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Desde siempre tuve vocación de servicio, me gustaba ayudar a la gente y mi pasión por la medicina me llevó a estudiarla, sin embargo también tenÃa pasión por trabajar con los muertos, desde una vez que asistà a una morgue me pareció fascinante el trabajo de los forenses y la investigación. Asà que después se dio la oportunidad de estar en una, como médico encargado en una sala de necropsias. El primer dÃa fue algo extenuante y habÃa que realizar varias intervenciones y papeleo, mi turno comenzó a las 4 pm y terminarÃa con suerte y si la siguiente guardia llegaba a tiempo a las 2 am. Me puse a seguir el protocolo y revisé cuerpos, haciendo informes y preparándolos para que fueran saliendo rápido. Era casi de madrugada cuando por fin habÃa terminado con lo “pesado†solo quedaba por revisar el cuerpo de un niño de 5 años que se presumÃa habÃa muerto por un accidente. Según el parte policial, murió asfixiado. Aunque se pensaba que le habÃan provocado la muerte. TenÃamos que comprobarlo y determinar las causas reales de su muerte.
Mi cuerpo y mi mente estaban en completo agotamiento y querÃa terminar lo antes posible para poder sentarme o acostarme en alguna mesa de necropsia. Aunque pudiera parecer extraño, a mi me resultaba cómodo tenderme en esas frÃas mesas de acero inoxidable para descansar la espalda al menos por un momento. Mientras acomodaba al niño en una de esas mesas, mi ayudante se colocaba las calzas y me dijo algo que no entendÃ, estaba “cicladaâ€. El comenzó a anotar los generales del niño, mientras preparaba el instrumental. Cuando el ayudante revisaba el cadáver, empezó a gesticular con los ojos y se quitó el tapabocas, respiró profundamente y me dijo que se sentÃa algo mal, que tenia vértigo y nauseas , que saldrÃa a tomar un poco de aire. Eso lejos de agradarme me puso más tensa; pero entendà que el también estaba cansado, deseaba terminar lo antes posible para poder marcharme a mi casa.
Salió del recinto y me quedé sola, me senté en una silla y revisé mi reloj por enésima vez. Era la 1 am, antes de eso eran las 12:58 pm, el tiempo parecÃa ir lento y me dolÃan mis hombros. Me recargué en la silla y saqué mi celular para revisar las redes sociales en tanto regresaba mi ayudante. De pronto sentà un frÃo que me caló en los huesos seguido de un viento helado como si la velocidad de los climas hubiera aumentado repentinamente; pero estos estaban apuntando hacia otro lado, no supe de donde o como llego esa ventisca frÃa que me erizó los vellos de la piel y me puso en total alerta. Miré hacia todos lados y sentà algo de inquietud, tenÃa mucho frÃo, me tranquilizó un poco que la puerta de la sala estaba de par en par, asà que esa sensación de claustrofobia que a veces me invadÃa esta vez no lo hizo.
Estaba concentrada leyendo algo en el muro de alguien cuando me espanté al escuchar el ruido de las pesadas puertas de sala cerrarse violentamente. Me paré casi al instante y le grité a mi ayudante, pensando en donde carajos estaba. Al no obtener alguna respuesta. Me dirigà a la puerta para asomarme al pasillo y abrà lentamente la puerta para ver quien habÃa sido, el lugar estaba completamente desierto, no habÃa nadie. Eso me preocupó por que pensé que me estaban jugando una broma; pero al no ver a alguien me dejó pensando. Nerviosa, regresé a la mesa y comencé las primeras impresiones revisando el cadáver; pero no me sentÃa cómoda, tenia cierto temor que me ponÃa nerviosa de estar sola en ese lugar frio y rodeada de cadáveres. Nunca habÃa sentido eso; pero esta vez era distinto. No pude más y deje todo ahÃ, me quité el delantal, los guantes y me dirigà a la salida para alcanzar a mi compañero y tomar un poco de aire, la presión que sentÃa era abrumadora.
Cuando alcancé la puerta un ruido que provenÃa de mis espaldas hizo que me detuviera en seco. El frio del lugar aunado a esa sensación de terror que me causó escuchar ese sonido, hizo que mi cerebro se entumiera. Sentà que el tiempo se detuvo por unos segundos. Eran pisadas, pies descalzos que caminaban por el piso encerado de la sala de necropsias, las escuché tan claramente que mi cabeza pensó rápidamente que era imposible. Algo estaba detrás caminando hacia a mà y con la poca fuerza de mis brazos temblorosos abrà la puerta y salà lentamente, cuando me sentà fuera de la sala, corrà por el pasillo en total pánico. Y a lo lejos pude ver a mi auxiliar con café en ambas manos. Luego de que llegué con él, no le quise decir lo que habÃa pasado, seguramente se burlarÃa de mi.
