Era mi primer dÃa de vacaciones aquel verano de 2001. Como siempre que paseaba por la playa, desde hacÃa varios años, era imprescindible que me acompañara mi fiel y querido perro Lord.
Correteaba a mi alrededor, olisqueando y escarbando aquà y allá. Era un buen perro que nunca mordió a nadie y su misión en la vida era alegrarla y hacerle compañÃa a toda la familia.
Apenas habÃa amanecido y el cielo todavÃa conservaba los últimos jirones de nubes rosadas que iban deshilachándose poco a poco, hasta dejarlo de un color azul intenso. Se reflejaba en las aguas tranquilas y apenas perceptibles en su constante ir y venir, haciendo un dibujo de estelas más oscuro en el horizonte, aclarándose conforme se acercaba a la orilla, hasta convertirse en frescas y transparentes como el cristal.
Me dirigà hasta la imponente roca que siempre me servÃa de cobijo contra el sol que, en pocos minutos, serÃa implacable con sus rayos de calor constante. Me senté en la arena y disfrutando del olor a mar, con lo ojos cerrados, inspiré para llenar los pulmones con su tonificante frescura. ¡Qué maravilla! ¡Qué fácil era relajarse asÃ!
Durante todo el año, esperaba aquel momento delicioso para reponer fuerzas, después del trabajo rutinario y exigente que nos imponÃa la necesidad de vivir, aunque fuera con lo más imprescindible.
Cuando volvà a abrir los ojos, era completamente de dÃa. El calor ya se respiraba en el aire, pero el agua seguÃa tranquila y serena, semejante a un gran manto de satén arrugado y brillante.
Me metà en ella con cuidado de no romper aquella tersura; nadaba sin salpicar el agua a mi alrededor, temeroso de que si lo hacÃa, ya no volverÃa a ser como antes.
Con la piel fresca, me senté bajo la roca, lleno de gotas salobres que no quise secar con la toalla, dejando que se evaporaran con la, casi imperceptible brisa que envolvÃa, con sus cálidos brazos, el ambiente.
La mirada se me quedó fija, como ensimismada, en un punto lejano e indefinido del horizonte. La respiración fue haciéndose más lenta y profunda y mi mente empezó a volar sin rumbo fijo.
No se cuanto tiempo habÃa transcurrido, solo sé que del agua, empezó a surgir como una nubecilla de vapor blanquecino que se iba haciendo cada vez más tangible, hasta transformarse en un ser desconocido y maravilloso. No era un hombre, pero tampoco una mujer; solo sé que era hermoso e irradiaba serenidad, de tal manera, que no sentà ningún temor cuando me habló con una voz parecida a la brisa.
- Tus constantes llamadas me han hecho venir.- Hablaba sin poner sentimientos en su voz.
- ¡Yo no te he llamado! – Le dije, sin entender lo que hacÃa.- ¿Quién eres?
- Soy tus deseos y ansias más profundas.
- ¡Eso es increÃble!- Le contesté, algo más lúcido.
- Sea creÃble o no, aquà estoy dispuesto a satisfacer tus deseos, sean cuales sean.
Estoy soñando, me dije a mi mismo, pero voy a seguir para ver hasta donde llega este sueño tan fantástico.
- No sé por donde empezar. – Le dije, siguiéndole el juego y, pensando a mi vez, que me habÃa vuelto loco por hacerlo; luego, continué:- Lo que harÃa cualquier persona en su sano juicio, serÃa pedir para ella y los suyos; pero hay cosas en el mundo que nos rodea tan terribles que, pedir para mÃ, me parece muy egoÃsta.
- Entonces, ¿Lo que tú deseas es para que tus semejantes no sufran?
- SÃ, creo que sà y al mismo tiempo, eso supondrÃa no sufrir ni yo, ni los mÃos. No soy tan altruista como parece.
- Bien, si no te he entendido mal, lo que deseas es que el mundo sea mejor.- Asentà con la cabeza y él continuó diciendo:- Te mostraré todas las maldades y los desastres que hay en el mundo y asà me dirás cual es la causa y la eliminaré, pero sólo podré concederte nada más que una ocasión para elegir, asà que debes pensarlo muy bien para no desaprovechar esta “única oportunidadâ€
No sé cómo lo hizo, pero delante de mÃ, empezaron a desfilar todas las calamidades de la historia del mundo.
Vi las guerras de todos los tiempos; el miedo, la muerte, las destrucción, la soledad y el sufrimiento, las tortura...
Vi las epidemias y las enfermedades que hacÃan desaparecer parte de la población entre dolor y desesperación.
Vi los desastres ocasionados por la naturaleza: Terremotos que se repetÃan una y otra vez en la misma zona ya castigada, donde las vÃctimas aún no habÃan sido rescatadas, cuando volvÃa a temblar la tierra.
Volcanes que sepultaban en lava candente a pueblos enteros dejando sin hogar a miles de personas.
Huracanes y tornados que barrÃan a su paso todo que encontraban sin importar que fueran personas o cosas.
SequÃas de años consecutivos, que dejaban la tierra herida con grandes grietas e incapaz de producir nada que no fuera muerte y desolación. Luego, cuando los pobres habitantes creÃan que ya no soportarÃan nada más, llegaban las grande inundaciones y los pocos supervivientes de la sequÃa, morÃan ahogados o por las enfermedades que propagaban las aguas infectadas por lo cadáveres que arrastraban.
