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Categoría: Terror

Laberinto infernal

Hace tres años conocí a alguien, no podía imaginarme quién era en realidad aquella persona, me dejé convencer por todo lo que él me dijo.
Él me citó en un lugar, llamado Laberinto Infernal, estaba muy lejos de mi casa y sé que no tendría que haber ido, pero él me había prometido que en ese lugar iba a encontrar algo maravilloso, algo único.
Pero todo fue un engaño, cuando llegué a aquel sitio me dí cuenta de que mi amigo era un demonio que pretendía quedarse con mi alma, las paredes de ese lugar estaban hechas de fuego:
-Tienes que llegar al final de este laberinto-me dijo él-si lo consigues antes del amanecer, podrás volver a casa, y no nos volveremos a ver más.
Él desapareció en una nube de humo y yo empecé mi recorrido por Laberinto Infernal.
Avanzaba en medio dem aquellas llamas de fuego que me rodeaban, pero cada vez que avanzaba creyendo que delante mío había un espacio libre para seguir hasta el final, aparecía de la nada una pared de fuego que me bloqueaba el paso, y tenía que retroceder.
Pronto me vi en medio de un pequeño cuadrado de fuego, no había salida, daba vueltas aterrorizada mirando las cuatro paredes que habían a mi alrededor.
Asustada, retrocedí un paso hacia atrás, entonces me di cuenta de que la pared que había detrás había desaparecido, seguí andando hacia atrás, y comprobando como las paredes de fuego iban desapareciendo a mi paso, había encontrado la clave para poder encontrar la salida a Laberinto Infernal.
Y aún faltaba muchísimo tiempo para que saliera el sol.
Pero de repente encontré una pared de fuego que no desapareció, estuve a punto de arder entre las lamas del fuego, pero me salvé milagrosamente.
Intenté saltar esa pared, y lo conseguí, pasé al otro lado, sana y salva.
Seguí andando hacia atrás pero las paredes seguían sin desaparecer, y sabía que no iba a conseguir saltarlas todas, pues las llamas de fuego llegaban cada vez más alto.
Miré el reloj de pulsera que llevaba puesto, empecé a asustarme, y empecé a correr hacia atrás, había comprobado que si andaba hacia delante no conseguía nada, y quería salir de ese sitio lo antes posible, así que empecé a correr y vi asombrada que las paredes de fuego desaparecían dejándome el paso libre hasta la libertad.
Cada vez corría más deprisa, el nivel de las llamas bajaba, las paredes eran tan bajas que ahora ya no hacía falta que corriera o andará de espaldas para que éstas desaparecieran, simplemente tenía que saltarlas, y no hacia falta ni que tomará impulso para efectuar el salto, y cuando me quise dar cuenta todo el fuego desapareció, ya no había nada en ese lugar, estaba rodeada de arena por todos los lados, como si me encontrara en medio de un desierto.
Sentí como si una fuerza invisible me elevara por los aires y atravesando el cielo azul, llevada por la corriente aparecí al lado de mi cama, dentro de mi cuarto, había entrado volando por la ventana, las puertas de ésta se cerraron, retumbando los cristales con el impacto de su cierre, y junto con ese desagradable ruido escuché de nuevo la voz de mi amigo, aunque no conseguí verlo a él:
-Has superado la prueba, y ahora te dejaré libre.
Tras superar el susto de aquella noche, los rayos del sol me deslumbraron al asomarse en el horizonte.
Cada vez que echó la vista atrás y pienso en todo lo sucedido, me hace recordar todo el miedo que sentí estando en aquel lugar, rodeada de fuego por todos los lados, y aunque pasaran mil años, nunca podría olvidar el nombre de ese lugar, Laberinto Infernal.
Datos del Cuento
  • Autor: carolina
  • Código: 25511
  • Fecha: 24-04-2012
  • Categoría: Terror
  • Media: 4.8
  • Votos: 35
  • Envios: 0
  • Lecturas: 3854
  • Valoración:
Comentarios


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2 comentarios. Página 1 de 1
nicol
invitado-nicol 13-11-2013 22:59:16

me encanto pero tengo una duda que paso con el amigo osea se fue y que paso con el laberinto inafernal

Jorge
invitado-Jorge 13-09-2012 00:00:00

Por medio de este escrito quiero confezarle a todos que yo, Alvaro alias Alev, soy Pepe y tambien Jorge. Me inventé nombres para molestar a alguien a quien yo admiro mucho y algún día quisiera llegar a ser tan bueno como él; aunque eso es practicamente imposible, tomando en cuenta que yo solamente soy un puto miserable ¡¡¡QUIERO QUE ME PENETREEEEN!!! ¿Se han dado cuenta de mi manera de opinar tan burda? Quiero que se usen exactamente las palabras que yo quiero. Si a alguien se le ocurriese poner, como ejemplo. En aquel día en que el sol brillaba... yo diré que la palabra día está de más. Como si yo tuviera el derecho de elegir la cantidad de palabras que un escritor debe usar y cuales. Un día voy a una exposición de pinturas, veré un cuadro digamos de un paisaje y diré que el pintor es malo, pues si una nube que yo sienta que está de más, lo diré. Así que un escritor no debe decir hola amigo, pues la palabra amigo está de sobra. Como si así hablara la gente, de manera limitada o los libros debiesen tener pocas palabras porque a mi me parece que estarán de más

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