Desperte asustada en mi habitación, donde el sopor del verano hacÃa resecar la garganta aún oculto el sol.
Me levanté, y di pasos en la oscuridad para buscar el picaporte. pero no lo hallaba. Quise encender la luz, pero el interruptor parecÃa haberse fundido a la pared.
El pánico empezó a sofocarme, no podÃa salir, no podÃa ver. La oscuridad densa del cuarto y mi corazón que cabritaba desbocado sobre mi pecho.
Y fue allÃ, que tuve la certeza más absoluta y aterradora. No estaba sola.
PodÃa oÃr la respiración de alguien más, de alguien que desde la oscuridad, agazapado, me observaba.
Empecé a golpear la puerta, esta vez al punto de querer derribarla a puñetazos. En mi frenesÃ, sin percibir el dolor de mis nudillos sangrantes pude oÃr como el piso sedÃa sobre el peso de una pisada, crujiendo aterradoramente detrás de mÃ.
Aquello se acercaba cansinamente y la locura y la desesperación me aturdió al punto de caer en un grito agónico y gutural al suelo, perdiendo la conciencia por completo.
Cuando abrà los ojos, el pequeño ventiluz estaba iluminado.
Respiré profundamente, sabiendo que aquello era solo una funesta pesadilla. Intenté incorporarme, pero un dolor tajante me lo impidió. Al quitar las sabanas el horror me invadió. Aquel, aquello, eso, me habÃa cosido la piel de las piernas al colchón y habÃa producido profundas laceraciones en mi vientre, con una inscripción aún mucho más aterradoras. "ESTA NOCHE, VOLVERE".