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Categoría: Misterios

LA CASA DE LOS DESEOS

Se levantó temprano y fue al baño, se miró al espejo y en el cristal de sus ojos se prendió una inquietud: ¿Uno para qué trabaja?... Si lo que se gana no satisface completamente... La novedad de lo que uno obtiene, siempre deslumbra, y tal como una fogata se apaga, dejando la espesa sombra de la costumbre que, diariamente baja el telón del final de cada comedia...
Se baño, y aquellos pensamientos penetraban como espermatozoides en el óvulo de su alma, gestando el nacimiento de un sentimiento, de algo mas...
Se detuvo en la puerta y decidió quedarse en su cuarto. La necesidad por llenar su anhelo, y la ansiedad por entender, le bloquearon la inercia de su existencia cotidiana.
Pasaron seis días, bajaba sólo a comer y regresaba a cobijarse en su cuarto. Al séptimo día tomó una decisión. El furor por encontrar el sentido a su existencia desarrolló en su espíritu un embrión, dando a luz un entendimiento: de que en la vida sólo hay momentos buenos y malos, y en la satisfacción de sus deseos más escondidos encontraría el abrigo y refugio de los buenos momentos...
Salió de la pensión y fue a la oficina de anuncios a colocar un aviso:
NECESITO ENCONTRAR LA SATISFACCIÓN TOTAL.
RESPONDER A DONATO.
Después de algunos días, recibió una respuesta a través del periódico:
A DONATO, ACERCARSE A CALLE 23, CON 17,
DE ORION Y LUNA. HORARIO CORRIDO.
Con el periódico aún en la mano se dirigió raudo hacia la dirección indicada. Llegó a un edificio que tenía como emblema, un enorme anuncio, colocado en su parte más alta que decía: LA CASA DE LOS DESEOS
Tocó el timbre, y a través de un intercomunicador escuchó:
- La casa de los deseos, buenos días.
- Mi nombre es Donato, y vengo por la respuesta del periódico – La puerta automáticamente se abrió.
Entró, y detrás de un escritorio vio a una señorita de rostro fastidiado mascando una goma y hablando por teléfono; sin mirarlo y con la mano desocupada le indicó que tomara asiento. Pasaron algunos minutos y luego de colgar, la secretaria lo saludo con entusiasmo; le habló del prestigio de la empresa, la calidad de los clientes afiliados, los servicios que ofrecían, los precios y la garantía de la total satisfacción de sus deseos.
- ¿No es esto, lo que usted deseaba Sr. Donato?... ¿Lo afilio? ... ¡Por supuesto que sí! Cuantos cupones desea... – le dijo la convincente señorita, mientras le mostraba un talón lleno de cupones.
- Siete deseos... Y quiero empezar de inmediato... Por favor.
- ¡Por supuesto que sí Sr. Donato! Hágame el favor de acompañarme.
Caminaron juntos a través de todo el edificio, hasta llegar a una gran puerta de oscura madera; entraron y quedó impresionado. Al frente había un enorme corredor de ancho y altura considerables, las paredes y el techo, estaban cubiertos totalmente por espejos, dando la imagen de un corredor sin final; el piso era de mármol blanco y liso como la seda. Ha ambos lados había gran cantidad de puertas y, una figura parada en cada una de ellas...
- Sr. Donato puede empezar cuando usted desee y recuerde que, tiene derecho a entrar a siete puertas que corresponden a los siete cupones que usted adquirió; cualquier inquietud me llama que con gusto lo ayudaré. Con su permiso, me retiro – estiró su boca y con una sonrisa artificial se alejó.
Caminó ante aquel surreal pasillo y lo primero que llamó su atención fue ver a un niño de clara mirada e inocente sonrisa; se acercó a la puerta y el niño le pidió un cupón; se lo dio y recibió a cambió un chupete de caramelo de vivos colores, lo cogió y comenzó a chuparlo con placer. Entró al cuarto y sobre el piso encontró una serie de juguetes, los cogió y de pronto, los juguetes cobraron vida y comenzaron a dialogarle como si fueran entrañables amigos, invitándole a jugar. Bailaron, cantaron y rieron por tiempo indefinido hasta que el cansancio lo rindió; los juguetes se juntaron a su entorno y lo cargaron hasta llevarlos a un rincón, cubriéndolo con sus graciosos cuerpos, mientras le cantaban y contaban secretas historias. De pronto, sintió el vacío de que algo más le faltaba...
- ¿Te ocurre algo... Acaso te cansamos? – Preguntaron los juguetes.
- Sí. Desearía compartirles...
De pronto, se acercaron dos niños, pero él no podía entenderles pues sus voces eran lentas y gruesas como las de un gigante; se paró y vio que los dos niños eran muy altos, casi el triple de su tamaño; les habló pero no le entendieron y se alejaron dejándolo solo. Los juguetes le explicaron que solo creciendo tendría el privilegio de compartirles, pero la magia y la fantasía sólo era para los niños pequeños. No supo qué hacer y desoladamente lloró, pues entendió que la soledad era el precio de la magia y la fantasía. Se recostó sobre la pared, y se durmió.