Vi la mentira en todo lo que el hombre tocaba y el daño que esta hacÃa. La maldad, la hipocresÃa, el ansia de poder que convertÃa a los hombres en bestias dispuestas a todo por dominar y esclavizar a los demás.
El amor al dinero que corrompÃa todo lo que tocaba, deshaciendo bajo su pie a todos los que estorbaban para lograr sus propósitos.
La pobreza, las drogas que destruÃan a lo mejor de la juventud, los malos tratos a mujeres y niños, desamparados por la justicia que dejaba, casi siempre, impune al maltratador. El crimen llegaba a adquirir dimensiones inimaginables, llegando a dominar el arte de la tortura, hasta a admirar el refinamiento que alcanzaban los hombres para hacer que el sufrimientos llegara hasta lo más alto.
La envidia, la traición, la intolerancia, el racismo...etc.
Cuando hubo terminado el desfile de aquellas terribles imágenes, me sentÃa mareado y desorientado; el corazón latÃa descontroladamente y resbalaban lágrimas inconscientes por mis mejillas.
- Después de mostrarte una pequeña cantidad de calamidades del mundo, ahora debes decirme cual de ellas quieres eliminar.- Dijo aquel ser fantástico y luminoso, esperando que, en tan poco tiempo, yo hubiera asimilado todo cuanto habÃa visto.- La condición, es que tienes que convencerme de que tu elección es la más acertada, si no es asÃ, no se te concederá el deseo.
- Déjame unos minutos para pensar, es demasiado grande todo lo que he visto, para decidir en tan poco tiempo..
- De acuerdo, pero no puedo esperar mucho más.
SentÃa un agotamiento profundo y creà que serÃa incapaz de pensar. Durante unos instantes, mi mente se quedó en blanco pero, de pronto, una luz se abrió paso en mi cerebro; todo estaba tan claro, que me admiré de no haberlo visto antes.
- Ya tengo la respuesta que me pedÃas.- Le dije.
- Bien, has sido más rápido de lo que esperaba. ¿Cuál es tu petición?
- Lo que te pido es que elimines “LA INJUSTICIAâ€.- Fue mi respuesta. Lo deseaba con todas mis fuerzas, porque estaba convencido de que esa era la causa de todo lo que pasaba en el mundo.
- ¿La injusticia? ¿Porqué?.- Pregunto extrañado ante semejante petición.
- Por que creo que es la culpable de toas las desgracias.
- ¿Estás completamente seguro de eso?
Entonces, con una fluidez de palabras inesperada en mÃ, empecé a darle mis razones.
“Creo que existen dos clases de injusticias: la del hombre y la de la naturaleza o...¿Divina? Según las creencias de cada uno.â€
Le dije que, si las guerras existÃan, era porque los que las provocaban, injustamente, querÃan apoderarse de lo que era de otros; por las guerras nunca eran justas ni tenÃan justificación; que su origen era la locura de unos pocos que arrastraban al pueblo a destruirse haciéndoles creer en lo extraordinario que era dar la vida por su paÃs; siendo que ellos, se protegÃan en los sitos más seguros.
AsÃ, de esta manera, las industrias armamentÃsticas, se enriquecÃan a costa de los infelices que derramaban su sangre y la de sus seres queridos, para llenar los bolsillos de los que no sabÃan lo que era tener conciencia.
“ La pobreza y la marginación es el resultado de otras grandes injusticias. Estoy de acuerdo en que no todos tienen la misma capacidad para triunfar en la vida; por eso, los que más tienen, deben contar con los que no han sido capaces de hacer lo mismo que ellos. Si las grandes fortunas estuvieran dispuestas a dejar una pequeña parte para los que carecen de todo, la injusticia serÃa menor. No estoy defendiendo el comunismo que conocemos, porque ese también es injusto, ni pretendo que todos tengan lo mismo, porque somos diferentes, pero sà defiendo que todos cuenten con lo necesario para vivir con dignidad; que no se oprima al débil para que el poderoso siga siéndolo más.
El amor al dinero, no solo busca el dominio de los demás, sino alimentar un monstruo que se apodera del raciocinio de las personas y las hace ciegas a la justicia, estando dispuestas a todo por satisfacer su egoÃsmo, no importa que les sea innecesario, ellos siempre quieren más.
Igual que con el dinero, es con el poder. Hay quien prefiere pagar con su propia dignidad, con tal de tener poder sobre los demás, por pequeño que sea; ya no solo hablo del que se ejerce desde un gobierno o desde un banco. Por dominar se mata, se maltrata, se roba, se miente, se prostituye, se pierde el sentido de la justicia y no importa que, en el camino se vayan quedando inocentes vÃctimas de ese ansia.
No sé cuantas cosas podrÃa decirte de las injusticias provocadas por el hombre, son demasiadas para decirlas en pocas palabras. Con lo dicho, creo que te has hecho una idea de lo que pienso respecto a ese tema.
La injusticias de la Naturaleza o de lo Divino, son mucho más tristes. Tú mismo me has mostrado las imágenes de los desastres naturales y la muerte que ocasionan, además de los terribles sufrimientos de los que sobreviven a ellos. ¿Por qué tiembla la tierra? ¿Por qué se inunda?¿Por qué hay sequÃas? ¿Por qué nacen tantos niños sin esperanza de vida? ¿Por qué ese sufrimientos para los padres que se ven impotentes para remediar su agonÃa? ¿Por qué hay terribles enfermedades que se llevan a criaturas inocentes? ¿Por qué?... Asà habrÃa muchas otras preguntas imposibles de responder. ¿Dónde está la justicia Divina? ¿No decÃa Jesús que si tu hijo te pide pan, un simple padre terrenal, nunca le darÃa una piedra? Asà mismo, tu Padre que está en los cielos, tampoco dejará de la mano a sus hijos y, al igual que a los pájaros les procura alimento y a las flores del campo hermosos vestidos, a sus hijos no les desamparará. ¿Es eso cierto?...
