En una gran ciudad que encantada parecía pero que por doquier se respiraba paz y alegría, encontré un día una princesita que de pena se moría, pues sola se encontraba en aquella hermosa mansión en la que ella vivía.
Se suponía sola pero no se había dado cuenta todavía que ella estaba acompañada por la alegría qué es lo que más grande que se puede tener en la vida. Desdichada se creía pero de repente se dio cuenta y empezó a disfrutar de la vida.
Se puso a cantar alborozada al descubrir la alegría, corrió por los jardines de la casa que no había disfrutado ningún día. Voló como una mariposa recreándose en todo cuanto veía pues se dio cuenta que la vida era hermosa y que no había nada mejor que la alegría.
El descubrir todo esto la llenó de gozo y se reía de ver que ella había encontrado lo de más valía. Encantada quedo la princesita al descubrir la alegría y satisfecha de sí misma al saber, ella sola, lo que la convenía.
El que con pereza se encuentra y no mira alrededor de su vida a ver si la paz y la alegría encuentra, no habrá hecho nunca lo que debía.
Pilar Infantes Martínez Copyright © 2003 La Gran Bondad Reservados todos los derechos