HabÃa una vez, en un bosque muy lejano soleado y bonito, un par de amigos muy singulares. En uno de los rinconcitos del bosque, bajo un gran alcornoque siempre podÃas encontrar a la ardilla “Flipy†y a su amiga la flor “Margaritaâ€.
Se pasaban horas y horas hablando, charlando de las cosas que les ocurrÃan, haciendo los deberes del cole, y sobre todo, disfrutando cada segundo de su amistad.Â
Durante muchos meses el sol brilló, hacÃa una temperatura muy agradable para poder jugar por el bosque y disfrutar de las horas de vacaciones del verano.Â
Poco a poco, el tiempo fue cambiando, vinieron oscuros nubarrones que dejaron sus gotas de lluvia por doquier, anegándolo todo.Â
El viento gélido irrumpió en el bosque silvando y moviendo todo lo que tocaba. Flipy empezó a notar que su amiga Margarita cada dÃa que pasaba estaba más mustia y pocha. No tenÃa alegrÃa y sus pétalos empezaron a caerse.Â
Flipy preocupada volvió a su madriguera, esperando que el dÃa siguiente fuera mejor para su amiga Margarita. Al dÃa siguiente, Flipy comprobó asombrada como ya no quedaba ni rastro de Margarita, solo un pequeño tallo emergÃa del suelo. Todo estaba cubierto por la nieve, no habÃa rastro de su amiga, y empezó a sentirse muy sola.Â
Le preguntó a su mamá que qué habÃa pasado con Margarita. No podÃa creer que su mejor amiga le hubiera abandonado sin tan siquiera despedirse, y comenzó a llorar.
Su mamá le dio un vaso de leche calentito, y le explicó que Margarita en el invierno tenÃa que desaparecer, quedando sus raÃces en el suelo, porque ese era su ciclo de la vida. Pero que con la llegada de la primavera y los primeros rayos de sol que fundieran la nieve que ahora lo cubrÃa todo, con un manto blanco, su amiga Margarita volverÃa a irrumpir en su vida.Â
Pasaron los dÃas, las semanas y los meses. Flipy iba al cole, hacÃa sus tareas y vivió un invierno triste, pero a la vez ilusionada por la llegada de la primavera.
Nunca deseó tanto que hubiera un cambio de estación hasta ese momento. Y no era por el frÃo que hacÃa, ni por la oscuridad de los dÃas. Era porque deseaba volver a ver a su amiga más que nada en el mundo.Â
Llegó Marzo, una mañana en la que sus amigos los jilgueros comenzaron a silbar alegremente, Flipy se levantó de un salto .Vio como el manto de nieve que lo cubrÃa todo hasta donde le alcanzaba la vista habÃa desaparecido, y comprobó con mucha alegrÃa que el sol habÃa salido de entre las nubes, y el ambiente era cálido y agradable.Â
Corrió rápidamente hacia el lugar donde vivÃa Margarita, bajo el gran Alcornoque, y cuál fue su sorpresa cuando vio a Margarita en la lejanÃa. Se estaba despertando de su larga siesta y desperezándose para volver a poner en funcionamiento todas las partes de su cuerpo.Â
Flipy abrazó a su amiga, y ésta se alegró al verle tanto o más que Flipy. La ardilla emocionada le dijo que creÃa que la habÃa perdido, que habÃa hecho algo que le habÃa molestado y por eso se habÃa ido.Â
Margarita, sonriente, le dijo a su querida amiga que no le dio tiempo a despedirse de ella, porque la nieve vino sin avisar, pero que sabÃa que la esperarÃa para compartir nuevos momentos de diversión y alegrÃa, porque los buenos amigos se esperan siempre, pase lo que pase.Â
Desde entonces Flipy y Margarita fueron los mejores amigos del bosque, se entendÃan y comprendÃan a la perfección y lo que era más importante, tenÃan una valiosa amistad.Â
Y colorÃn colorado, este bonito cuento se ha acabado…