Cuando abrió los ojos todo estaba como lo había encontrado al principio; un sentimiento negativo le hincaba el alma, pero no deseaba perder la esperanza... Regresó a su pensión, y mientras entraba a su cuarto la posadera le dijo:
- ¡Hijo, pero que pálido te encuentras! – Donato no hizo caso al comentario, bajó a cenar y luego, después de un baño, se puso a descansar, esperando el día siguiente, el día en que encontraría el placer final de sus deseos.
Salió temprano de la pensión, y fue directamente al edificio. Entró, saludó a la secretaria y se dirigió hacia el pasillo de los espejos y los cuartos de sus deseos... En otra puerta, una chica bastante joven lo miraba con picarescos ojos; le entregó otro cupón y ella, con una sonrisa, le ofreció un cigarrillo encendido; se lo puso en la boca y comenzó a fumar... Adentro se encontró con una radio y sobre el piso, una ruma de fotos a color, y sobre una vetusta pared, un gran vestuario de ropa de colores fosforescentes. De pronto, la radio automáticamente se prendió, la música encendió todo el cuarto de vibrantes colores en movimiento; los personajes de las fotos despertaron de un sueño inanimado y comenzaron a cantar, y a bailar; todo el cuarto comenzó a cambiar como si fuera una discoteca; los chicos y chicas comenzaron a excitarse, y todo comenzó a degenerar en sexo sin limites. La pasión lo sumergió en un mar de sensualidades carnales... Siguiendo un impulso, se encontró con la chica que desde muy joven había deseado...
- ¡Mariella, cómo has llegado aquí!
. No lo sé, me llamaste y aquí estoy... ¿Por qué?
- Siempre he estado enamorado de ti...
- Pero Donato... Eso no es bueno, sólo te deseo y nada mas... No me ames... Deséame – La cogió de su fresca cintura, y la echó suavemente sobre una esquina, y con gran delicadeza le hizo el amor; para su destemplanza, ella se reía de su ternura... La soltó, y se alejó a un rincón, escuchando con angustia, las burlas de todos los muchachos, al haberse mostrado con sus desnudos sentimientos... No quiso escuchar mas, y todo comenzó a darle vueltas y vueltas hasta que perdió la consciencia.
Cuando abrió los ojos, la música había terminado y la cabeza aún le daba vueltas, y salió. Cuando llegó a la pensión, la posadera le habló pero extrañamente no pudo escucharla. Regresó al día siguiente al edificio por un deseo mas... Caminó por el liso pasillo, dándose un tiempo para escoger bien, le llamó la atención ver a un mono delante de una de las puertas, se acercó y el simio le alargó la mano, le causó gracia aquella escena y le entregó un cupón, para su sorpresa, el mono le dio una banana que recibió, y comió con placer. Entró y vio sobre el piso un gran hueso, una jaula y unas macetas que rodeaban todo el cuarto; cogió el hueso y lo puso dentro de la vieja celda... De pronto, la jaula comenzó a crecer y brillar como si fuera de oro, iluminando todo el cuarto como si fuera una estrella; las macetas comenzaron a reventar, pues las raíces y los tallos crecían y crecían, hasta enroscarse e inundar todo el cuarto; y de la dorada celda salían diferentes animales salvajes... Vio a un león devorarse a una cabra; a un águila desgarrar en pedazos a una rata; a un perro pelearse contra un gato... Donato sintió un extraño poder, como un sentimiento brutal, y como un salvaje comenzó a gritar y gritar... Los animales lo escucharon, se calmaron y se le acercaron, lamiéndole los pies como si fuera su rey; después vio a cientos de animales que lo rodeaban en medio de una verde selva que cubría todos los cielos... Lo miraban, y lanzaban sus bramidos; él entendía cada bramido, cada susurro de las plantas, era un solo mensaje... uno solo, y decía:
- El hijo de la Intuición... El hijo del fuego... El amo de las carnes, y de la naturaleza.
Las plantas le ofrecieron sus frutos, y los animales sus carnes y leche; y Donato los disfrutó hasta que un sentimiento de hastío lo hizo recogerse en sí mismo, y sintió que no deseaba aquel salvaje poder... Deseaba algo más que el control de la naturaleza y las bestias... De pronto, todo comenzó a oscurecer y, muy afligido se durmió.
Cuando despertó, todo el cuarto estaba igual como al principio, salió y fue a la pensión. Cuando llegó, llamó a la posadera, pero ella no podía verlo ni escucharlo... Como si fuera un extraño...
Así fue cada día que fue a la casa de los deseos... Y la ansiedad por llenar cada deseo se apagaba... Cuando sólo le quedaba un cupón, lo miró y pensó que haría una buena elección; cuando entró al pasillo, aún le faltaban muchas puertas por conocer, miraba a cada personaje de las puertas e imaginaba lo que había tras de ellas... En una vio a un hombre cubierto por una blanca sábana en la que se apreciaban sólo unos ojos; se acercó y le entregó su último cupón, y el misterioso hombre le dio un vaso con un líquido transparente, lo bebió y era agua. Entró y vio a un anciano echado sobre una gran cama mirando un enorme cuadro que reflejaba un lago y un apacible paisaje de colores vivos. El anciano le pidió que se acercara a su lecho.
