En el fondo de aquel estanque. aquella moneda dorada con tantos deseos, y todos apretados en ella, la moneda, posada por el peso de tanta ilusión, sumergida en aguas encantadas, brillando retadora desde su posición, amenazando con revivir, renacer, surgir de nuevo y aflorar en las aguas.
En el fondo de aquel estanque estaba esa esperanza.
Llegó un niño, agitó con precipitado empeño las aguas, salpicó a una niña y luego todo se desvaneció.
La niña quedó triste pensando ¿porqué me impides ver mi deseo? dijo después con su voz infantil.
El niño con voz firme, categórica, expresiva, redundante dijo de esta manera:
- Olvida, olvida y olvida, mójate, empápate de gotas, no de ideas, no de pensamientos, no de recuerdos, olvida, por favor.
La niña acercó su mano al rostro del niño y le dio un tierno beso en la mejilla, le dedicó una mirada comprensiva, un entre a medias de sonrisa y luego dijo:
- Perdona estoy cansada, voy a dormir un ratito, hasta mañana.
Entonces la pequeña se encaminó hacia el borde del estanque y asomándose, se detuvo, unos cabellos rizosos florecieron en aquel espejo plateado, sus ojitos se ampliaron para decir:
- ¡mi moneda!, ¡mi linda moneda!, ¡¡está ahí!!, nadie se la ha llevado, estás ahí, llena de mis anhelos.
Y metiendo su mano la recoge y le posa un tierno beso en su fría superficie dorada y le dice con humedecida alma infantil:
- Quédate ahí, ¿vale?, quédate en el fondo de este estanque, que te vean todos los niños, que todos sepan que tienes mis deseos dentro de tu metálico cuerpo.
Y diciendo esto, de nuevo vuelve a lanzarla, de nuevo la ve caer, de nuevo la ve posarse, el niño ya no está, nadie salpica el agua, ya nadie interrumpe ese instante privado. Solo está ella y su moneda, nadie impide que vea sus reflejos.
Su deseo de estar sola parece haberse cumplido.
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Cuando llevamos mucho tiempo tratando de olvidar, un puro recuerdo es la única forma de crear una despedida.
Lágrima Azul: Cuando leí tu cuento vino a mi memoria La Cueva de Covadonga en el Cerro Cueto, Asturias. Si hay algo bello, bello en el mundo es esta cueva donde cabe una basílica y sobra espacio. De hecho allí se encuentra la Basílica de Nuestra Señora Santina. Debajo de la cueva hay una fuente de agua, pura, cristalina de montaña; Es la Fuente de los Siete Caños y se dice que... “Si una mujer bebe de los siete caños, sin respirar; se casa dentro de un año.” ¿Qué tiene que ver la cueva con tu cuento? Resulta ser que unos metros por debajo de la cueva hay una gran roca de donde sale una catarata. Abajo se forma un pequeño lago y las personas arrojan allí su “moneda de los deseos”. Por cierto, cuando estuve allí vacié una cantimplora y la llené con agua de los 7 caños... luego fui al pequeño lago y arrojé una moneda. Mi deseo fue que la mujer que bebiera de mi cantimplora se casara conmigo... ¿Habrá alguna que quiera un poco?... ¿Tú sabes de alguien...? Tu cuento en sí, es tierno y bonito y me trajo este recuerdo... Joaquín