En la humilde casucha a la salida hacia el camino real de la medieval Gales una joven pareja se despedÃa entre sollozos, Robert Smith, el don nadie del pueblo, pues a pesar de su indudable destreza en la elaboración de arcos y flechas no cubrÃa las expectativas del colectivo del poblado, famoso por sus invalorables cerámicas y porcelanas utilitarias, abrazaba a la joven damisela tratando de infundir confianza en un futuro incierto.
- No lloréis más Calandria, dulce avecilla mÃa, me es imprescindible e ineludible asistir a esta cita con el destino
- Amado mÃo, podrÃa no verte más.
Comprendiendo la magnitud del sufrimiento de su amada Robert trató de convencer a la inconsolable dama con argumentos que aun por encima de sus intenciones sonaban vanos y sin fuerza.
- Necesario es que limpie mi honor, Sir Howard Picklestone me insultó frente a ti y frente al Conde en pleno patio del Castillo de Caemarfon, siendo su merced testigo de semejante injusticia incomprensible es que me pida desistir de este duelo para lavar nuestro honor.
Calandria, joven niña procedente de las bellas tierras de AndalucÃa habÃa llegado a Gales en una de las famosas caravanas de intercambio que para aquella época eran comunes en la naciente Europa, su padre habÃa ganado los favores del conde de Caemarfon agradecido este por las finas delicateses que el traficante español le ofrendaba, por lo cual a este le fue fácil ubicarse en las cercanÃas del castillo, y que mejor lugar que el pueblo de Portmeirion, cuyas excelentes cerámicas y porcelanas dejaban pingues ganancias al ser transportadas hasta la lejana AndalucÃa, por último la presencia de Robert habÃa garantizado a los hombres de Don Eulogio, como se le conocÃa al padre de Calandria de buenas armas para la defensa de las caravanas.
Calandria se habÃa prendado de Robert tan pronto le conoció, y este habÃa ganado los favores de don Eulogio por su habilidad con el arco y la flecha y su perfecto dominio del andaluz lo cual era poco usual en Gales, y a pesar de la poca estima de la que gozaba Robert en el poblado, esto no fue impedimento para ganar los favores de aquellos extranjeros de generoso corazón, en palacio badie vio con mal ojo la relación de los jóvenes, solo Sir Howard Picklestone, quien en secreto amaba a Calandria se habÃa jurado acabar a como diera lugar con aquel romance.
- Olvida todo amado mÃo, huyamos a España, rogó la joven
- No puedo, si duro me ha sido vivir en este poblado como inútil, peor me será vivir el resto de mi vida como cobarde.
Llegó el carruaje del padrino, eran las 5 de la mañana, una espesa niebla cubrÃa el camino, el sitio, a unas trecientas yardas de la humilde vivienda habÃa sido convenido por diferentes razones, si el joven ganaba, regresarÃa de inmediato para huir lo antes posible con su amada y asà evitar posibles represalias del conde, si su contrincante ganaba, de acuerdo a la cruel costumbre de la época en esta remota región todas las propiedades del caÃdo serÃan quemadas.
Desapareció el carruaje tragado por la niebla, llevando en sus entrañas a dos enjutos cuerpos embutidos en negros trajes, portando una caja con las armas mensajeras de muerte y venganza, pólvora y balines.
Los minutos transcurrieron con una lentitud abismal, luego un seco chasquido, lejano, portador de funestas noticias tocó al corazón de Calandria…
Hoy en Snowdonia, vieja Gales se cuentan diferentes finales para esta historia, unos dicen que Sir Howard Picklestone ganó y quemó todas las posesiones de Smith, asesinando en el periplo a la joven Calandria, otros que Smith hirió de muerte al Sir y logró huir hacia España, yo por mi parte creo en esta última tesis, sino de donde provendrá José MarÃa Smith, viejo amigo mÃo que aunque Uds. no lo crean tiene mas de 4 generaciones ascendientes establecidas en la hermosa AndalucÃa.
Ya sabes que me gusta mucho como escribes, que te admiro muchisisimoooo! y siempre soy muy reiterativa en mis comentarios, verdad? Mis saludos.