Resumiendo, como ya te he dicho antes, creo que la única culpable es la injusticiaâ€.
- ¡Me has convencido con tus argumentos! De acuerdo con tus deseos, la injusticia será eliminada de la tierra.
- Y ¡Como lo sabré? ¿En qué momento empezará a notarse?
- Tendrán que pasar muchos años para que, lo que ha reinado durante siglos y siglos, deje paso al poder de la justicia.
- Entonces, yo no lo veré;- Le dije completamente desilusionado.- Nunca sabré se me concediste el deseo.
- Tal vez no, pero debes confiar en mi palabra.
Por extraño que parezca, tenÃa la seguridad de que lo cumplirÃa. Me apenaba no poder verlo, pero me sentÃa satisfecho sabiendo que, tarde o temprano, otras generaciones disfrutarÃan de una vida mejor.
Entretenido con mis pensamientos, no me di cuenta de que la presencia de aquel ser etéreo, habÃa desaparecido. Miré al mar y ya no estaba. En ese momento sentà una sacudida y volvà de un sueño casi hipnótico. Todo mi ser estaba agitado y me sentÃa extraño, como fuera de mÃ.
Haciendo un gran esfuerzo, probé a ponerme de pie, no lo conseguÃ. Aguardé unos minutos y lo volvà a intentar, esta vez logré levantarme y decidà volver a mi casa; me encontraba trastornado y con deseos de acostarme hasta que se me pasara aquel vértigo que se habÃa apoderado de mi cabeza.
Llamé a Lord, pero no aparecÃa, le silbé y le volvà a llamar, pero el perro habÃa desaparecido; era muy raro, porque jamás me dejaba solo y, menos cuando Ãbamos a la playa.- “Estará cansado de esperarme y habrá vuelto a casaâ€.- Pensé, no muy convencido.
Busqué mis zapatillas para calzármelas; estaban a mi lado, donde las habÃa dejado al llegas tan temprano, pero cuando las miré, se me encogió el estómago. ¡Estaban deshechas! ParecÃa que las habÃa llevado una eternidad y, en cambio, las acababa de estrenar esa misma mañana. ¡No entendÃa nada! Mi perro ya no estaba, las zapatillas eran inservibles y, el agua que distaba de la roca donde me refugiaba, unos cincuenta metros, ahora me mojaba los pies.
Descalzo y con pasos inseguros, me dirigà hasta el paseo marÃtimo pero, para mi sorpresa, éste habÃa desaparecido. Me encontraba en una franja de arena limpia y bien cuidada, con unas pasarelas de un material extraño y desconocido pero que, bajo mis pies descalzos, era agradable de pisar. Busqué con la mirada a mi alrededor y vi otro paseo que se encontraba bastante más arriba de lo que esperaba. Éste era muchos más bonito; estaba recubierto con piedras rojizas, hermosamente labradas con dibujos raros. El suelo, también era de piedra, combinando con grises y rosas hacÃan los contornos como si de una gran alfombrase tratara.
Cuando miré más allá, encontré una ciudad desconocida. ¿Dónde estaba el pueblecito donde yo veraneaba? Seguà allà parado y estupefacto, sin saber qué me pasaba. Todo era distinto a como lo habÃa visto esa misma mañana. Las calles eran anchas, pavimentadas con algo brillante por donde los vehÃculos circulaban como deslizándose, a una velocidad que apenas dejaba distinguirlos. Los edificios, también eran diferentes. Muy altos con diseños futurista e inimaginables, que mi cerebro no llegaba a descifrar; pero tenÃan una armonÃa que los hacÃa muy agradables a la vista. En lo más alto, casi como si tocaran el cielo, todos tenÃan unas torres metálica y cilÃndricas muy estilizadas que refulgÃan al sol.
Miré a la gente que paseaba y, digo que paseaba, porque nadie parecÃa con prisa y sus rostros irradiaban serenidad y felicidad. Eran altos y muy hermosos, sus rasgos eran tan perfectos, que parecÃan de otra raza. Iban vestidos con ropas hechas con materiales desconocidos, que parecÃan ser extremadamente ligeros, todos de colores alegres, muchos de estos colores, no los habÃa visto nunca, ni sabÃa que podÃan existir; aún asÃ, me parecieron muy bonitos.
“- Aunque parezca una tonterÃa, creo que estoy en el futuro.- Dije en voz alta, como para convencerme de que no me estaba volviendo loco.â€
Comencé a andar, pero pronto me di cuenta de que no sabÃa a donde dirigirme. Por otra parte, me daba mucho miedo cruzar la calle, puesto que aquellos vehÃculos tan veloces, no se podÃan ver con el tiempo suficiente para adelantarse a ellos; tampoco habÃa semáforos, ni nada parecido que regulase el tráfico.
Me quedé parado sin saber qué hacer. En ese momento pasó por mi lado un joven que, como todos, parecÃa muy amable y le pregunté si podÃa ayudarme.
- Perdone, soy extranjero y no conozco la ciudad.- El joven, me miró algo perplejo y, luego, sonrió.- Le ruego que, si es tan amable, me indique cómo puedo cruzar las calles.
