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Categoría: Metáforas

La extraña flor

Con tus sueños de realidad, has roto mis sueños de persona. Con tus deseos de ocultar lo intocable has destapado tanto mi vida, has puesto tan al desnudo mi fragilidad entre las fieras, que ya solo siento vergüenza y no hallo ropas de dignidad con las que taparme. Siento la desnudez como la flor siente y se duele en lo más íntimo cuando van arrancando, sin motivo alguno, uno a uno, sus pétalos de vida.

Estás rodeado de personas que alaban tu forma de pisar fuerte, tan fuerte que toda la hierba a tu paso se doblega sumisa y si cometes un error, si en los desvíos de tu camino a alguien haces daño, no hay flor en tu vida que exprese llanto y derrame lágrimas de sensibilidad sobre tus equivocaciones pero que al mismo tiempo mantenga con cariño la fortaleza de sus principios para obligarte a bajar la cabeza en señal de humildad y así hacer renacer en ti con la esperanza del perdón el brillo de tu honestidad. No hay flor, ninguna hay.

Hubo una pero ahora yace sin nombre en el extremo más extremo de esa rama que abandonaste, aún sobrevive pero tan solo es un manojo de pétalos enganchados en espinas, reunidos todos para darse calor y mantener fuerzas recuerdan vagamente la figura de una pequeña flor deformada y extraña, sin nombre, descatalogada, frágil y solitaria.

Pero esa flor, sin llamarse flor, aún te mira altiva, se levanta por encima de toda tu desmesurada vanidad de sentimientos y con la quietud de quien sabe que ya nada le queda por perder, escondida, tan solo para que no ya veas esos colores que tanto te asustaron de ella, te mira desde lejos, observa como vas arrasando entre los alivios de los demás la parte auténtica de tu vida.

Y en los días y en las noches en que en un atisbo de honesta claridad comprendas lo injusto que fuiste y desees volver a ver cómo graciosamente aquella flor extendía confiada sus pétalos entre tus manos sin pedirte nada, tan solo sintiéndose bien al escucharte, al escucharla, solo recordarás que de forma cobarde y mirando hacia otro lado la arrancaste con crueldad y desperdigaste por el campo de tu incomprensión e intolerancia ese pequeño manojo de sensaciones que tan solo pretendía con humano sentimiento darle un color auténtico a tu vida para adornar con cariño de verdades lo que había perdido su valor en la descuidada habitación de tu confianza.

Y tan solo era una flor, pequeña y extraña, pero tenía tanta fuerza, tanta ilusión y tanta magia que se necesitó un ejército de desprecios y engaños para acabar con ella.
Datos del Cuento
  • Autor: :-)
  • Código: 9860
  • Fecha: 08-07-2004
  • Categoría: Metáforas
  • Media: 6.18
  • Votos: 87
  • Envios: 6
  • Lecturas: 1421
  • Valoración:
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