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Cuando abrió los ojos por la mañana se dio cuenta de que era muy tarde ya para ir a trabajar— ¡Ah! diablos, me he quedado dormido, ahora no podré tomar desayuno. Ni modo me tocará tomarme solo un café— se levantó de la cama a regañadientes, aún cansado, apenas podÃa despegar los ojos, los tenÃa muy hinchados. Fue a prepararse el café, como todas las mañanas, pasó junto a una radio muy vieja que le habÃan heredado sus abuelos, le ocupaba gran espacio y él no gustaba mucho de las antigüedades—mañana la vendo en una tienda de antigüedades ¿Dónde abra una? —aunque no era enserio, esa radio era un regalo de sus queridos abuelos, quizás solo lo dijo porque se levantó con el pie izquierdo.
Fue hasta la cocina, echó los granos y el agua caliente en la cafetera y se recostó a esperar su café. De pronto una voz muy grave se escucha en la casa—mocoso, mocoso— lo llama la voz ronca. Agranda los ojos por el miedo, mira a todos lados con el corazón acelerado, pero no ve a nadie. La voz se detiene, entonces se alegra y trata de convencerse de que solo es una alucinación por el cansancio, sin embargo la voz continua—ven aquÃ, mocoso—, por fin se da cuenta que la voz no irá a ningún lado y pregunta.
— ¡¿Quién eres?! ¿Qué quieres de m� ¿Eres un fantasma?
— ¿Un fantasma? Jajajaja— rÃe lentamente la voz grave— no, no soy un fantasma. Ven a la sala y te mostraré quien soy.
—No quiero, aquà estoy bien— responde con miedo.
—Ven no te hare daño.
—No —grita.
—Ven— ordena con fuerza la voz ronca.
—E… está bien—se dirige lentamente a la sala, mientras los busca en todos lados con la mirada—. Ya estoy aquÃ, dime donde estas.
—Voltea a la izquierda.
Gira a la izquierda, tal como le dice la voz ronca, pero no hay nadie solo la radio vieja.
—No hay nadie allÃ.
—Si hay, yo estoy aquÃ.
—Pero allà solo está la radio vieja—La mira detenidamente y se da cuenta de que el sonido proviene de la radio.
—Ya te diste cuenta.
— ¡Ah! —grita por el susto, luego cae sentado hacia atrás— tú ¿me estás hablando? o es solo una coincidencia con algún programa de radio.
—Claro que te estoy hablando.
— ¡Radio! —grita una voz chillona— ya es suficiente, para susto ya estuvo bien, se va a dar cuenta de que los artefactos hablamos.
— ¿Qué dijiste? ¿Quién eres?
—Pero si tú ya se lo dijiste, control.
—Oh, tienes razón. ¡Maldición! Que tonto soy.
—Perdónalo, no es su culpa. Volviendo al tema, ¿Quién te crees que eres, mocoso? ¿Crees que puedes deshacerte de mà asà nada más? Ya habÃa sido fabricado antes de que tú nacieras. ¡Ah!—se lamenta la voz ronca—y pensar que personas tan buenas como tus abuelos tuvieran un nieto tan mal criado, acaso no tienes respetos por tus mayores.
—Ese que hablo, era el control de la tele ¿no? — pregunta, pues ya se le habÃa pasado el miedo.
—Oye, mocoso, ¿me estás haciendo caso?
—Son solo ustedes dos o son todos los artefactos.
—No puedo responderte eso.
—Seguro que son todos—Dice con tono concluyente.
—No sé.
—Asà que no me lo vas decir—piensa un momento y luego suelta una sonrisa macabra, ya sé cómo hacer que me lo digas—Va a la cocina y trae un pocillo con agua—. ¿Vez este celular? Me lo compre hace unos seis, pero no es tan bueno como creÃ, asà que hace tiempo que pensé en comprarme uno nuevo, como ya no lo necesito puedo deshacerme de él como quiera ¿no?, estaba pensando en sumergirlo en este pocillo.
—No te atreverÃas, allà están tus contactos, los perderÃas.
—Te equivocas, mis números están enlazados a mi cuenta, y antes de que lo digas, puedo tener mi número de nuevo. Asà que ¿Qué decides? —lentamente acerca su teléfono al agua, hasta que este llega a tocar el agua.
—Detente.
— ¿Por qué? Si solo son ustedes, entonces no hay problema, es solo un celular.
— ¡Radio, dile! —Dice el control con su voz chillona.
—… ¡Esta bien, te lo diré! , pero para.
               Aleja el celular del agua y deja el pocillo en la mesa.
— ¿Entonces?
—Monstruo, ibas a ahogarlo, es solo un bebé. Sà todos los artefactos eléctricos hablamos.
              Entonces, el celular empieza a vibrar y se escucha el llanto de un infante.
— ¡Gya! ¡gya! TenÃa miedo tÃo radio.
—SÃ, lo sé, pero cálmate que ya todo está bien.
               Después, muchos gritos de reproche se escuchan al unÃsono en la habitación.
—No podÃas evitarlo ¿no?, radio.
— ¿Qué querÃan que hiciera? No pueden dejar morir a una criatura.
—Pero nos echaste a todos ahora.
--… Lo siento.
— ¡Guau! ¡Todos hablan! Oye y por qué mi celular es un bebe, ¿es por su fecha de fabricación? —pregunta a la radio.
—Más o menos.
—Y por qué el control es tonto, hay alguna razón o es simplemente asÃ.
—Las cosas que hacen menos cosas humanas, son la menos inteligentes.
—Ni una palabra más, radio, no podemos permitir que sigas revelando nuestros secretos—dicen todos los demás artefactos.
— ¡Vaya! aun no puedo creer que todos estén hablando—dice, ignorando todas la palabras que no le interesaban—, esto no es un sueño ¿no?
—No.
—Entonces es real.
—Claro que no es real. ¡Oigan, todos, este cree de verdad está hablando con nosotros!—dice la radio, burlándose.
—Jajajaja—RÃen todos, incluso el control y el celular.
— ¡De que se rÃen!
—Cómo crees que los electrodomésticos van a hablar, bueno yo, puedo que lo entienda si hablamos de mÃ, pero por ejemplo el control, de donde crees que viene el sonido.
—Bueno… tienes razón en eso, pero entonces que pasa aquÃ.
—Estas alucinando, mocoso, y el hecho de que te lo dijera quiere decir que ya vas a despertar.
—Como que alucinando, a que te refieres.
—MÃrate en el espejo de tu cuarto y podrás verte tirado en tu cama con una pipa.
               No lo puede creer, se queda pensativo por unos momentos, pero aun asà va al gran espejo que tiene en frente de su cama. Lo que ve allÃ, es a él tirado en su cama sujetando una pipa. Se horroriza, pues en su alucinación era un importante hombre de negocios que a veces se desvelaba trabajando y por eso se levantaba tarde, se sentÃa realizado como persona en su alucinación, pero la realidad era completamente diferente. Luego, en silencio, va de nuevo a donde la radio.
—Entonces, ¿Cómo regreso?
—Puedes regresar a tu mundo por ese “espejo mágicoâ€â€” Dice la radio en tono sarcástico.
—Te burlas de mi desgracia. No te caigo muy bien ¿no?
—…
No espera la respuesta de la radio y se dirige a su habitación, pero antes de que salga de la sala habla la radio— ¡mocoso!— sin voltear se detiene a escuchar que tiene que decir la radio—deja las drogas—en la misma posición solo atina a decir—um…—, luego entra al espejo y desaparece.
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