Había una princesita en el castillo de "Nunca acabar", en el país de ninguna parte..., donde el sol se convertía en luna y la luna en estrella...
Estaba la princesa rezagada en el tormentoso recuerdo de un pasado doloroso, en la tristeza del sendero desviado de rumbo ya que el camino inicial, donde se forjan todas las iusiones, las fantasías, los planes... fué destrozado por batallas que ni siquiera ella libraba. Quedose impavida en el nuevo sendero, donde la luz ya no brillaba, donde no habia un destino, donde no eran necesarias fuerzas para contínuar... solo se dejaba llevar por el aire como la pluma descolgada del ala del ágila.
En la oscuridad del sendero, se hizo una pequeña luz..., una luz sin nombre, sin sombra, sin pasado ni presente, sin futuro, sin principio, sin final... pero era una luz con la suficiente fuerza para ver dentro de sí misma. El fulgor de esta luz le mostró cuanto bello existe dentro de ese corazón casi mustio por el sufrimiento.
No tardó mucho tiempo en observar que todo aquello que ella sabia sentir se lo dedicaba segundo a segundo a esa "luz", a esa extraña estrella que sin saber porqué, se detuvo alli... dándole un poco de calor.
El sendero oscuro, se convirtió en un ocaso contínuo de colores rojos y amarillos, donde no se podía definir el horizonte, pero alumbraba el negro terciopelo convirtiéndolo en suave algodón frágil, dulce caricia al caminar... y la princesa, caminaba y caminaba..., era indiferente el sentido, lo importante era sentir la caricia constante del profundo sentimiento.
La luz está dejando de brillar, se está apartando devolviéndo de nuevo el negro al sendero, de nuevo... poco a poco... regresan las ganas de nada, el cansancio de buscar mil horizontes, las piedras se van haciendo una a una de nuevo en este camino...
De nuevo otro sendero, de nuevo otro silencio, de nuevo la oscuridad...
Tal vez la "luz" alumbre este sendero, tal vez se crucen los caminos, tal vez esto no termine en pasado, tal vez... siempre lo fué.
Pero todavía... todavía te quiero.