- ¿De donde viene que usa ese idioma tan antiguo? SabÃa que se existió en otra época, pero nunca lo habÃa escuchado.
- Vengo, aunque le parezca extraño, del pasado y no sé donde me encuentro.
- No sé qué puedo hacer, nunca me he visto en una situación asÃ, pero si me lo permite, le puedo acompañar a ver a alguien que, seguramente, le ayudará mejor que yo.
- Se lo agradeceré mucho, es Ud. muy amable.
Le seguà con curiosidad para cruzar la calle, que era lo que me preocupaba de forma inmediata. Me llevó a pocos metros de donde nos encontrábamos, observé que el bordillo de la acera, era más bajo y tenÃa una lÃnea de puntos luminosos; entonces, como por arte de magia, al poner el pie en la calzada, se iluminó un paso, como lo que conocemos de cebra, más o menos y, al instante, todos los vehÃculos se detuvieron de forma radical. Mi estupor no tenÃa lÃmites. ¿Cómo era posible que se detuvieran asÃ, con la velocidad de vértigo que llevaban? Me hubiera gustado preguntarle al joven que me acompañaba, cómo funcionaba aquello, pero él andaba deprisa y no quise molestarle con mis dudas.
No muy lejos, no paramos frente a un edifico de unos siete pisos, con grandes ventanales y con la fachada de piedras parecidas a las que habÃa visto en el paseo marÃtimo, pero esta vez, eran grises, casi plateadas que brillaban al contacto de los rayos del sol. También tenÃa en su parte más alta, aquellas torres que tanto me habÃan llamado la atención.
Cuando no encontrábamos frente a la puerta, ésta se abrió sin necesidad de llamar, y apareció una mujer tan hermosa que, por un momento, dejé de respirar. Era alta, como toda la gente que habÃa visto hasta entonces, su figura era estilizada y su pelo castaño claro, le envolvÃa como un manto hasta la cintura; sus ojos eran del mismo tono que sus cabellos y su sonrisa, me resultó encantadora.
- ¿En qué os puedo servir?- Preguntó con una voz cantarina y dulce, en un idioma extraño y melódico que, para mi sorpresa, entendà perfectamente.
- Venimos para hablar con Ekal, si es posible.
- SÃ, pasad por aquÃ.- Dijo ella, después de consultar un pequeño objeto que llevaba en la muñeca.
Le seguimos atravesando varias estancias, distinta a todo lo conocido para mÃ. Eran grandes, sus paredes eran como enormes ventanales y los muebles, estaban hechos de un material que parecÃa plástico y sus formas no se parecÃan a ninguna de los nuestro. Los vi repartidos por las habitaciones, pero no conocÃa su utilidad; aún asÃ, me parecieron bonitos. Todo lo que veÃa me lo parecÃa.
Llegamos a una estancia donde nuestra guÃa se detuvo. Allà habÃa un anciano de pelo completamente blanco y de rostro surcado por profundas arrugas. Sus ojos eran azul claro, brillantes de inteligencia, pero se adivinaba en ellos, un gran cansancio, como de haber vivido demasiado tiempo.
- Estas personas son las que quieren verte.- Le informó nuestra hermosa acompañante.
- Gracias Nul.- Contestó Ekal, poniéndose de pie para dirigirse a nosotros.
- Ekal, soy Guido y he venido a traerte a este hombre que he encontrado en la calle, dice que no conoce a nadie y pensé que tú podrÃas ayudarle mejor que yo.
- Mi nombre es Alejandro; no sabrÃa explicarle cual es mi situación.- Le dije tÃmidamente, porque su mirada era escrutadora y me impresionaba bastante.
- Bienvenido a mi casa, Alejandro. Sentaos, por favor.
- Ekal, si me lo permites, debo marcharme a continuar con mis deberes. En cualquier momento que me necesites, vendré.
- De acuerdo, puedes irte.
- Quisiera agradecerte lo que has hecho por mÃ.- Dije antes de que se marchara.
- Ha sido un placer. Espero que seas muy feliz. Nos veremos en otro momento.
Cuando Guido se marchó, nos sentamos en uno de aquellos muebles, que me resultaban tan raros y, para mi sorpresa, eran extremadamente cómodos.
Hasta aquel momento, todo cuanto habÃa visto era interesante y sorprendente para mÃ, pero la figura de Ekal, me habÃa causado un efecto extraordinario, porque, no hubiera nunca imaginado, que aquel hombre que parecÃa centenario, tuviera un cuerpo tan atlético y flexible del que emanaba vigor por todos sus poros.- ¿Por qué cada persona que encuentro parece estar sana y fuerte, además de ser tan hermosa?.- Me preguntaba, cuando escuché la profunda voz de barÃtono de Ekal, que me estaba hablando.
- Estoy a tu disposición para ayudarte en todo lo que necesites.- dijo pausadamente, pero sin apartar sus ojos de los mÃos.
- En estos momentos, estoy tan aturdido por los acontecimientos que he vivido, que me resulta difÃcil explicar con claridad, qué es lo que necesito. En primer lugar, me gustarÃa saber en qué año estamos y cómo ha llegado la humanidad hasta aquÃ.
- Bien, entonces lo mejor será que me cuentes, desde el principio, qué te ha pasado.
