Al atardecer, cuando el sol iniciaba su camino hacía la otra parte del mundo, ella iniciaba el suyo hacía el otro mundo que era su vida durante la noche.
Dejaba las lágrimas en la almohada y dibujaba su mejor sonrisa antes de salir a la calle. Notaba como la gente la depreciaba, lo notaba en las miradas sesgadas de algunas mujeres y en las de deseo de algunos hombres que aún deseándola jamás se hubiesen acercado a ella.
El paraiso soñado y ofrecido con engaño se había convertido en un infierno del que no podía salir por el momento; debía volver con algo que ofrecerles a los que la esperaban, los que creían
a través de sus cartas que, estaba viviendo en el paraiso soñado.
Lébana: Es un escrito donde uno ve la realidad desde una ventana. Estamos protegidos de la intemperie. La gente que está protegida puede ver pasar a esa mujer con desprecio. Ciertamente es triste su situación. Tal vez quienes la esperan en la casa sean boquitas hambrientas. ¿Qué se podría hacer por ella que no disfruta lo que hace? ¡Pobrecita! Joaquín