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Emilio Ruiz trabajaba en el departamento de informática de CTBC. Fue un prometedor ingeniero de alto intelecto y buenas ideas pero cuando lo saltearon en un puesto de mediana jerarquÃa se trastornó. Ron Pol, asà se llamaba quien lo llamó aquella fatÃdica tarde (¿porque será que las malas noticias son peores en las primeras horas de la tarde?), se identificó como directivo de IAR y le ofreció el mismo puesto por el mismo salario (¿cómo se habrÃa enterado?). Emilio declinó la oferta dado que replicó que por más responsabilidad mayor salario pero no hubo caso. Por su pantalla pasaban todos los proyectos de CTBC, detallados, precisos, completos. Entonces se le ocurrió otra cosa. Un mes después se convertÃa en espÃa de IAR por cantidades de dinero que cuadruplicaban su salario en CTBC. Esa tarde recibió un llamado de Ron, parecÃa muy exaltado.
-         Me enteré… - decÃa Emilio… - toda una fatalidad. –
-         Escucha, Emilio… - DecÃa Ron. - …necesito tu ayuda. Mi cabeza pende de un hilo. Si no le doy al hijo de puta de Sodosky algo muy grande me hunde… y tú conmigo. –
-         Ron yo hice todo bien… -
-         ¡Lo se, lo se!. Pero a veces no alcanza. El dinero que ganas justifica que de tanto en tanto te extremes un poco. Ese momento es ahora. Es a vida o muerte. Tienes veinticuatro horas.
-         ¡¿Qué…?!. ¡Oye está loco…yo no puedo…!. – Pero la comunicación se cortó y por más que Emilio lo intentó y lo intentó ya no pudo comunicarse con Pol.
Frenéticamente comenzó a operar su computadora. Ante sus ojos desfilaban todos los proyectos de CTBC pero no encontraba fisura alguna, todo estaba debidamente documentado. DebÃa darse prisa, alguien notarÃa su injustificada permanencia en esos archivos, pero las bases de datos se agotaban una tras otra y nada. Tras cuatro horas de búsqueda decidió salir de la rutina de búsqueda para no despertar sospechas. SeguirÃa al otro dÃa y, si no encontraba nada, deberÃa huir del paÃs para evitar a la ley y, peor aún, a Sodosky, quien seguramente lo mandarÃa matar. Estaba por salir del programa que habitualmente usaba cuando una tardÃa orden de archivo llegó. Leyó el encabezado y su corazón se aceleró: Un trabajo de Cara Mason, una de las más encumbradas cientÃficas de CTBC. Leyó el asunto y una corriente de algarabÃa le recorrió el alma: Tejido biosintético adherente a cualquier material y autoregenerativo. No lo podÃa creer, lo que IAR venÃa buscando desde décadas para darle aspecto humano a sus robots. El formato venÃa en borrador para archivar pero con un detalle y una prolijidad injustificable para un formato tan primario. Claro que se trataba de Cara Mason, una investigadora increÃble, poseedora de una prolijidad y una atención en los detalles prodigiosos. Era un regalo del cielo, nadie podrÃa reclamar un trabajo indocumentado y si IAR trabajaba presta y organizadamente podÃa considerarlo suyo. Era el golpe maestro. Luego de esto desaparecerÃa escondiéndose en alguna remota isla del pacÃfico a disfrutar de los jugosos dividendos obtenidos por este trabajo. No era una tarea de espionaje cualquiera, era la cima. Copió el archivo en su disco portátil y se encaminó a la salida. Ya en la calle llamó al móvil de Pol. Esta vez lo atendió.
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                                   …………………………….
Io Sodosky no podÃa creer lo que habÃa en su computadora: Un trabajo increÃble de Cara Mason listo para ser patentado y sin derecho a reclamo ni demanda. Desde la pantalla del videófono Ron sonreÃa con toda su dentadura. Sin embargo el rostro de Sodosky seguÃa sombrÃo.
-         ¿Cómo has conseguido esta joya?. –
-         Es demasiado bueno para ser verdad, ¿no?. –
-         ¿Quien es el contacto?. –
-         Emilio Ruiz… -
-         Ah… -
-         Ya hizo varios trabajos para nosotros… -
-         Si… -
-         ¿Le doy curso?. – Sodosky le dio un momento de suspenso a la charla.
-         Por supuesto. – Sentenció al fin. Ron Pol salió de su despacho a la carrera. Esta vez no habrÃa errores.
Un punto negro voló desde un armario a la espalda de Sodosky hasta la abertura de climatización. Una luz de espanto infinito se pintó en el obsesivo anciano.
- ¡¡¡Una mosca en mi despacho!!!. – Vociferó. Y salió corriendo a las duchas quÃmicas. Mucha gente perderÃa su empleo hoy.
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Al otro dÃa un grupo de tres directivos de CTBC pedÃan entrevistarse con Sodosky. Cuando el fundador de IAR se enteró esbozó una sonrisa socarrona.
“Seguramente vienen a entregar la empresa†pensó y se soñó ofreciendo a los derrotados directivos un precio infame por CTBC. Pero la actitud de los tres hombres que ingresaron a su despacho (excepción hecha solo por el momento de gloria presunta pero sin excluir el barbijo) era muy distante de la que imaginaba y eso lo desconcertó. Sin mediar muchas palabras le mostraron el video donde él y Ron Pol hablaban del hurto al trabajo de Cara y una confesión escrita de Emilio Ruiz.
-         Nadie irá a la cárcel si acceden a nuestros términos. – Le decÃa el máximo directivo de Seguridad Industrial. – Incluso archivarÃamos la confesión de Ruiz pero en lo que a usted respecta tiene veinticuatro horas para declarar el cierre de IAR y retirar sin cargo el paquete accionario del mercado de valores. – Sin decir una palabra más se retiraron con paso ágil.
Al otro dÃa Sodosky declaraba el cierre y quiebra de IAR y tres horas después se suicidaba “higiénicamente†en su mansión. Nadie pudo nunca develar como se habÃa filmado ese video, es decir, casi nadie.                  …………………………….
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Cara estaba en el despacho de Has tomando un te de cerezas mientras miraba a su amigo con expresión pÃcara.
-         Debo reconocer que me fui de boca, de idiota no tienes un pelo. –
Has miraba concentrado un pequeño frasco de vidrio con algo muy pequeño y negro dentro.
-         En lo futuro me empeñaré mucho más en los detalles. Reconozco que si la miras con algo de atención te das cuenta de que realmente no es una mosca pero, ¿quién mira una mosca con atención?.– Dijo el cientÃfico en nano-tecnologÃa.
-         Y menos aún el obsesivo Sodosky. –
-         Lástima que no la mirara de frente,… - dijo mirando aún la mosca robot en el frasquito - …me hubiera gustado tener una imagen de su cara espantada y su grito de horror. -
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