No sé por qué, empecé ha hablarle de mi vida entera. Sin temor ni pudor, le conté hasta las cosas más Ãntimas, cosas que jamás habÃa compartido con otra persona. Sus comprensivos ojos me invitaban a confiar en él y a seguir con mi relato. No sé cuantas horas estuve hablando, parecÃa que se habÃa detenido el tiempo. Sólo hubo una cosa que no le conté: la aparición de la playa. No querÃa que pensara que estaba loco, porque, aquello no podÃa ser verdad. Aún seguÃa pensando que estaba en un sueño.
- Después de escuchar tu historia, te mostraré cómo ha evolucionado el mundo en estos cuatro siglos, pues estamos en el año 2407 y asà daré respuesta a muchas de tus preguntas.
Frente a los asientos donde nos encontrábamos, habÃa una mesa cuyo tablero estaba compuesto por cientos de pequeños puntos de diversos colores, al verla pensé que era un simple adorno, pero cuando Ekal tocó uno de ellos, todo se iluminó y apareció en la pared de enfrente, donde yo creÃa que habÃa un ventanal, una gran pantalla que ocupaba toda la pared, parecida a las que nosotros llamábamos de “Plasmaâ€; de ella empezaron a surgir imágenes tridimensionales de un realismo tal, que pensé que era un gran escenario donde se representaba la historia del mundo. Era tan real que me sentÃa como dentro de ella.
Allà vi cómo se vivÃa en mi tiempo y como, poco a poco, la humanidad iba cambiando y mejorando. Vi los logros de la medicina que descubrÃa nuevos métodos para curar y regenerar los distintos órganos por medió de la biogenética. Cómo se encontraban soluciones para prevenir enfermedades que ya no eran peligrosas para los hombres ni los animales.
Vi cómo los paÃses más ricos, hacÃan un acuerdo mundial para erradicar el hambre y la pobreza del que llamamos el tercer mundo.
Vi conferencias entre los altos mandatarios de lo gobiernos más poderosos, para instaurar la paz y el desarme total de los pueblos. Se eliminaron las armas nucleares y bacteriológicas; asà quedó firmado un tratado permanente de paz.
Vi cómo lo cientÃficos trabajaban para encontrar soluciones para proteger el medio ambiente.
Me sorprendió de manera increÃble, el método que controlaba el crecimiento de los habitantes del planeta, por medio de la manipulación genética. Todos, incluidos los seres humanos, se reproducÃan una vez, es decir, por cada pareja se tenÃa solo un hijo, el cual era macho o hembra, según las necesidades del planeta; además de esto, tenÃan un ciclo de vida establecido. Para los humanos, era de, aproximadamente, ochenta años, cumplido los cuales, se extinguÃa de forma natural y sin sufrimientos. Por lo tanto, nadie lloraba la pérdida porque todos esperaban el fin y lo tenÃan asumido. Hasta el momento de “irse†las facultades mentales y fÃsicas, estaban casi en plena forma; aunque la ciencia no habÃa descubierto, todavÃa, el método de retrasar la destrucción de las células y las neuronas cerebrales, no se padecÃan enfermedades y los ancianos podÃan vivir hasta el fin, con autonomÃa, sin necesidad de depender de nadie.
Vi cómo se hizo la declaración de igualdad entre los sexos, razas y culturas.
Vi tantas cosas, las cuales que yo no alcanzaba ni a soñar. Tampoco mi mente “primitiva†estaba preparada para entender y asumir los avances tecnológicos que estaba viendo
Cuando todo aquel desfile de imágenes terminó, las lágrimas resbalaban inconscientemente por mis mejillas y un gran temblor se apoderaba de todos mis miembros.
- ¿Qué te ha parecido la evolución de tu mundo al nuestro?
- No tengo palabras para expresar lo que siento. Mi mente, comparada con la vuestra, no alcanza a comprender el por qué de muchas cosas que me has mostrado, pero me ha llenado de alegrÃa, saber que se ha impuesto la JUSTICIA, como tanto desee un dÃa.
- Nadie ha podido saber cual fue el detonante para que el mundo empezase a cambiar, simplemente pasó.
- No, yo sé cual fue la razón para que se llegara a este maravilloso resultado y el por qué se me ha permitido verlo con mis propios ojos.
- No te entiendo. Me has contado toda tu vida y, en ella no he visto nada que corrobore lo que dices ahora.
- Es que no te lo he dicho todo. No pienses que ha sido un deseo de ocultarlo deliberadamente, sino porque pensé que lo ocurrido era un sueño disparatado, por el que, cualquier persona, me habrÃa tomado por loco.
Le conté lo sucedido aquella mañana en la playa, con timidez y humildad porque, todavÃa, no lograba comprender por qué habÃa sido yo, un simple hombre como todos, el elegido para aquella misión.
- Me gustarÃa, si tuviera ocasión, darle las gracias a aquel ser maravilloso, por hacerme el honor de ver hecho realidad el deseo que me concedió. Ahora, después de todo, puedo morir tranquilo.- Le dije, lleno de satisfacción.
- Estoy seguro de que él ya lo sabe. Este es un gran descubrimiento y quisiera pedirte que me permitas compartirlo con todo el planeta.- Vi que estaba emocionado aquel hombre que parecÃa haberlo visto todo. Me impresionó gratamente, que no me dijera ninguna palabra de reproche por haberle ocultado un hecho que, para él, era de mucha importancia.
- Sà ¿Por qué no? Creo que todos tienen derecho a saberlo.
- Nul.- Llamó Ekal, por medio del pequeño aparato que llevaba en la muñeca. Ella vino al instante, siempre con el rostro agradablemente radiante.- Quiero que organices una fiesta para esta noche en honor de nuestro invitado Alejandro. ComunÃcalo a todo el planeta. Ahora, acompáñale a una habitación y ocúpate de que tenga todo lo necesario para que esté cómodo.
