| :: | Sin Clasificar |
| :: | Infantiles |
| :: | Fábulas |
| :: | Mitológicos |
| :: | Terror |
| :: | Tradicionales |
| :: | Otros |
| :: | Hechos Reales |
| :: | Ciencia Ficción |
| :: | Historias Pasadas |
| :: | Patrióticos |
| :: | Sueños |
| :: | Policiacos |
| :: | Románticos |
| :: | Cómicos |
| :: | Misterios |
| :: | Estudiantes |
| :: | Metáforas |
| :: | Religiosos |
| :: | Aventuras |
| :: | Bélicos |
| :: | Históricos |
| :: | Urbanos |
| :: | Educativos |
Voy por un camino rodeado de edificios en ruinas, lo que queda de lo que posiblemente fui un bonito barrio de periferia. Nunca he estado aquà antes.
Al final de la calle, casi tocando el horizonte con las orejas, hay un caballo. Sus ojos atraviesan todo el camino como un disparo teledirigido y me traspasan. Sucumbo. Tiene miel en la mirada y las crines embadurnadas de tinta china. En una de sus patas una herida sangrienta y asquerosa rompe con la estética de toda esa belleza amazónica; nunca estamos tan seguros de haber rozado la perfección como cuando un hecho desagradable nos recuerda que la hemos perdido para siempre.
He visto antes orejas asà de afiladas, pelos igual de salvajes y miradas aún más intensas y rutilantes. También he observado numerosas heridas, pero ninguna tan honda, tan asquerosamente profunda: llega a reflejarse en sus ojos. Me acerco. Voy a ayudarte, le digo. Cuando mis dedos rozan el encarnizado hueco, algo sucede. Un frÃo repentino se apodera de mis manos y aferrándose a mis brazos va recorriendo todos mis músculos. Entonces la veo. Me enfrento a su luz y a su altivez. Y el recuerdo me tumba de bruces contra el suelo.
Se llamaba Forastera. HabÃa nacido muy lejos y recorrido cientos de kilómetros hasta llegar a la casa. No habÃan hecho falta presentaciones, enseguida se unió a la tropilla, aunque en su andar se notaba su extranjerÃa.
Cuando llegó, yo tenÃa seis años. Seis pequeñÃsimos años en los que creÃa que ya lo sabÃa todo. Apareció para rebotar todas sus mis certezas, firmes como la de cualquier niñita de seis años, que ya ha vivido lo suficiente. Ella, con los ojos más negros que habÃa visto en mi vida, evidenció mi estupidez y la de todos los que me rodeaban. Siempre habÃa sentido afinidad por los caballos pero cuando nuestras miradas se encontraron supe que hasta entonces no habÃa sabido nada de esos animales; incluso no sabÃa nada del amor.
Los humanos se apoderan de la vida salvaje y la vuelven necesariamente propia; convierten a seres que han nacido libres en objetos o propiedades. Entonces no lo veÃa asÃ, y me parecÃa fantástico que ella hubiera llegado para que yo pudiera montarla. Ahora recuerdo esos ojos y los mÃos se inundan.
Vuelvo. El desconocido caballo de crines negras sigue aquÃ. No hay rastros de la herida. Simplemente, ha desaparecido. Pero la memoria, no. El recuerdo ha vuelto para instalarse, y me obliga a revivir las imágenes de mi huida atropellada; ése dÃa en el que tuve que irme para salvarme (y no pude salvarla). En este instante entiendo más a esa yegüita, tan extranjera, ahora que yo también lo soy. Y aunque mi mente intente olvidar el pasado, los sueños vendrán para rememorar aquéllo que habita en lo más profundo de mi ser; en ese espacio donde Forastera galopa libre y foránea.
| » | Total Cuentos: | 21.673 |
| » | Autores Activos: | 163 |
| » | Total Comentarios: | 11.740 |
| » | Total Votos: | 908.368 |
| » | Total Envios | 41.730 |
| » | Total Lecturas | 75.999.605 |