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Categoría: Terror

La Maltratada

La Maltrada, anda por casa de puntillas, con el temor reflejado en el rostro de perder las ideas, y pisar sin querer los versos de su esposo el Científico Poeta, que escribe gazapaillos literarios para el diario local "La Espera", eso cada día del año; el silencio exigido es silencio de ancuvina.

La cinta de la bata, de La Maltratada, le tiene manía, manía cabezona; enredándose en cualquier parte; dejándose atrapar aquí y dos pasos allá; ocasionando toda clase de estruendos a los oídos delicados del poeta, que se desgañita desaforando el misterio de su Musa:

-¡Maldita, inculta, borracha, modistilla de hebra larga! ¡Deja de hacer ruido!

La Maltratada piensa: "¡Cosiendo camisas veinte años, para que tu estudies y amuebles el maldito laboratorio. Pero, contesta:

-Disculpa, querido, tropecé con la fregona.
-¡Lo haces adrede, asquerosa pécora! -replica el otro ya desvocado.
-¡Por favor..., los niños...
-¡Putos herederos de tus cromosomas! -Va gritando, el desquiciado padre, a cada mamporrazo.

De abundancias del corazón, no escribe la pluma del Científico Poeta, y gaya es su ciencia plena de audaces locuras metafísicas, en lo relacionado al valor de la vida de su espòsa. Este hombre padece de una locura que razona, la peor de las locuras. La mira como a una "Barbi" menopausica, donde perdiera, en el canal del escote generoso, tramposo, su la juventud, una juventud casi púber, abortada por los oscuros sótanos de las flacas estrepiernas, en hijos enfermizos; tragadores de toda esperanza de libertad. La odia, con el delirio del perro sarnoso que se lame las heridas, y porque siente regusto a cosa sobrada, la obliga en la cama con el sexo, en la mesa con el yantar, y en cada rincon de la casa con su mando y ordeno. Y la "Barbi" suplica al cielo, que destruya al culpable de su decadencia, pero, abrillanta hasta el delirio, el suelo que pisa el hombre; adorna con flores el escritorio del esposo; cocina platos soculentos con la maestría de un chino.

Va a matarla, ella sabe que va a matarla, lo saben los niños, los vecinos, el barrio entero y el cartero que le trae a él, las citaciones del juez. El asesino en ciernes, también lo sabe, sólo le falta el cómo, el cuándo y el qué.

Sentado delante del alambique, el Científico Poeta, repasa uno por uno los venenos disponibles; los que matan sin remisión, mientras compone in mente, la primera estrofa de una extraña elegía... /Cuando el puñal del dolor redime.../ al tiempo va pensando, y piensa con conocimiento de causa: "A pequeñas dosis espaciadas, el arsénico mata, sin dejar un rastro llamativo a primera vista... ¡eso si el organismo de la muy puta, no se hace al veneno como Rasputín! ¡Que a los golpes, parece de goma! Divorcio pide la descocada, pensando en vivir la vida loca de su desquiciada cabeza, mientras a mí me robó las ilusiones, los sueños, el tiempo de amar... ¡maldita sea!

¡Inaudito, sorprendente! El esposo se acerca al cabezar de la cama matrimonial, sosteniendo en sus manos enguantadas, con delicadeza, un vaso de leche. Son las doce de una noche cálida, ella duerme con un ojo abierto, como los gatos. /... ¡Échame gotas cantarinas en el corazón.../ Parece trinar el ruiseñor ciego, que el Científico Poeta mantiene colgado del perchero.

-Sé que no duermes, perdóname. Toma, querida es un Valium de cinco miligramos..., la leche está calentita, te hará bien. Mañana hablaremos...

Ella obedece, los niños duermen, y él está a un amenazante paso de su cuerpo.

No es más que un suave dolor de tripa. Un mes después las uñas le azulean levemente.
"Gastroenteritis -diagnostica el del seguro y recomienda-: arros hervido; manzanas asadas..., durante unos días. Sino se encuentra mejorría, vuelva..."

La Maltratada, repasa los ingredientes del soufflé de naranja: "Se mezclan unas yemas de huevo con una cucharada de azúcar por yema..."

Ella bebe leche, él vino de tres hojas; ella arroz hervido, él pato a la naranja; ella manzanas al horno, él soufflé de naranja.

-¿Habrá soufre de naranja como postre? ya sabes, no resisto la mezcla anárquica de sabores en la mesa. Espero que rebose del morde -advierte el esposo, con amenazas en la voz.
-Sí, querido...

Acaramelado, rubio, triunfante el soufflé de naranja hace su aparición en la mesa. Arrugadas sin vida, las manzanas.

-¡¡¡Aggggggggggggggggggggggg!!! -El berrido del Científico Poeta, empeluca al ruiseñor, mientras sus dedos engarrotados palpan el bolsillo derecho vacio, de su bata blanca como la nieve.
-No grites, querido, que se baja el soufflé.
Datos del Cuento
  • Categoría: Terror
  • Media: 6.76
  • Votos: 62
  • Envios: 2
  • Lecturas: 4393
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Comentarios


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1 comentarios. Página 1 de 1
Pilar G. Cuadros
invitado-Pilar G. Cuadros 13-07-2003 00:00:00

Preocupación, es lo que siento, por lo que se debe hacer, prescindiendo de lo que existe y de lo que sucede en sí mismo en y en torno a leyes caducas.../ Un beso Pily.