- Antes de retirarme – Le dije a Ekal, ya que me disponÃa a seguir a Nul, quisiera que me contestaras a una pregunta, siempre que asà lo desees.- Él hizo un movimiento afirmativo con la cabeza, por eso continué:- Si todos tienen un plazo de vida de ochenta años ¿Por qué tú, Ekal, no cumples con ese requisito? Estoy seguro de que tienes muchos más.
- No tengo inconveniente en contestar a tu pregunta. Como bien sabes, todos los hombres son distintos y, aunque tenemos las mismas oportunidades, cada uno las desarrolla según su capacidad. No puedo decirte a qué se debe, pero mi cerebro no destruye las neuronas al mismo ritmo que los demás, por lo tanto, se me ha concedido el privilegio de vivir durante más tiempo para ser estudiado hasta conseguir encontrar el motivo de este retraso. TodavÃa no se ha logrado; por eso estoy aquÃ.
Con una sonrisa, dio por terminada nuestra conversación y me indicó que siguiera a Nul, que me esperaba.
Me fui con ella hasta un cuarto de baño muy raro. Nul me indicó cómo funcionaba y me dejó solo. En la pared, habÃa un habitáculo donde me metà y, al instante, se cerró automáticamente; me encontré envuelto en una luz azul, pero, a pesar de que estaba en un espacio muy reducido, no sentà claustrofobia. Al momento siguiente, empezó a salir agua por un centenar de agujeros, a la temperatura exacta de mi cuerpo, con una presión que no era molesta, sino todo lo contrario, resultaba relajante como un buen masaje. El agua contenÃa una sustancia perfumada y oleosa, sin espuma, que penetraba suavemente en los poros de la piel, dejando una sensación de bienestar, realmente deliciosa.
Acabado el baño, encontré preparados varios trajes de diferentes y alegres colores, de aquel tejido tan extraño que resultó ser muy ligero y confortable. PodÃan ser pantalones o túnicas, porque todos vestÃan de forma libre, sin diferencias de sexos, porque, hasta en ese pequeño detalle, la igualdad era un hecho, no una meta.
Unos instantes después, llamaron a la puerta; era Nul que traÃa una bandeja con alimentos. Los miré con curiosidad y me di cuenta de que no conocÃa ninguno de ellos.
- Aunque te parezca increÃble, no sé por donde empezar.- Le dije con timidez.
- No te preocupes, lo entiendo. ¡Te ayudaré! Primero debes probar estos.- Dijo señalando un plato que contenÃa pequeños trozos dorados de formas rectangulares que recordaban a la pechuga de pollo. Estaban acompañados de vegetales desconocidos, de aspecto apetitoso.- Aunque parece carne, no lo es, nosotros no matamos para comer, como hemos estudiado que se hacÃa en la antigüedad. Todos los alimentos, son de origen vegetal, pero se han modificado genéticamente, para que contengan todos los principios nutritivos de la carne, con las ventajas de no adquirir sus toxinas, ni de tener que matar animales.
- Entonces ¿No tenéis granjas?
- ¡Granjas! ¿qué son?
- Eran lugares donde se criaba el ganado y las aves, para el consumo humano.
- ¡Eso es terrible! ¿Cómo podÃais hacerlo? ¿No os daba pena?
- Es difÃcil de explicar, pero tienes razón, era una pena.
- Después, puedes comer este otro. Es muy nutritivo.- Dijo enseñándome el contenido del segundo plato que, estaba compuesto por unas bolas de color rojo, otras amarillas y otras azules, acompañándolo todo, una salsa verde claro.- Y este, es un capricho.- Destapó un recipiente alto, donde se encontraba una especie de helado multicolor, que hubiera provocado el entusiasmo de cualquier goloso. El recipiente lo mantenÃa helado, como recién salido del congelador, pero no era hermético, ni tenÃa las paredes como un termo; era de cristal opaco, nada más.
Los comà todos y, aunque eran sabores muy diferentes a los que conocÃa, me gustaron mucho.
- Ekal me ha sugerido que, tal vez, te interesarÃa conocer nuestra ciudad.
- SÃ, por supuesto, serÃa extraordinario.
- Entonces, vamos, debemos regresar a tiempo para la fiesta.
Salimos a la calle y de nuevo me maravilló el orden con que los viandantes cruzaban por los puntos señalizados y, cómo los vehÃculos se detenÃan. Le pregunté a Nul, cual era el sistema que les hacÃa detenerse de forma tan inmediata.
- Es muy sencillo.- Para ella era de lo más corriente.- Los vehÃculos, como tú los llamas, nosotros les damos el nombre de Velotrans, reciben la energÃa para funcionar, de lo conductores eléctricos que hay bajo el pavimento, pero, cuando alguien pisa en los puntos de cruce, Instantáneamente, la energÃa se desconecta a unos cien metros de distancia, por eso, cuando llegan hasta el punto, se detienen.
- ¡Que buena idea!- Exclamé con admiración.
Subimos a uno de aquellos Velotrans. Su interior era espacioso y muy sencillo; parecÃa como su supiera a donde llevarnos, lo hacÃa automáticamente, sin volante para guiarlo. Nul se limitó a pulsar unos botones, lo programó y se quedó hablando conmigo, despreocupada de conducir. Aunque iba cómodamente sentado, estaba paralizado de miedo. CreÃa que no podrÃa resistir aquella velocidad. SentÃa el estómago en la garganta, como en la montaña rusa y, cuando estaba apunto de vomitar, poco a poco, mi cuerpo se fue normalizando y pude, incluso, disfrutar del trayecto.
