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Roch era un hipopótamo muy peculiar. Roch vivÃa en el zoo, rodeado de otros animales, como jirafas, elefantes, gacelas, osos, monos, tigres, leones y muchos más.Â
Roch se llevaba bien con todos, aunque no se mezclaban nunca. Hablaban a lo lejos y se hacÃan compañÃa en la distancia. Pero un dÃa Roch se dio cuenta de que él era el único de su especie. Todos los demás vivÃan con otros como ellos, tenÃan crÃas y podÃan compartir intereses comunes.
Roch empezó a sentirse muy solo. No sabÃa por qué a él no le habÃan buscado compañeros de su especie, asà que decidió salir él mismo en busca de uno. Pero no sabÃa cómo salir de allÃ.
Esa noche hubo un gran tormenta. Llovió tanto que se formó un enorme rÃo. La fuerza del agua y la violencia del viento se llevaron por delante casetas, sillas, mesas e incluso las sombrillas gigantes que daban sombra en el merendero.Â
Al ver una de estas grandes sombrillas flotar en el agua del revés Roch tuvo una idea. Aprovechando el viento se dejó empujar por él y se lanzó contra la valla que lo mantenÃa encerrado. De la primera embestida Roch consiguió salir.Â
Roch se dejó llevar por la corriente hasta que alcanzó la sombrilla gigante que buscaba. El hipopótamo se subió en ella y se dejó llevar.Â
Roch navegó durante dÃas, bebiendo el agua de la lluvia y comiendo lo que podÃa rescatar en la corriente. Pero, un dÃa, la corriente cesó y el rÃo se secó, dejando solo pequeño charcos.Â
Roch no sabÃa dónde estaba y a dónde debÃa dirigirse, asà que lloró y lloró hasta quedarse dormido, deseando que todo aquello solo fuera un sueño.
Al despertar, Roch se encontró que seguÃa subido a la enorme sombrilla que lo habÃa sacado del zoo. Armándose de valor, Roch dijo:
-Saldré de aquà por mi propio pie e iré en busca de alguien que pueda ayudarme. No conseguiré nada quedándome llorando.
Roch cogió un camino que habÃa cerca del charco donde habÃa acabado su viaje. El hipopótamo caminó decidido hasta que, a lo lejos, vio algo que parecÃa una gran reserva de animales.
Roch echó a correr, esperando encontrar allà a otros como él, pero no habÃa nadie. El diluvio habÃa destrozado el lugar y no parecÃa quedar ningún animal. Tampoco habÃa personas por allà que pudieran ayudarlo.Â
De repente, Roch escuchó algo a su espalda y se dio la vuelta. Frente a él habÃa un caballo.
-¿También te has perdido? -preguntó el caballo.
-Sà -respondió Roch-. Estoy solo. Buscaba a alguien como yo.
-Entonces está de suerte, porque estoy igual que tú y busco lo mismo. Somos iguales -dijo el caballo.
-Perdona, amigo, pero yo soy un hipopótamo y tú un caballo. No somos iguales -dijo Roch.
-No somos de la misma especie, pero los dos estamos solos, lejos de nuestra casa y buscamos compañÃa -dijo el caballo-. Juntos podremos superar esto mejor que por separados.
Roch miró a su alrededor y se dio cuenta de que no habÃa nadie más. Todos habÃan huÃdo y no sabÃa dónde estaba.Â
-Es verdad -dijo Roch-. Creo que este es el principio de una gran amistad.Â
Desde entonces, la peculiar pareja recorre los caminos buscando otros animales solos que se quieran unir a ellos. Tal vez no hayan encontrado a otros de su especie, pero están juntos y son libres.
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