alegres y hermosos: sus ojos brillaban y sus cabelleras tenÃan reflejos multicolores.
Pasó el tiempo. Pila y Chonta se casaron con aquellos seres de extraña belleza, llenos de buena voluntad. Según la leyenda, este es el origen de una raza indÃgena ecuatoriana.
Las abuelas de las tribus concluyen asà la historia:
“Aquellos loros misteriosos fueron dioses de las antiguas selvas y sus virtudes y poderes benéficos se transmitieron a sus descendientesâ€.
| » | Total Cuentos: | 21.673 |
| » | Autores Activos: | 163 |
| » | Total Comentarios: | 11.740 |
| » | Total Votos: | 908.368 |
| » | Total Envios | 41.730 |
| » | Total Lecturas | 75.999.605 |