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La foca friolera

Había una vez una pequeña foca muy friolera que quería dejar el Polo Norte para irse a vivir a un lugar más cálido. Todo el mundo se reía de ella, porque ¿dónde iba a irse ella, con lo lejos que estaban de las zonas de calor?

-Eres una foca, y las focas viven en el Polo Norte -le decía su mamá-. Tendrás que acostumbrarte, como todas las demás.

-Pero yo quiero ir en busca de calor -decía la pequeña foca. Pero su madre siempre acababa la conversación de la misma manera.

-¡Que no! Este es tu sitio, ¡Y punto! No irás a ningún sitio, porque lo digo yo

Un helador día de verano -porque en el Polo Norte hace frío incluso en verano-, cuando el hielo ya se había derretido en el mar, la pequeña foca decidió escaparse e ir en busca de un lugar más calentito. Pero al poco de salir tuvo que darse la vuelta, pues un enorme monstruo intentó comérsela.

-¿Qué era eso? -se preguntó la foca-. Ya podía haberme avisado mi madre de que había animales tan grandes y tan hambrientos por ahí.

-Era una ballena -le dijo un charrán que pasaba por allí. 

-¡Pues sí que era grande la ballena! -dijo la foca-. Gracias, amigo pájaro.

Al día siguiente, la pequeña foca se fue sin que la vieran a buscar otra playa de hielo por la que huir. Pero enseguida tuvo que volver, pues aparecieron unos extraños animales a dos patas que portaban extraños artilugios. A poco estuvieron de verla. Menos mal que se dio cuenta y se dio la vuelta a tiempo. 

-¿Qué era eso? -se preguntó una vez más la foca.

-Cazadores furtivos -le dijo el charrán, que andaba por allí.

-¿Me estás siguiendo? -preguntó la foca.

-No, pequeña foca, no -contestó el pájaro-. Solo sobrevolaba la zona y he visto lo que ha pasado. ¿Es que tu madre no te he contado los peligros que hay ahí fuera?

-Mi madre es una mandona que no me comprende -dijo la foca. Y se fue por donde había venido, dejado al charrán con la palabra en el pico.

Al día siguiente, la foca volvió a intentar escapar por el mar. Pero esta vez esperó a la noche, pensando que así ningún depredador ni cazador la vería. Pero lo que no vio la pequeña foca fue al oso polar que la estaba siguiendo y que se había lanzado al agua para cazarla.

Estaba a punto de alcanzarla cuando la foca, por eso de que le entró nostalgia por dejar su casa, se dio la vuelta y lo vio venir. Reaccionó enseguida y se escapó por los pelos.

La pequeña foca llegó a casa, toda abatida. Su madre le preguntó qué había pasado. La foca le contestó:

-Pues que eso de que el que la sigue la consigue es un cuento tonto. Por perseguir mi sueño casi me come una ballena, casi me atrapan unos cazadores furtivos y por poco me come un bicho blanco y peludo.

-¿Un oso polar? -preguntó su madre.

-¿Cómo voy a saberlo, si te pasas el día mandando y refunfuñando? -dijo la pequeña foca. 

-Si obecedieras….

-Si me explicaras las cosas….

-Tú tienes que hacer lo que yo digo.

-¿Por qué? Porque lo dices tu, ¿no?

-Porque yo soy más mayor y sé lo que te conviene. 

-Pues explícame eso, porque yo tengo mucho frío y lo único en lo que puedo pensar es en irme de aquí.

La mamá foca abrazó a su pequeña hija y le habló de todos los peligros que le esperaban fuera, de por qué no podría sobrevivir en un clima cálido y sobre lo importante que era escuchar a los mayores, que tienen más experiencia de la vida.

-Entonces, ¿nunca conseguiré mi sueño? -preguntó la pequeña foca.

-Hay sueños que están fuera de nuestro alcance por nuestra propia naturaleza -dijo la mamá foca-. Pero, si aún así quieres intentarlo, debes pensar más en lo que hacer y conocer mejor los peligros y las dificultades a las que te enfrentas.

-Gracias por explicármelo, mami -dijo la pequeña foca-. Ya sé lo que haré.

-¿Qué harás?

-¡Construir un barco! ¿Qué otra cosa si no? Tengo un amigo charrán que seguro que me echa una mano.

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