- ¿Estás cansado? – le dijo
- Sí.
- Échate a mi lado y descansemos mirando este hermoso cuadro que es la vida... Hasta que desees otra cosa mas – Donato se intrigó por aquellas palabras, pero el anciano continuó – La decisión de buscar y encontrar la paz, y sumirse en el sueño eterno, siempre ha sido y será, después que hallamos expresado que amamos a cada ser humano tanto como a nosotros mismos; luego, realizarás que no hay más qué hacer... Ven hijo, ven a mi lado, ven a descansar...
Se acostó al lado del anciano y juntos comenzaron a ver el cuadro que destilaba el perfume de la belleza, sus colores brillaban y los seres vibraban en total armonía. Donato cerró sus ojos, y sintió que eso no le llenaba; cuando los abrió, aún estaba echado sobre una cama, pero vacía.
Salió del edificio, y todo estaba oscuro, tuvo ganas de caminar y siguió así hasta llegar a la pensión. Casi llegando, le llamó la atención que hubiera mucha gente conocida dirigiéndose a la pensión, como si hubiera un evento; cuando entró vio a familiares, amigos y vecinos, con los rostros fríos, tristes y llorosos; una cola de gente se internaba hacia la gran sala, y todos cogían una rosa blanca en la mano; se unió al grupo, y poco a poco se acercó al cuarto iluminado en donde en su centro había un féretro. Comenzó a sentir paz, como si alguien le susurrara que todo estaba bien. Se acercó al ataúd y vio que su propio cuerpo estaba adentro... No supo por qué, pero lo tomó con calma.
Salió de la pensión y comenzó a caminar por la noche sin rumbo fijo. Se paró en una esquina y se apoyó a reflexionar sobre un poste de luz, miró hacia el piso y vio que su ser no reflejaba sombra alguna... A la distancia una casa enorme que parecía un castillo, de color negro escarlata, llamó fuertemente su atención... Se acercó lentamente a la puerta, y sin tocarla sola se abrió... Adentro todo estaba oscuro, de pronto, comenzaron aparecer cientos de ojos brillantes como los ojos de muchos gatos, que lo miraban invitándolo a pasar... Cruzó la puerta, y esta se cerró tras de él. Donato sintió como si estuviera flotando en medio de un oscuro Universo adornado de estrellas que bailaban en torno a una pacifica nube blanca. De pronto, como si fuera una madre, aquella nube comenzó a llamar a todas las estrellas; una a una volaban, y pasaban como flechas hacia aquella hermosa nube... Y vio que todas ellas se fundían alegremente en ella, y cuando quiso acercarse, la nube comenzó alejarse mas y más, hasta volverse en un punto cada vez mas y más pequeño... De pronto, la oscuridad y la nada lo escondió totalmente, como si fuera una madre; y sintió que aquella nada era el todo al mismo tiempo... Entonces, Donato escuchó a la nada y el todo:
- Te sientes bien...
- Sí... ¿Para qué existí?
. Para disfrutar, lo olvidaste...
- Sí... me perdí... Podré...
- Esta vez iré yo, pues muchos se pierden... ¡Iremos!
- ¿Cómo te reconoceré?...
.- Búscame en el lugar más silencioso y oscuro, desde allí te llamaré... Ve...
De pronto, la nada comenzó a penetrarlo, como si fuera una masa derritiéndolo; luego se sumergió en un océano infinito de paz y tranquilidad, y comenzó a nadar en aquel mar como si fuera un pez. Un remolino lo comenzó a jalar contra su voluntad... Aquello lo llamaba y jalaba con brutal fuerza, y de pronto, una luz terrible como un rayo lo encegueció, sacándolo de aquella clara oscuridad... Luego, sintió que estaban partiéndole de su unión, de aquel lugar infinito de armonía, de aquel océano de paz... Un dolor monstruoso lo apartó por siempre de aquella divina unión, y comenzó a gritar y gritar y gritar... Sin que nada lo pudiera callar... Separándolo de aquel todo y nada al mismo tiempo...
. ¡Mira! ¡Es un varón! ¡Un varón!.... – Los médicos envolvían a un niño, ante el orgullo de unos padres...
Joe 09/07/03
Datos del Cuento
  • Autor: joe
  • Código: 3646
  • Fecha: 23-07-2003
  • Categoría: Misterios
  • Media: 5.92
  • Votos: 53
  • Envios: 3
  • Lecturas: 4859
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Comentarios


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3 comentarios. Página 1 de 1
María del Carmen Guzmán
invitado-María del Carmen Guzmán 24-07-2003 00:00:00

Me gustó tu cuento, y mucho. Lee los míos y a ver qué te parecen.

samuel
invitado-samuel 24-07-2003 00:00:00

Uno de los mejores cuentos que he leido de joe. samuel

Juan Andueza G.
invitado-Juan Andueza G. 23-07-2003 00:00:00

Mira no más JOE, que abundancia de imaginación, qué final inesperado, cosas de JOE, no más.Muy bueno.

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