Al verme notó que estaba agitada y me preguntó por qué estaba pálida, negué con la cabeza y alegué que estaba un poco sofocada que necesitaba tomar aire, él en tono de burla me dijo algo que me hizo estremecer:
–Parece que viste un cadáver ¿ Estás bien?
Al escucharlo tan solo me encogà de hombros, tomé uno de los cafés y le di un trago tan grande que casi me quemó, en tanto el sonido de las pisadas me taladraba mi entendimiento.
Luego de un rato de comentarios burlones acerca de los muertos y sus hábitos que, en otro momento me hubieran hecho estallar a carcajadas, en ese rato no me parecÃan tan graciosos. Regresamos a la sala y yo iba detrás del ayudante, como queriéndome proteger de alguna cosa extraña que surgiera de pronto. Al abrir la puerta, se detuvo en seco y yo me quedé pasmada esperando que dijera algo que me causarÃa impacto, lo hizo pero no dijo lo que quizás esperaba escuchar.
–¿Por qué moviste el cuerpo? – Exclamó extrañado.
En ese momento una corriente eléctrica me recorrió y me asome por sus hombros para a ver el cadáver del niño, estaba ahà tendido en la plancha y no vi nada extraño, excepto que uno de sus pequeños brazos sobresalÃa por debajo de la sábana. No recordaba como lo habÃa dejado y eso me angustió mas, lo único que contesté es que yo no lo habÃa hecho a lo que el ayudante bromeó mas al respecto.
–Pues, parece ser que en realidad los muertos quieren su café también.
Sin saber que decir, aun nerviosa, revisé la hora y faltaba media hora para que acabara la jornada. TenÃa que ir a abrir la puerta para que los forenses del siguiente turno entraran sin problemas, asà que le comenté al ayudante; pero en realidad querÃa salir de ahà para tomar más aire y corrà por el pasillo en tanto el se quedaba haciendo el papeleo, ya no terminarÃamos de revisar el cuerpo del niño. Asà que habÃa que guardarlo en una de las gavetas. Al abrir la puerta salà y el aire cálido de la calle me inundó, cerré mis ojos y respire profundo intentando que se me quitaran los nervios y el olor a formol. Luego de unos minutos, regresé para ayudar a guardar todo.
A lo lejos vi que el ayudante estaba sentado en una de las sillas de espera que estaban afuera de la sala, lo vi totalmente pálido y con los ojos bien abiertos, era claro que temblaba y al preguntarle que habÃa pasado, me miró con un par de ojos llenos de miedo y me dijo entre balbuceos algo que hizo que se me abriera el piso.
–El niño, cuando lo iba a trasladar a su gaveta, le rocé un poco su manita frÃa. Y en mi cabeza escuché el susurro de una voz infantil que provenÃa por debajo de la sábana que decÃa : “Tengo sed…†No sé que mas decirte.
Sin poder creer lo que decÃa y sintiendo también un miedo extraño, me asomé y el cadáver del niño estaba a medio meter en la gaveta, entré sudando y con un miedo terrible, rápidamente y sin pensarlo tan solo empujé la gaveta y la cerré. Después me salà para apoyar a mi compañero y lo veÃa muy alterado. Faltaban unos minutos para las 2 am y decidimos esperar a los del turno afuera. Por esa noche ya habÃa sido suficiente. Luego de que llegaron nos quedamos dando el parte médico y las novedades, pendientes y llaves. Los forenses eran hombres mayores y experimentados. Uno de ellos nos preguntó si todo habÃa estado bien con una risilla burlona. Tanto yo como el ayudante nos vimos entre si y le dijimos lo que nos pareció ver; pero no estábamos seguros de eso, le echamos la culpa al cansancio, el hombre se nos quedó viendo y se rio. Después nos dijo algo que nos inquietó.
–Eso no fue nada, todavÃa les falta mucho por ver.
Salà de ahà pensando en todas las posibilidades, en todo lo que pudo haber pasado. Sin encontrar una respuesta obvia, simplemente me dirigà a mi casa para descansar y ese primer dÃa ya habÃa tenido contacto con lo extraño y no serÃa la última vez.
Derechos de contenido reservados 2017 © Eduardo Liñán.
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