~Me llaman "La chica de los 15 minutos". Siempre, siempre, por muy importante que sea la cita que tenga, llego tarde 15 minutos. Mi madre nunca se enfadó por eso. Un dÃa me dijo que era de nacimiento. Nacà en el mismo momento en que el general Tejero daba unos tiros al aire en el congreso de los diputados. Ségún me contó, alguien empezó a chillar en la sala de al lado donde mi madre me daba a luz, y la matrona que la estaba atendiendo, nerviosa por no poder ver lo que estaba ocurriendo, metió la mano dentro de mi madre y cogiéndome del cuello, tiró de mÃ, me soltó sobre el vientre de mi progenitora y se fué a ver que pasaba en el congreso.
Asà que puede decirse que mi llegada al mundo pasó inadvertida para todo el mundo. Para todos, excepto para mi madre.
Ella, viéndose sola, se las arregló para coger unas tijeras que habÃa en una mesa con instrumentos médicos, cortó el cordón, le hizo un nudo, y acostándome a su lado, se dió golpes en la barriga hasta que pudo echar la placenta. Luego me dió unos azotes en el culete, y cuando vió que lloraba como una descosida, me metió su teta en la boca y nos dormimos las dos.
A mi madre, de tan solo 17 años, y a mÃ, de 10 minutos de vida, nos daba igual qué estaba pasando en el congreso de los diputados, quien disparaba a quien, que era el congreso y quienes eran esos hombres que se peleaban por televisión.
Mi madre me dijo un dÃa que ese hombre querÃa ser rey. Osea, eso del "quÃtate que me pongo yo". Y el rey de verdad, el que tenemos ahora, le dió dos galletas y lo llevó a la cárcel.
A mà no me pareció justo.
Al dÃa siguiente, le dije a mi seño en el cole que porqué no dejaban que ese tal Tejero fuese rey. "Solo una semanita o dos"-le sugerÃ.
Recuerdo que mi seño me miró desde su asiento, se acercó a mÃ, me soltó un guantazo y me dijo:
-Cállate, insolente, y dile a tu madre que es ella la que tiene que ir al colegio.
Se lo dije, pero no solo no fue al colegio, sino que le pinchó las ruedas de su coche para que ella tampoco fuera.
-Asi no se las dará de lista, la remilgada esa.-Me dijo mi madre.
La seño nunca supo quién le pinchó las ruedas, pero eso no le impidió seguir llendo a clase.
Cuando tenÃa 4 ó 5 años, le pregunté a mi madre por mi papá. Mi madre me dijo que habÃa echo un viaje astral y ya nunca se supo. Yo no sabÃa lo que era un viaje astral, y mi abuela Trini me dijo que era un viaje a Australia, un paÃs que está en otro planeta y que la nave se habÃa estropeado y no podÃan volver.
Me lo imaginé viviendo con bichos verdes, con antenas como las que tenÃa la tele de mi vecina y empecé a hablar con él asomada a la ventana, utilizando la aguja de hacer punto que usaba mi madre para desatrancar el fregadero.
Pero otro dÃa, mi abuela, que le empezaba a fallar la memoria, me contó que mi padre se hábÃa perdido mientras hacÃa un laberinto en la puerta de mi casa. Le pregunté que para que era el laberinto y me dijo que para que los espÃritus malos no encontrasen el camino para entrar en casa.
-Asà que papá era un espÃritu malo, ¿no?-le pregunté yo.
-No hija,- me aclaró ella.-Lo que tu padre era es un sinvergüenza.
-Pues eso.-le contesté.- Un espÃritu malo.Devolvà la aguja al fregadero y me olvidé de el.
Cuando se aproximaba mi décimo cumpleaños en el cole nos pidieron que escribiésemos en un papel qué era lo más importante de nuestra vida, y yo escribÃ:
-Tejero, y mis 15 minutos.
-¿A qué Tejero te refieres?
-Al de los tiros.-le contesté. Y me miró algo raro, el hombre.
En ese momento no me dijo nada, pero cuando me iba para casa, me preguntó qué tenÃa que ver Tejero con mis 15 minutos y qué sabÃa yo de Tejero.
-Pues era un hombre que querÃa ser rey- le expliqué.- y como no le dejaron, cogió su escopeta de matar jabalÃes y se lió a tiros y por su culpa, la matrona me sacó a tirones de la barriga de mi madre 15 minutos antes de que me tocara salir. Una faena, vamos.
El profesor me miró con ojos como platos y despues casi se desternilla de risa. En mi propia cara.
-Pues él no se reÃa despues, profe.- Le dije.- El rey verdadero le dió dos tortazos y lo metió en la cárcel todos los dÃas de su vida.
Esta mañana, casi 19 años después de aquella conversación, he tropezado con aquel profesor.
Me ha reconocido y me ha preguntado que cómo llevo lo de los 15 minutos.
-TodavÃa los echo en falta.-le he contestado.
Y ha vuelto a reirse como aquel dÃa.
Y esque, 15 minutos, son 15 minutos. Y es mucho tiempo.