Nos detuvimos y, mientras caminábamos hasta una gran puerta que daba acceso a lo que Nul llamó como La Ciudad de los Suministros, observé cómo todos lo edificios tenÃan aquella torres que tanto me habÃan llamado la atención. Le pregunté para qué servÃan.
- Esas torres, como tú las llamas, son receptores que atraen la EnergÃa del Universo y las ondas de imagen y sonido. Gracias a ellos, nuestros edificios disponen de la energÃa que necesitan y también son el medio para comunicarnos con todos los paÃses del mundo y con otros planetas vecinos.
- ¿Es que tenéis contacto con extraterrestres?
- ¡Claro! ¿Por qué no? Aunque son de otras razas, no tenemos problemas para entendernos.
Me quedé tan estupefacto, que no supe qué decir. En ese momento, entramos por las puestas de La Ciudad de los Suministros. Todo era nuevo y extraordinario para mi. Comprobé por qué se llamaba “Ciudadâ€, era inmensa.
Allà no se entraba con los vehÃculos, pero hubiera sido imposible recorrerla a pie, pues tendrÃa muchos kilómetros cuadrados. Las calles eran como cintas transportadoras que llevaban a la gente sin necesidad de caminar. En cada puerta de las “tiendas†habÃa una plataforma para apearse de la cinta.
No puedo decir qué cantidad de artÃculos se podÃan encontrar allÃ, sólo sé que no reconocÃa ninguno, ni sabÃa cual era la utilidad. Miles de pequeños aparatos eléctricos de formas muy sofisticadas; ropas, alimentos y multitud de otras cosas de tamaños, colores y formas diferentes. Los alimentos estaban todos cocinados, allà no encontré ninguna tienda con frutas y verduras frescas, todo iba envasado en recipientes transparentes, pero irrompibles que, según me dijo Nul, se podÃan abrir con uno de aquellos aparatos extraños.
Me llamó especialmente la atención, el orden y la educación de la gente. No habÃa aglomeraciones, ni gritos, ni caras serÃa. No existÃa la violencia y por eso eran todos tan serenos. Los niños eran tranquilos y los mayores no tenÃan necesidad de llamarles al orden en ningún momento.
Comprendà que no debÃa preguntar a Nul, todo lo que ignoraba, porque hubiera sido imposible para ella explicármelo todo y, para mÃ, también entenderlo. Asà que me limitaba a observar a la gente y lo que me rodeaba.
Entre tantas cosas que me llamaban la atención, estaba la forma de pagar. Allà no se usaba dinero, ni tarjetas de crédito. Cuando se cogÃa un artÃculo, se tecleaba un número en un pequeño teclado que habÃa en la base del estante. Le pregunté a Nul.
- ¿Es que no tenéis dinero?
- ¿Dinero? No sé de qué hablas.
- Cuando trabajas, ¿No te pagan con dinero?
- Todos tienen derecho a trabajar, pero no sé que es “pagarâ€
- ¿Con qué vives? ¿De qué manera dispones de lo necesario para comprar?- No sabÃa cómo explicarle lo que era un sueldo.- ¿Cuál es vuestro sistema de empleo?
- No sé de qué me hablas, pero te explicaré como funciona el trabajo. Todos, como ya te he dicho, tienen un trabajo y por eso, se puede obtener el número para los suministros. ¡Es muy sencillo!
- Pero, según la categorÃa, asà podrás adquirir lo que deseas ¿No?
- ¿La categorÃa?
- SÃ, por ejemplo: un empresario, un director general, un jefe de sección...
- Somos iguales, no importa el puesto donde trabajemos. Todos tenemos el número y la clave del suministro y cogemos lo que necesitamos.
- “Asà que no hay categorÃas, ni dineroâ€- Me dije a mà mismo- Entonces, no hay pobres.- Dije, ya en voz alta pero, al ver en sus ojos la expresión de no entenderme, cambié la pregunta.- ¿Si alguien no trabaja, no tiene número?
- Los que no trabajan, son los niños y los ancianos, pero ellos tienen todo lo que necesitan, por que ya trabajaron y los niños están en la familia.
- ¿Y si hay alguien que no puede trabajar?
- ¿Por qué no va a poder? Desde los veinte años, hasta los sesenta, todos lo hacen según su profesión y su capacidad.
- SÃ, entiendo, se me habÃa olvidado que ya no existe la injusticia.
- Injusticia ¿Qué es?
- Igual que yo no entiendo las cosas de tu tiempo, asà tampoco tú entenderÃas las del mÃo.
Continuamos con nuestra visita y, a pesar de que no habÃa que caminar, me sentÃa agotado.
Mi cuerpo no habÃa evolucionado como el de ellos y suponÃa un terrible esfuerzo para mÃ, seguir su ritmo.
- He observado que te fatigas fácilmente; serÃa conveniente que regresemos para que puedas descansar, esta noche va a ser muy larga; tendremos comunicación con todos los puntos del planeta y habrá mucha gente que quiera hablar contigo.- Me aconsejó Nul, siempre tan amable y dispuesta a ayudar.
- ¿Cómo será posible hablar con todo el planeta? Y ¿el idioma?
- ¡Todos hablamos el mismo! Hasta tú.
- Es cierto, pero ¿Cómo es posible?
