Había escuchado que esta mujercita paraba vestida de novia, que tenía mas de sesenta años, que era viuda por cinco veces, y que estaba buscando un nuevo marido... Aquella misma mujer, estaba parada en la puerta de mi casa pidiendo casarse conmigo.
Por supuesto que ante ese precedente no la dejé hablar y le tiré la puerta en sus narices. Pero, al ver que esta loca maldita tocaba y tocaba la puerta, tomé la decisión de llamar a la policía para que usara los medios posibles en solucionar este fastidio...
Apenas llegó la policía (parecían conocerla), se la llevaron en el auto patrulla. Seguramente - pensaba - la llevarán a un cuchitril y la dejarán lejos de mí. Más tranquilo, me eché a dormir, pero cuando estaba empezando a pegar los ojos, escuché nuevamente el timbre de mi casa y la voz de mierda de aquella mujerzuela... Salté como un grillo. Cogí mi bate de beisball y salí a la puerta dispuesto a patearle el culo a la vieja. Sin embargo, me quedé frío al verla con las ropas hechas jirones, la cabeza sangrando y cojeando como perro atropellado.
- ¡¿Qué te ha pasado, mujer?! - le dije.
- Nada bueno, caballero... Me siento cansada. No podría darme un espacio en su casa para reposar un par de horas... Le juro que muy temprano me iré de su hogar, caballero.
La vi tan desamparada que ni siquiera pensé en las advertencias que tenía de su persona. La hice pasar a mi casa. Le di una de las piezas de mi mansión (mi hogar gozaba muchos cuartos, vivía solo desde que mis padres murieron), y me fui a descansar... Toda la noche tuve sueños extraños. Soñé que estaba en una isla llena de policías, y todos estaban con unas antorchas rezando a una estatua de blanco, muy parecida a la vieja…
A la mañana siguiente fui a buscarla a su cuarto pero, tal como me dijo, no la encontré. Salí hacia mi trabajo, y en el camino, leí en un periódico pegado en la luna de una tienda la noticia de que ayer por la noche un carro policía sufrió un terrible accidente, pereciendo todos los que estaban en el auto patrulla... Me pegué a la luna y continué leyendo y, ante mi estupor, leí que la casa en que yo vivía se había incendiado, producto de una fuga de gas, y que el dueño, había muerto carbonizado...
Pensé que todo era una alucinación, pero al tratar de ver mi rostro reflejado en la luna, no pude… Descontrolado, salí corriendo hacia mi hogar, y efectivamente, estaba arrasada. Traté de gritar y no pude. De pronto, vi que la mujer vestida de blanco se me acercaba, mirándome con los mismos ojos que el día anterior, y riéndose como nunca antes he visto reírse a nadie. Me cogió de las manos y me llevó a un extraño lugar, lleno de gente con velas en la mano, y que nos miraban con ojos sin vida ni brillo...
Diciembre del 2004.
No le abriste la puerta por miedo a la vieja, entrará a tu casa por tu piedad. Ella siempre encuentra la forma de llevarte cuando te toca el turno. Me recordó a Wenseslao a quien dijeron que la muerte lo andaba buscando, así que se afeitó el coco (la cabeza de las orejas para arriba j)para no parecerse a él. Cuando llegó la muerte dijo: Bueno como no encuentro a Wenseslao, me llevo a coco pelao. Felicidades Joe. Me gustó el cuento. Es diferente. Es bueno leer variedad.