escrito por Pablo Godoy Aracena
Martina era la única hija de Susana y Alberto, al cumplir cinco años, decidieron llevarla al jardÃn infantil, rápidamente ella se hizo de amiguitos y pasaban largas horas jugando, recortando papeles de colores y aprendiendo cosas nuevas, pero todo cambió cuando entre las actividades decidieron hacer dibujos, pues a todos los niños les revisaban sus trabajos y luego se los devolvÃan para que los llevaran a su casa.
Pero los dibujos de Martina, no se los entregaban, hasta que un dÃa las parvularias llamaron por teléfono a los padres de Martina, necesitaban una reunión para conversar.
Los padres estaban muy preocupados, pues no quisieron adelantarles ninguna noticia. Al llegar JardÃn, se reunieron varias TÃas, y las Parvularias a puerta cerrada. Primeramente les preguntaron a los padres que si notaban en su hija algo extraño, o si Martina habÃa vivido alguna experiencia traumática, o alguna tragedia.
Los Padres no encontraban nada extraño de su hija, pero si se pusieron muy nerviosos por escuchar y saber que realmente pasaba. La Directora les explicó, que a todos los niños se les habÃa pedido hacer un dibujo con el tema central de “La Familiaâ€â€¦ bueno todos los niños entregaron lo que esperábamos, y los calificábamos con estrellas doradas pegadas, no por la calidad sino mas bien, para incentivarlos a seguir dibujando.
Pero el dibujo que nos entregó su hija, es… bueno como se los digo… mejor véanlo ustedes mismos. La directora puso el dibujo sobre la mesa.
Sus padres no daban crédito a lo que sus ojos veÃan, pues el dibujo mostraba al papá y a la mamá y a su pequeña hermanita sin nada de piel, a pesar de ser una pintura infantil era evidente como estaban los cuerpos cubiertos de venas de color rojo, los órganos de colores morados y naranjos, los ojos eran dos globos blancos con pequeñas venas y nervios, incluso el perro se veÃa sin piel, y sus órganos y tripas eran evidentemente visibles. Los padres estaban tan impresionados de aquella macabra escena, que solo daban expresiones de incredulidad.
La profesora sacó otro dibujo y les explicó que al ver el primero, también se impresionaron mucho, asà que para asegurarse que definitivamente ella dibujaba en forma extraña, le pidieron a Martina que hiciera otro dibujo, pero de todo su curso.
Nuevamente se podÃa comprobar que ella pintaba a todos de la misma manera, todos sin piel, la dentadura completamente descubierta, las cabezas sin pelo, solo una calavera y algunos músculos y nervios.
Después de conversar lo insólito de la situación, los padres al igual que las tÃas y directora, estuvieron de acuerdo que la llevaran a un psicólogo. Después de muchos exámenes descubrieron que tenÃa un defecto muy extraño en su visión, era un caso único, en que la niña podÃa ver un rango mucho más amplio de la frecuencia de la luz y llegaba hasta los rayos x, y por tal razón, pintaba lo que realmente veÃa.
Analizaron la situación y decidieron operarla, ya que ese defecto le traerÃa muy malas consecuencias y en cierta forma las demás personas la aislarÃan.
Después de varios dÃas en el hospital, finalmente la operaron y estuvo convaleciente durante diez dÃas en que sus ojos estaban cubiertos.
Finalmente llegó el dÃa que le quitarÃan las vendas. Al momento de hacerlo, Martita abrió sus ojos y al ver a su propio padre, casi no lo reconoció, pero por la voz supo que se trataba de él, su cara se llenó de desconcierto y lanzó un grito de horror, luego miro hacia su madre y se tapó sus ojos gritando de pánico.
Para ella sus padres tenÃan en vez de rostro una masa de carne pálida, aferrada a sus lindas caritas. Sus ojos apenas aparecÃan debajo de otra masa cubierta de pelos, era lo más aterrador del mundo ver a sus propios padres en tan horroroso estado.
Cada dÃa que pasaba, ella mas y mas se aterraba de ver a las demás personas y a su mascota convertidas en monstruos, fue cayendo en pánico y depresión a tal punto que lloraba y gritaba cada vez que aparecÃa alguien. Fue tan trágico el resultado que decidieron volverla a operar para que todo fuera como ella veÃa antes. Lo hicieron asà y sus padres y el mismo médico ya no sabÃan que esperar. Pero apenas Martina pudo ver, lo primero que hizo fue abrazar a sus padres y llorar de emoción de verlos tan lindos.
Al regresar al JardÃn, las parvularias evaluaron la situación y no dudaron en recibir a Martina a quien todos sus compañeros la abrazaban de alegrÃa de que hubiera regresado.
Y hoy, que es toda una adulta, toda la gente, su esposo y sus propios hijos la admiran por ser la doctora más exitosa del paÃs.