- Aunque hablamos por medio de las palabras, lo que recibe nuestro cerebro son los pensamientos. Cuando nacemos, nos implantan un chip que traduce cualquier idioma.
- Entonces ¿Tu sabes lo que pienso?
- No, hasta que lo expresas con palabras, entonces el chip lo traduce; por eso, cuando te escuché por primera vez, vi que hablabas diferente, di la orden al mÃo para que traduzca y emita en tu idioma. Asà lo harán todos cuando hablen contigo.
- Y ¿Eso te cuesta algún esfuerzo?
- No, ninguno.
- ¡Es maravilloso! ¡Todos se pueden entender! ¡No hay barreras!
- Esta noche, nos reuniremos por medio de la telepresencia. Estoy segura de que no sabes lo que es.- dijo sonriendo.- pero te lo explicaré. Por medio de la técnica, hemos conseguido que las ondas de televisión, lleguen a ser tan reales que, en una habitación especial para eso, nos podamos encontrar con otras personas o cosas, de forma que parece que están a nuestro lado, casi se pueden tocar; el sonido es completamente natural y podemos percibir los olores, sólo no es posible el tacto.
- ¿es como una realidad virtual?
- Más o menos, sÃ, pero es muy complicado.
- Estoy impaciente por verlo.
Llegamos y me fui directamente a la habitación que me habÃan asignado. Necesitaba acostarme para intentar dormir un poco. Para mi cuerpo y mi mente, el esfuerzo por entenderlo todo, por memorizar el máximo de lo que veÃa, el cambio de época....era demasiado.
En una de las paredes, Nul apoyó la mano en un sensor y se deslizó un panel que me habÃa pasado inadvertido; dentro, habÃa un lecho sin colchón ni almohada. Me indicó que me metiera y otro sensor, para que se volviera a cerrar.
Obedecà sus indicaciones y, de nuevo me sorprendà al comprobar lo extraordinariamente cómodo que era aquel lecho; se adaptó a la perfección a mi cuerpo. La luz se redujo hasta quedar en una tenue penumbra, la temperatura era ideal y podÃa percibir un suave perfume desconocido y agradable. Todo quedó envuelto en una música de sonidos que no pude identificar pero, me ayudaron a relajarme. Cerré los párpados, en medio de una nube de bienestar y me quedé profundamente dormido.
No sé cuanto tiempo pasé en aquel sueño tan reparador y delicioso.
SentÃa que algo pasaba por mi cara, era caliente y húmedo, pero estaba tan ausente, que no podÃa abrir los ojos. Escuchaba un gemido cerca de la oreja derecha y, aunque no querÃa hacerle caso, terminé por despertar completamente.
Confuso y malhumorado, miré a mi alrededor; todo estaba oscuro, sólo escuchaba el rumor del mar. ¿Dónde estaba? De nuevo habÃa despertado en un lugar distinto a que estaba cuando me dormÃ. A mi lado se encontraba mi perro Lord, que ,e lamÃa la cara y lloraba porque no podÃa despertarme.
Sentado sobre la arena, empecé a captar cuanto me rodeaba. HabÃa vuelto a la playa donde llegué esa misma mañana, pero ya era de noche.
La luna brillaba en lo alto del cielo azul oscuro, moteado de estrellas como puntos brillantes bordados en un manto de seda, dibujando un reflejo de luz en la superficie del mar que seguà tranquilo. Lejos se escuchaba una música y el ruido de la gente que paseaba disfrutando de la temperatura fresca, después de un dÃa caluroso de primeros de Julio.
Todo habÃa vuelto a la normalidad. No sé si me alegraba de retomar mi vida donde la dejé. SentÃa una profunda decepción al pensar que no podrÃa ver la telepresencia de la que me habló Nul. Aquel mundo perfecto y feliz, habÃa quedado en mi memoria como un bonito sueño sin que pudiera entender, prácticamente, nada de lo que vi. ¡cuánto me hubiera gustado poder poner en práctica alguno de sus descubrimientos!
Seguido de mi perro y con las zapatillas nuevas en la mano, me dirigà a mi casa con pasos lentos y fatigados.
- ¡Alejandro, cariño, por fin has venido! – Mi esposa me recibió entre feliz, sorprendida y resentida.- ¿Cómo te encuentras? ¿Dónde has estado? Te hemos buscado durante todo el dÃa, lo vecinos y hasta la policÃa. Estaba loca de preocupación.
Mi querida niña, no merecÃa el sufrimiento que le habÃa causado pero, en aquellos momentos, no podÃa contarle lo sucedido. DebÃa pensar en una respuesta creÃble, pero no se me ocurrÃa nada; estaba demasiado conmocionado por la experiencia que acababa de vivir.
- ¡Cuanto siento que estuvieras tan preocupada! Cuando sepas lo que ha ocurrido, comprenderás que no habÃa ninguna posibilidad de avisarte. Ahora te pido que me permitas descansar, estoy agotado. –Le rogué, acercándola a mÃ, la besé con delicadeza.- Por favor, discúlpame con los que te han ayudado a buscarme, diles que mañana hablaremos. ¡Gracias, amor mÃo!
Me fui al dormitorio y allà he pasado el resto de la noche escribiendo. No quiero que se me olvide ningún detalle. No sé qué explicación le daré a los demás, por supuesto, no les contaré la verdad, estoy seguro de que no lo entenderÃan. En cambio a ella, mi esposa, no se lo ocultaré, tal vez me creerá loco cuando lo lea; pero, en cualquier caso, servirá para que, yo mismo, no lo olvide jamás.
FIN